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Cada vez es más sencillo evitar el casino, las máquinas recreativas o los bingos para jugar y apostar.

Hasta hace diez años, el dominio de los operadores nacionales y presenciales en España era absoluto. Si alguien quería jugar una partida de póquer, o quedaba con amigos o se iba a un establecimiento acondicionado como podría ser un casino. Las apuestas también exigían, por lo general, o la presencia física del jugador o la de alguien que lo representase.

Las máquinas recreativas estaban fuertemente reguladas y se localizaban, muchas veces, en bares. La publicidad era restrictiva, los jugadores frecuentes tenían que mostrarse para jugar y cargaban con la pésima fama de los posibles ludópatas. Los únicos juegos que se consideraban socialmente inocuos eran la Lotería, la Quiniela, los cupones de la ONCE y el bingo.

La multiplicación de los operadores de juego online ha empezado a redibujar la situación. Ahora se puede jugar una partida de póquer con el ordenador y enfrentándose a rivales a cientos de kilómetros de distancia. También se apuesta -aquí el protagonismo de los jóvenes es importante- mediante el móvil por la victoria o la derrota, por ejemplo, de un equipo de fútbol y nadie tiene por qué saber que estás haciendo apuestas deportivas. Al mismo tiempo, las restricciones a la publicidad del juego se han relajado -ahora es raro el programa deportivo de radio que no recomienda alguna plataforma de apuestas online- y la imagen del jugador también se ve con una luz más favorable.

En estos momentos, más de la mitad del gasto en juego y de los márgenes de las empresas que lo gestionan se produce en el mundo físico. Aunque pueda parece sorprendente, al juego online le queda un amplísimo trecho por crecer si quiere equiparase a la liga de los operadores tradicionales de los casinos, las máquinas recreativas y las apuestas presenciales o sorteos. Es un terreno dominado por Cirsa, Codere, la ONCE y Loterías y Apuestas del Estado. Por supuesto, se espera que, a medio plazo, el juego online represente una porción cada vez mayor del pastel, que se vuelva más común y que aparezcan nuevas alianzas como Sportium, que ha unido a la empresa tradicional Cirsa y a un gigante online como Ladbrokes Coral.

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