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El futuro apunta a una convivencia entre el marketing tradicional y el marketing digital donde el peso del segundo seguirá incrementándose.

La forma de vender, de incitar a la compra y de posicionarse en el mercado ha cambiado drásticamente en menos de quince años.

A principios del SXXI, el marketing se canalizaba esencialmente mediante instrumentos como la publicidad en papel, los escaparates de los comercios, las vallas promocionales, distintos tipos de acciones en la calle o en los supermercados o la compra de espacios en los medios de comunicación de masas, es decir, la televisión, la radio y la prensa. Si éramos una empresa que se anunciaba, resultaba extremadamente difícil conocer la eficacia de nuestros mensajes y, en todo caso, había que conocerla al final de las campañas. Si éramos los receptores, aceptábamos como algo normal que casi ningún mensaje se adaptase a nuestras necesidades.

Ese paisaje se ha transformado rápidamente. Ahora existen otros medios de comunicación de masas, desde los buscadores (Google y Baidu principalmente) hasta las redes sociales. La prensa, la radio y la televisión se han roto o se están rompiendo la cabeza para ajustarse, al mismo tiempo, a la audiencia tradicional y a la digital. También han aparecido nuevas grandes superficies como Amazon, Alibaba y, en el terreno puramente virtual, Google Play o iTunes. Allí se pueden realizar acciones comerciales muy distintas a las de antes.

Hay más. La eficacia de los mensajes, tanto en términos de posicionamiento como de ventas, puede medirse con mucha más precisión gracias a los indicadores que sirve en bandeja el big data. Es común que las redes sociales nos ofrezcan productos y servicios que realmente nos interesen y las posibilidades de diseñar publicidad personalizada a bajo coste se han multiplicado. Los resultados de las campañas de marketing digital se van conociendo en tiempo real y, por lo tanto, se pueden modificar antes de su conclusión y anticipar más o menos sus resultados. 

El futuro apunta a una convivencia entre el marketing tradicional y el marketing digital donde el peso del segundo seguirá incrementándose y redefiniendo el alcance y la eficacia del primero. La sensorización de los objetos de consumo (internet de las cosas), la revolución en marcha del comercio electrónico por acortar los plazos de entrega, la transformación digital de los comercios (con probadores virtuales o software de reconocimiento facial) y las aplicaciones de mensajería instantánea traerán, con seguridad, grandes sorpresas para las técnicas de seducción masiva.