La formación no presencial empezará a formar parte del paisaje educativo universitario de manera permanente, conviviendo con la asistencia presencial a los campus universitarios.

La pandemia del COVID-19 ha forzado la adopción rapidísima de herramientas, normas y metodologías de teleformación. La educación universitaria a distancia, incluyendo los exámenes de fin de curso 19-20, no ha sido opcional.

Curso académico 2020-21 

La crisis del coronavirus ha supuesto un cambio radical para alumnos, profesores y directivos universitarios, que han tenido que pasar a la modalidad de enseñanza remota y gestión remota de la noche a la mañana.

Muchos centros universitarios han tenido que improvisar soluciones. Muchos profesores y alumnos no tenían las competencias digitales adecuadas y se han visto desbordados y desubicados.

Una vez pasada la primera oleada de la pandemia -y ojalá, la última-, es necesario prepararse para un futuro incierto, aumentando la resiliencia del sistema educativo.

Cada universidad, en colaboración con su administración autonómica, establecerá antes de que empiece el curso 20-21 un plan de contingencia que permita, en caso de que la situación sanitaria lo requiera, "un cambio masivo e inmediato a un sistema de docencia 'online'".

Dichos planes de contingencia deben incluir planes de formación para el profesorado en la enseñanza a distancia, adaptación de los sistemas de evaluación y establecimiento de horarios para tutorías.

Así se recoge en el documento elaborado por el Ministerio de Universidades, “RECOMENDACIONES DEL MINISTERIO DE UNIVERSIDADES A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA PARA ADAPTAR EL CURSO UNIVERSITARIO 2020-2021 A UNA PRESENCIALIDAD ADAPTADA”, de fecha 10 de junio.

Que también apunta que “todas las medidas de presencialidad adaptada habrán de hacerse públicas con anterioridad a la apertura del período de matriculación en cada universidad.”

El Ministerio de Universidades, a través de la UNED y en colaboración con la UOC, bajo el paraguas de la CRUE, ha promovido la plataforma "La Universidad en casa" para facilitar a las universidades el tránsito de la enseñanza presencial a la virtual. Dicha plataforma dispone de recursos de enseñanza online a disposición del profesorado y del conjunto de la comunidad universitaria, con contenidos útiles para la formación online: módulos didácticos, contenidos de orientación metodológica, plataformas tecnológicas y software.

Y los estudiantes universitarios, ¿qué tipo de cambios deben adoptar, qué tipo de capacidades mejorar para aprovechar la teleformación? Es un tema del que se habla poco y que tiene en vilo a muchos de los más de millón y medio de estudiantes que tenemos en España.

Recopilamos las recomendaciones que propone educaweb, uno de los portales de referencia en programas y cursos formativos:

  • Organización: Cuando no hay clases presenciales, organizar bien el tiempo y cumplir con los calendarios marcados por los profesores es mucho más importante.
  • Dominio de las TIC: Es necesario dominar las herramientas que se utilizan para el curso. Se recomienda dedicarle tiempo a aprender todas las funcionalidades de las herramientas para aprovechar mejor el curso.
  • Actitud: Es necesario automotivarse. La actitud debe ser activa y participativa en las diferentes tareas que se proponen.
  • Comunicación: La participación en foros y la comunicación con profesores y otros compañeros es menos verbal y más escrita. Las habilidades de comunicación escrita pueden adquirirse mediante la práctica y mediante la autoformación en Internet.
  • Responsabilidad: No hay mayor responsabilidad en una teleformación que en una formación presencial, pero se convierte en un asunto más personal y menos social. Merece la pena reflexionar sobre ello.

La formación online ofrece, además, nuevas oportunidades de formación en aspectos o capacidades que la carrera universitaria de cada cual no cubre, abriendo el abanico de posibilidades y creando un currículo más potente que a futuro puede tener mucho valor.

La teleformación masiva ha llegado para quedarse y potenciará otra tendencia en alza, el aprendizaje permanente (lifelong learning), que permite a los profesionales actualizarse, reciclarse y adquirir nuevas habilidades y capacidades.

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