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Son muchos los que han demostrado que, más allá de tener una gran idea, la clave es ponerse en marcha. ¿Qué hay que hacer reajustes? Se harán.

La mayoría de las personas que no han emprendido o no han tenido contacto con este universo, consideran que las startups que han cosechado grandes éxitos han sido fruto de un destello de genialidad. Nada más. Que todo ocurrió porque alguien detectó que existía una necesidad en el mercado, se armó de valor, y con mucho esfuerzo y trabajo, consiguió llegar a un público planetario. Y lo cierto es que hay ejemplos así, emprendedores que pensaron que podían construir su imperio con una idea que nadie más había tenido. Sin embargo, estas historias son escasas. Suelen ser más habituales aquellas que relatan las peripecias de un emprendedor que se ha tenido que reinventar una y mil veces hasta alcanzar las metas que se había propuesto.

Un caso paradigmático es el de Jeff Bezos y Amazon. Aunque muchos de los usuarios que hoy acceden a este gigante del comercio electrónico no lo saben, la idea original de Bezos no era más que crear una librería online. Él descubrió una necesidad, allá por los años 90 cuando internet comenzaba a dar sus primeros pasos, y pensó que sería buena idea que los lectores pudieran adquirir los libros directamente a los distribuidores sin intermediarios que encarecieran el precio de las obras.

Pues bien, aquel pequeño mercado de libros, donde el propio Bezos tenía que encargarse de llevar los productos él mismo a la oficina de correos, ha acabado por convertirse en una de las principales compañías tecnológicas del mundo. Para ponerse en marcha, no pensó en ningún momento que tenía que crear complejos algoritmos de recomendación de libros ni una gigantesca plataforma online. Simplemente comenzó con la idea que tenía en mente y fue construyendo el imperio en el que hoy se ha convertido Amazon, que no solo se dedica a la venta de todo tipo de productos a través de internet, sino que es uno de los principales proveedores de servicios en la nube con AWS, fabrica sus propios productos e incluso tiene su propia plataforma de contenidos online.

Del dicho al hecho...

No puede haber ningún trecho. Al contrario de lo que indica este famoso dicho español, para llegar a triunfar en el universo startup no hay que dejar espacio alguno entre las ideas y su ejecución. Sí es cierto que suele haber una descoordinación entre aquellos que tienen los destellos de genialidad más increíbles y aquellos que tienen el arrojo de emprender un proyecto y llevarlo hasta las últimas consecuencias. Por esto mismo, para evitar que te pase a la hora de emprender, tienes que saber en qué bando estás y admitir tus debilidades para contrarrestarlas.

Estés en el bando de los ‘pensadores’ o de los ‘hacedores’, lo que tienes que pensar es que no existe una única estrategia para conseguir los objetivos que te propongas. Lo que sí debes tener siempre claro es que una idea sin un plan de acción tan solo será una idea. Por lo que si tienes algo en mente que crees que puede ser bueno, no tengas el más mínimo reparo en intentarlo, en emprender una nueva aventura y descubrir hasta dónde te puede llegar.

Y cuando te asalten ideas como “¿qué hago si no funciona?” o “¿y si la idea no es del todo buena?”, no temas al cambio. Como ya os comentamos, cambiar el rumbo de la startup, lo que se conoce como pivotar, no es ningún fracaso. En absoluto. Es cierto que al ponerte en marcha no podrás planificar todas las circunstancias con las que te encontrarás por el camino. Ahí es donde tendrás que ingeniártelas para seguir arriesgando, aprendiendo y construyendo tu proyecto.

Debes saber que las ideas cambian radicalmente una vez que se ponen en marcha. ¿O acaso Mark Zuckerberg podía pensar en qué acabaría por convertirse Facebook mientras tecleaba el código en la habitación de la residencia de estudiantes? Ni mucho menos. Él, al igual que Jeff Bezos, no pudieron anticipar todos los cambios que sufriría la idea inicial, ya fueran para bien o para mal. Simplemente decidieron arriesgarse para sacar adelante la idea que había pasado por sus mentes.

A esto se suma otra de las claves que muchos emprendedores de éxito comentan que es ir conquistando mercados pequeños, nichos, para luego dar el salto y hacerse con un público planetario. Si estás valorando la idea de emprender, debes tener siempre presente que es mejor dominar un sector reducido y, una vez completada esta primera fase, expandirse desde allí. Si actúas de un modo inverso, entonces el riesgo será mayor y las posibilidades de aprender en el camino se reducirán exponencialmente.

En definitiva, si tienes una idea en mente, si has descubierto que puedes cubrir una necesidad en tal o cual mercado, y te sientes con el arrojo suficiente como para emprender, lo que debes hacer es ponerte en marcha. Siempre debes pensar que lo necesario, en la mayoría de las ocasiones, no es tanto la idea como ejecutarla de forma precisa y certera. Así que… ¡actúa!

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