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¿Cuál será el futuro del libro? En un contexto como éste, el futuro del libro parece dual e integrado.

Las nuevas tecnologías han redefinido los libros como formato físico, el papel de los editores,  la figura de los autores e incluso las historias que se cuentan.

Demos un pequeño salto al mundo que conocíamos como lectores hace diez años, que es cuando Amazon sacó el primer Kindle al mercado. La mayoría de los  lectores íbamos a la librería a comprar o encargar un libro que, a veces, tardada una semana en llegar. Para compartir un párrafo en las redes sociales, muchos se veían obligados a sacarle una foto o transcribirlo. El diseño rara vez era interactivo y permitía que navegásemos en internet para profundizar en los aspectos que más nos interesasen del contenido. Los ebooks eran poco más que versiones escaneadas del original y los soportes que se utilizaban para descargarlos no estaban optimizados para la lectura. 

Por supuesto, los editores seleccionaban a los autores leyendo miles de manuscritos y conocían muy superficialmente la reacción del público. No sabían mucho más que lo que les decían los críticos y las cifras de ventas. Al mismo tiempo, los autores tenían pocas opciones de autoedición y conseguir una amplia difusión más allá de sus amigos y conocidos. Para un autor desconocido era una misión casi imposible llamar la atención de un gran sello editorial. 

La situación hoy es muy diferente. Para empezar, ahora es posible comprar un libro y descargárselo automáticamente en una plataforma legal, transparente y segura. Ese libro, seguramente, permitirá una lectura no lineal gracias a los hipervínculos, será interactivo y contará con inserciones de audio y vídeo. Además, el miedo a la posibilidad del reemplazo del papel por el digital ha ayudado a que las ediciones impresas estén cada vez más cuidadas porque necesitan diferenciarse.

Debido a la emergencia de las redes sociales, los sellos QR o las nuevas tecnologías de extracción y análisis de datos masivos, los principales editores conocen mejor la recepción de sus productos, han afinado sus campañas de marketing y están muy atentos a patrones de satisfacción de sus lectores como, por ejemplo, el abandono de una novela en una determinada página, que ellos conocen gracias a los usuarios de ebooks. Todo eso condicionará después la presentación, la extensión y el tono, en digital y también en papel, de los libros futuros. 

Por último, el perfil del autor y el argumento también han empezado a transformarse. Esto ocurre porque los editores están comenzando a buscar inspiración en el ciberespacio. Por ejemplo, identifican blogs exitosos y los convierten en libros y  ofrecen contratos a personas ‘desconocidas’ que escriben en internet y que cuentan con miles de seguidores en las redes sociales. La extracción y análisis de datos masivos, una vez más, permite rastrear los temas y personas que más interesan a la población y  predecir y evaluar el impacto del argumento de un libro o un autor, dos indicadores que ayudarán a decidir qué y a quién merece la pena publicar. 

¿Y qué hay del futuro del libro? Predecir no es una tarea fácil en un sector que acaba de hacer saltar por los aires las predicciones de la mayoría de los analistas, que apuntaban al reemplazo de la mayoría de las ediciones de papel. Seamos claros: una década después de que apareciera el primer Kindle, el libro electrónico no sólo no ha sustituido al impreso, sino que, por ejemplo, en Estados Unidos, las ventas de ebooks cayeron en 2013, 2014 y 2015 y no representaron ni el 20% del mercado. En España, la situación es más decepcionante: las ventas de ebooks no llegan ni al 10%.

En un contexto como éste, el futuro del libro parece dual e integrado. Probablemente, los ebooks le ganarán la partida al papel en el segmento de bolsillo y el mercado de los best-sellers mundiales, dos tipos de volúmenes que o no resisten el paso del tiempo o el lector no tiene interés en conservarlos después de haberlos leído.

Los libros digitales serán cada vez más interactivos y ricos y recopilarán cada vez más datos que luego se analizarán para ofrecerles servicios relacionados y determinar la satisfacción de la lectura, mientras que las ediciones físicas estarán cada vez más determinadas por los datos que se recopilen en las  digitales, buscarán fórmulas cada vez más visuales (de ahí el renacimiento de los libros ilustrados) y cada vez más diferenciadas del mundo virtual. 

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