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Las nuevas formas de trabajo dibujan un nuevo mapa. Ante estas nuevas realidades, se plantea la necesidad de repensar el contrato social.

La disrupción digital está determinando nuevos ganadores y perdedores en el ámbito de los negocios. Pero no solo en este contexto. La brecha digital se abre en el conjunto de la sociedad entre aquellos con acceso a las herramientas, preparación y capacidades necesarias para acompañar o, al menos, sobrevivir al cambio, y aquellos que no lo tienen. A medida que las capacidades de las TIC mejoran rápidamente y sus costes disminuyen, las máquinas hacen más trabajo.

Crece la riqueza mientras los niveles de empleo y la media de ingresos se estanca y cae, tal y como explicaba ya en 2011 Erik Brynjolfsson, -director de la Iniciativa del MIT sobre Economía Digital, investigador y profesor de la MIT Sloan School- en el libro La carrera contra la máquina (publicado por Andrew McAfee), del que es coautor. "La tecnología digital ha cambiado muy rápidamente, pero las organizaciones y las habilidades de los trabajadores no están manteniendo el ritmo, por lo que millones de personas se quedan atrás, sus ingresos y empleos están siendo destruidos, dejándolos peor que antes. Es la revolución digital ", señala Brynjolfsson.

Las nuevas formas de trabajo dibujan un nuevo mapa. Uno que muestra que entre un 20% y un 30% de la población en edad laboral en EE.UU y Europa percibe algún tipo de ganancia por su cuenta. Y que un 15% -y creciendo- de la fuerza de trabajo independiente utiliza plataformas digitales para obtener ingresos, según el informe Trabajo independiente: elección, necesidad y economía bajo demanda de McKinsey.

¿Es el autoempleo el futuro?

Puede serlo para algunos. Aquellos que cuentan con herramientas para aprovechar las nuevas oportunidades de la economía gig y bajo demanda, que ofrecen un trabajo caracterizado, a priori, por la libertad, la flexibilidad y la independencia. Pero, ¿en qué condiciones? Sonadas son las protestas de conductores de Uber o sus reclamos por ser considerados como empleados y no como contratistas independientes. Lo mismo sucede con plataformas de reparto de comida a domicilio como Deliveroo, cuyos trabajadores reclaman ciertas garantías como un número mínimo de horas de trabajo garantizadas.

Ante estas nuevas realidades, se plantea la necesidad de repensar el contrato social; de crear nuevas figuras intermedias entre el empleado y el autónomo, que den respuestas a las necesidades de contratistas y de trabajadores, o de reinventar los sindicatos. En algunos casos están naciendo ya iniciativas asociadas a estos nuevos modelos, como es el caso de Riders por derechos en Barcelona (España). En la publicación ‘Modelos de negocio disruptivos’ de Fundación Innovación Bankinter hablamos sobre ello, y también sobre el rol del regulador al respecto.

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    Art Associate en The Open Data Institute