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Conoce cómo las apps móviles, a través del deporte, han facilitado la relación entre personas y colectivos.

Las aplicaciones móviles han facilitado la relación entre personas y colectivos que quizás no se hubieran conocido otra forma y que a veces entran en contacto con la excusa de una competición deportiva.

No hablamos, ni mucho menos, de la prehistoria. Hasta hace pocos años, las competiciones -desde los partidos o liguillas de fútbol o tenis hasta los de baloncesto- se llevaban a cabo principalmente de dos formas. Primera opción: amigos y conocidos organizaban partidos ocasionales. Aquí cabían desde los compañeros de clase o del trabajo hasta los vecinos de urbanización. Segunda opción: una institución celebraba un torneo que ponía en contacto a gente que a veces no se había visto -y no volvería a verse- en su vida.  

Eso es lo que ocurría, mayormente, hasta que empezaron a popularizarse las aplicaciones móviles y los smartphones. Ahora cabe la posibilidad de organizar, mediante una plataforma digital, un partido en el que nadie se conozca antes de jugarlo. Simplemente, nos inscribimos en una lista hasta que se completa el número mínimo de jugadores. El principal impulsor es, en ocasiones, una institución que quiere que se utilicen o se alquilen sus instalaciones, pero no tiene por qué ser forzosamente así.

En paralelo, las actividades deportivas que pueden realizarse en compañía de perfectos desconocidos se han extendido a ámbitos que habían sido siempre un bastión del individualismo. Por ejemplo, algunos han comenzado a quedar para correr en el parque sin tener ni idea de las vidas e incluso los nombres de la gente con la que están corriendo. Es una forma de motivarse para aquellos que están empezando o para los que ven en los deportes, ante todo, una buena oportunidad para socializar.

A medio plazo, todo parece indicar que las apps irán refinando cada vez más el perfil del deportista, su localización geográfica, su edad y sus expectativas (¿quiere jugar para competir o para divertirse un rato?). En parte por eso, la utilización de estas aplicaciones y de wearables para hacer ejercicio continuará extendiéndose, aunque nadie espera que vayan a dejar de convivir con las formas tradicionales de hacer deporte u organizar partidos. De hecho, lo más probable es que se retroalimenten.