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¿Cómo evolucionará la medicina regenerativa? Hay una tecnología que resulta especialmente prometedora para su futuro: la bioimpresión.

La ingeniería de tejidos y la biología molecular han puesto a disposición de los médicos una nueva y efectiva herramienta: la medicina regenerativa. Reparar los tejidos u órganos dañados, reconstruyéndolos literalmente o sustituyéndolos por otros creados para la ocasión, parecía una quimera hace tan solo unas pocas décadas.

Ya no es ciencia ficción. Las terapias celulares (introducción de células en un tejido para combatir una enfermedad) o los cultivos de órganos (se obtienen normalmente en animales expuestos a células madre humanas) son ya una realidad, aunque su andadura acaba de empezar y muchos de sus avances son todavía experimentales. 

¿Cómo evolucionará la medicina regenerativa? Hay una tecnología que resulta especialmente prometedora para su futuro: la bioimpresión. Consiste en aplicar las técnicas de impresión 3D a las células vivas y a los materiales biológicos y bioquímicos. Es decir, la adición de capas de estos elementos para producir estructuras tridimensionales. Las biotintas, que pese a llamarse así no tienen nada que ver con la tinta de las impresoras, son una mezcla de células con polímeros que crean el andamiaje para que estas se asienten y formen estructuras tridimensionales.

El objetivo de la bioimpresión sería imprimir órganos, por ejemplo un hígado, para implantarlos en los pacientes. Estamos todavía lejos de verlo (por el momento se ha conseguido imprimir piel humana), pero lo cierto es que los expertos ya están calibrando la forma en que la bioimpresión podría revolucionar la medicina regenerativa. 

Qué se puede bioimprimir

Tal y como resume el informe Bioimpresión en la medicina del futuro, elaborado por la Fundación Instituto Roche y coordinado por José Luis Jorcano, profesor del departamento de Bioingeniería e Ingeniería Aeroespacial de la Universidad Carlos III de Madrid, las aplicaciones actuales de la bioimpresión son limitadas, pero reales. Estas son las principales:

  1. Testeo de fármacos. La producción de tejidos estandarizados se postula como una alternativa viable y económica al testeo con animales, una práctica que está cayendo en el desuso. El hecho de poder usar células de cada paciente permite además desarrollar tratamientos personalizados.
  2. Tejidos en 2d. Son las estructuras más sencillas que se pueden generar: piel y tejido óseo.
  3. Estructuras tubulares huecas. Las estructuras vasculares, como los vasos sanguíneos, estarían en el siguiente escalafón en términos de complejidad. Es lo más lejo que ha llegado hasta ahora esta tecnología.

Qué se podrá bioimprimir

Aunque la bioimpresión es una técnica muy joven y altamente experimental, los avances en la materia hacen presagiar nuevos avances en los próximos años. Estos son algunos ejemplos:

  1. Órganos huecos. La ingeniería tisular convencional ya ha conseguido producir vejigas y vaginas, aunque se han implantado con poco éxito en algunos pacientes. Bioimprimir este tipo de órganos sería el siguiente reto.
  2. Órganos sólidos. El próximo nivel será imprimir hígados, riñones, pulmones e incluso corazones.
  3. Modelos de tumores. En oncología ya se está pensando en generar modelos tumorales con grupos específicos de células para el testeo de fármacos o para estudiar, por ejemplo, si existe riesgo de expansión a otros órganos.

Las posibilidades que abre la bioimpresión son múltiples. Por ejemplo, los expertos creen factible pensar que en un futuro se podrá imprimir piel in situ, es decir, directamente donde esté la lesión.

El informe de la Fundación Instituto Roche detecta varios retos a los que deberá enfrentarse esta tecnología antes de triunfar. Uno de los principales es que tanto las bioimpresoras como las biotintas deben mejorar la supervivencia de las células. También hay importante escollos relacionados con la bioética: ¿qué órganos se podrán o no bioimprimir? ¿Bajo qué supuestos? ¿De quién es la propiedad del órgano bioimpreso?

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