Emprendedores 11 Mar 2021

Salud mental: las potenciales posibilidades de un mercado por digitalizar

En un ámbito tan delicado como este, la pandemia ha afectado de un modo particular. Trabajar para aprovechar las ventajas de la digitalización puede ser la clave para hacer frente a los retos que se avecinan

Los riesgos para la salud mental de las personas forman parte de nuestra historia como seres humanos casi desde el principio de los tiempos. Esto ha dado lugar a multitud de estudios y análisis para tratar de evitar o paliar posibles enfermedades y sus repercusiones más negativas, las cuales pueden generar mucho sufrimiento humano, pero también acarrear problemas de carácter social y económico.

Ahora, tras el annus horribilis que ha sido el 2020, y lo que llevamos de 2021, es difícil saber cuándo vamos a ser capaces de volver a la normalidad, o a algo parecido, tal y como la conocemos. En algunos aspectos será relativamente fácil hacerlo, pero en otros, no lo será tanto. Uno de ellos será, sin duda, el de la salud mental.

Los expertos saben que las repercusiones de los impactos que afectan a la salud mental pueden tardar en aflorar entre 2 y 3 años. Esto significa que podríamos estar viviendo con los efectos provocados por la pandemia en la salud mental hasta bien entrada esta década. Tal es la preocupación en este ámbito que son muchas las investigaciones que se están realizando sobre qué medidas se podrán tomar al respecto.

Por poner algunos ejemplos, una encuesta a 1.800 psicólogos, encargada por la Asociación Estadounidense de Psicología, apunta a que el 74% de los psicólogos estaban viendo un mayor número de pacientes con trastornos de ansiedad en comparación con antes de la pandemia. Un 30% afirmó que estaba viendo más pacientes en general y que las tasas de visitas por afecciones de salud mental, intentos de suicidio, sobredosis de drogas y abuso y negligencia infantil se habían incrementado. Unos datos que no pueden menos que ser preocupantes.

La digitalización como oportunidad para ofrecer un mejor servicio

En este contexto, no es difícil imaginar que desde diferentes perspectivas se está tratando de dar respuestas. Al igual que ocurre en otros sectores, como el de la educación, uno de los campos desde los que se puede trabajar y avanzar en soluciones óptimas es el de las nuevas tecnologías. Se prevé que, en los próximos años, el sector de la e-salud se convierta en destinatario de importantes inversiones, siguiendo la tendencia de 2020, año en que los inversores destinaron 21.600 millones de dólares en empresas de salud digital, más del doble de las inversiones realizadas el año anterior. Y muchos de ellos, destinados al ámbito de la salud mental.

Este escenario nos ha dejado interesantes ejemplos. Uno de ellos es la startup española iFeel, de la que ya hablamos en este artículo, que apostó, sin ambages, por ofrecer ayuda psicológica por medios telemáticos.

En Estados Unidos, encontramos algunas propuestas interesantes, como Ginger. Se trata de un programa de apoyo que guía a los usuarios para abordar necesidades de atención de salud mental de baja intensidad, como depresión leve o ansiedad, a través de mensajes de texto con profesionales respaldados por inteligencia artificial. Otra es Talkspace, una plataforma con más de un millón de usuarios, que les facilita en contacto con profesionales con licencia, que funciona mediante el modelo de suscripción.  

En cualquier caso, las soluciones digitales de salud mental están ganando popularidad. Y las posibilidades de mejora que ofrece al sector son muchas.

Facilita el acceso a los usuarios. Con la digitalización de los servicios de salud mental es posible ofrecer un mejor y más fácil acceso a un mayor número de individuos. Llegar a ellos de forma remota y en tiempo real, sin necesidad de desplazamientos puede ser útil para la mayoría, y, en especial, a personas mayores, con movilidad reducida o con otras circunstancias que no se lo permitan.

Optimización del tiempo. La comunicación con los profesionales a través de aplicaciones dirigidas a ello puede suponer un ahorro de tiempo, al evitar desplazamientos o los inconvenientes que pueden surgir en visitas presenciales. Desde un punto de vista económico, además, esto puede suponer la posibilidad de mejorar los beneficios o reducir gastos a empresas y usuarios.

Tratamientos a tiempo. Facilitar que los profesionales estén disponibles de forma remota a través de la telemedicina para los pacientes, puede ayudar a evitar retrasos en los tratamientos. Los pacientes reciben pueden recibir las consultas de inmediato, lo que, a su vez, puede minimizar las consecuencias más trágicas.

Evitar el estigma. La salud mental sigue siendo un tema peliagudo. De hecho, aunque afortunadamente cada vez lo es menos, muchas personas lo perciben como un estigma del que es mejor no dar muestras. Por eso, facilitar la digitalización de herramientas digitales es una buena forma de ahondar en la normalización de contar con un profesional, gracias a la discreción que permite.

Mejora el seguimiento. Las herramientas digitales pueden mejorar no solo el seguimiento del paciente, sino que también permite revisar su historial o evaluar el progreso rastreando su historial digitalmente.

Y algunos retos

Como hemos podido ver, las potencialidades de avanzar por la senda de la digitalización del sector son muchas. Pero eso no debe hacernos olvidar la necesidad de dar respuesta eficaz a algunos desafíos que pueden plantearse a lo largo de este proceso.

Barreras legales. Cada país posee diferentes marcos jurídicos relacionados con los servicios de telemedicina y la salud mental, pero también con respecto a las nuevas tecnologías. Cuando los proveedores planean ofrecer sus servicios en más de uno, pueden encontrarse con problemas que deben solucionarse, con el objetivo de cumplir con las regulaciones a las que se tengan que someter.

Cuestiones éticas. Los proveedores de servicios de digitales de salud mental pueden verse obligados a tratar con cuestiones éticas, como, por ejemplo, la confidencialidad y la privacidad de los pacientes. Algunos pacientes no se sienten cómodos al revelar su identidad durante el tratamiento; mientras que algunos no desean discutir su caso abiertamente. Además, la seguridad de los datos también juega un papel clave en cualquier sector que se relacione con el mundo digital.

Costo. Aplicar herramientas digitales en el campo de la salud mental puede ser, en muchas ocasiones, más barato para los usuarios.  Sin embargo, hay otros factores de costo que deben tenerse en cuenta al verificar la rentabilidad, como la necesidad de los servicios, los resultados para los pacientes, la accesibilidad, la utilización y la calidad del servicio ofrecido.

En esta línea, la preocupación por la efectividad de la digitalización es una contante entre profesionales y autoridades. Buena prueba de ello son las diversas iniciativas para analizarlas. Una de ellas, es RADAR-CNS, en la que participan veintitrés organizaciones asociadas tanto de Europa como Estados Unidos. Su objetivo es evaluar la utilidad de las ‘app’ en la monitorización de personas con trastorno depresivo mayor recurrente. Algo similar a lo que también están haciendo diferentes universidades estadounidenses en herramientas dirigidas a la atención de personas que han sufrido episodios de estrés, depresión o alteraciones del sueño.

Más en nuestra web