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El vertiginoso cambio técnico asociado a la revolución de las TIC ha despertado el fantasma del desempleo tecnológico a gran escala.

La historia muestra que las nuevas tecnologías, al aumentar drásticamente la productividad, complican el futuro laboral.

El ascenso de los robots

Los robots nos han acompañado durante más de 50 años, permitiendo mecanizar procesos productivos que han revertido en mejores productos, a mejor precio y disponibles para un mayor número de consumidores en todo el mundo. Hasta ahora los robots han sido, esencialmente, manufactureros.

Pero en los últimos 15-20 años ha habido un cierto movimiento en los laboratorios que especializados en robótica. Y es que ha surgido un nuevo tipo de robot: los inteligentes, capaces de improvisar a partir de lo desconocido e interactuar con su entorno de una forma práctica. La tendencia se dirige hacia la proliferación de robots de servicios: coworkers, wearables o drones.

Panorama del futuro laboral

El vertiginoso cambio técnico asociado con la revolución de las TIC y la era de la inteligencia artificial que se avecina una vez más han despertado el fantasma del desempleo tecnológico a gran escala.

La globalización, combinada con el cambio técnico que aumenta la demanda de mano de obra altamente cualificada a costa de los trabajadores con un nivel de cualificación medio o bajo, ha generado una creciente desigualdad de beneficios e ingresos. Los crecientes flujos migratorios han sumado presión a los acontecimientos. Por último, está el desafío de ajustarse a una población y fuerza laboral cada vez más envejecida.

Un factor clave a la hora de afrontar con éxito los desafíos del futuro laboral es asegurarse de que la población activa tiene las aptitudes necesarias para afrontar requisitos laborales cambiantes y para manejar estas nuevas tecnologías.

Si no disponemos de modelos adecuados para gestionar el hipotético desempleo masivo provocado por el avance de las máquinas inteligentes, la sociedad occidental y el mundo en general se enfrentan a profundos desafíos de futuro.

El debate sobre las consecuencias sociales de este progreso suele plantearse en dos extremos. Por un lado tenemos la versión utópica en la cual las máquinas inteligentes llevan a cabo todo el trabajo y los humanos se dedican a la contemplación. Por otro, surge el debate sobre la fidelidad de las máquinas hacia los humanos y sobre cómo se mantendrán económicamente las personas que no trabajen. Se ha llegado a plantear incluso una renta básica universal.

Computación cognitiva, una posible solución

La computación cognitiva consiste en acelerar las capacidades humanas. Esta inteligencia aumentada es el siguiente y necesario paso en nuestra habilidad de aprovechar la tecnología para obtener más conocimiento, impulsar nuestra experiencia y mejorar la condición humana. Por eso representa no sólo una tecnología nueva, sino el inicio de una nueva era tecnológica, empresarial y social: la era cognitiva.

Trabajar con un sistema cognitivo es un diálogo, una relación simbiótica. ¿Qué aportan las personas? Aportan los problemas, el contexto, la experiencia, el sentido común y sus valores ante las decisiones. El sistema cognitivo aporta su capacidad de análisis y descubrimiento.

Los expertos de la Fundación Innovación Bankinter estiman que los trabajos del futuro no desaparecerán, pero es probable se reduzcan bastante las jornadas laborales. Puedes obtener más información en el informe de la Fundación Innovación Bankinter: ‘La revolución de las maquinas’.

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