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Todo indica que continuará la expansión e implantación al galope de estos nuevos sistemas de gestión de proyectos, que trascienden con mucho el sector tecnológico.

Los modelos de organización en la fábrica, los almacenes y las oficinas cada vez se parecen más al de una empresa de desarrolladores de software. La metodología lean y agile, o sus distintas versiones, se están imponiendo.

Las ideas sobre lo que es gestionar y gestionarnos bien van cambiando a gran velocidad. Antes, existían dos mundos netamente diferenciados: los que trabajaban por proyecto, que siempre iban con la lengua fuera, y los que no. Además, los procesos ineficientes tardaban años en mejorarse y sustituirse en las empresas, la motivación económica se consideraba más importante que la emocional y los clientes apenas participaban en el diseño de los productos o servicios que luego íbamos a venderles.

Los sistemas ágiles (‘agile’) y esbeltos (‘lean’), nacidos al calor de los modelos de gestión de los desarrolladores de software, han empezado a transformar la situación. La frontera de los dos mundos que mencionábamos se está difuminando: el trabajo por proyecto es mucho más frecuente que antes (también cuando hablamos de los alumnos de las escuelas). El salario emocional, el reconocimiento o la oportunidad de participar en algo fascinante se consideran más importantes muchas veces que el dinero.

En paralelo, los procesos considerados ineficientes se aligeran y sustituyen, cada vez más, en meses y no en años, mientras los equipos que participan en ellos son más pequeños y más transversales. Estos equipos desarrollan unos prototipos de los productos y servicios que les presentan a los clientes antes de sacarlos al mercado. Si sospechan que no les encajan, entonces les darán una vuelta. O dos. O tres. O las que hagan falta.

A medio plazo, todo indica que continuará la expansión e implantación al galope de estos nuevos sistemas de gestión de proyectos, que trascienden con mucho el sector tecnológico. Continuará y probablemente se incrementará la tendencia que han iniciado muchas empresas: cada cual hace su versión y adopta la parte que le interesa. Los modelos de éxito tradicionales han dejado de ser la referencia a la que todos aspiran a parecerse. Ahora todos quieren ser ágiles, esbeltos y tecnológicos… y se preguntan por qué no lo son.

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