Tucuvi, una startups que consigue cuidar a nuestras personas mayores a distancia.

La COVID-19 ha expuesto muchas deficiencias en los sistemas sanitarios de todo el mundo pero también ha supuesto un impulso decisivo para muchos avances que, de otra manera, habrían tardado años en cristalizar. Dentro de las iniciativas puestas en marcha para tratar de apuntalar la atención primaria destaca la telemedicina, que contaba con diferentes trasfondos dependiendo del país.

En Italia, por ejemplo, este servicio no se incluía inicialmente dentro del paquete de cuidados sanitarios a los que podía acceder el ciudadano. Con la llegada de la pandemia, el 24 de marzo el gobierno del país transalpino hizo una llamada abierta y pública para recibir propuestas de sistemas de telemedicina y tecnologías de monitorización de pacientes, con el fin de incluirlas dentro de su sistema sanitario.

Francia se encuentra en el diámetro opuesto del espectro. Contaba con regulaciones ya instauradas que facilitaron el uso de la teleasistencia por parte de los facultativos e incluso la promovieron activamente, para evitar aún más el colapso de la atención primaria y los hospitales. No tardó en llegar la legalización de vídeo-consultas con enfermeras, matronas o logoterapeutas. 

La teleasistencia en España

En España nos encontramos con que no solo no hay una regulación que ampare estas prácticas, sino que el propio Código de Ética y Deontología Médica afirma que «el ejercicio clínico de la medicina mediante consultas exclusivamente por carta, teléfono, radio, prensa o internet, es contrario a las normas deontológicas. La actuación correcta implica ineludiblemente el contacto personal y directo entre el médico y el paciente».

Sin embargo, el mismo código abre un resquicio al uso de comunicaciones telemáticas en el caso de revisiones, apoyo a la toma de decisiones u orientación de pacientes, siempre y cuando se apliquen las mismas condiciones de confidencialidad que en la medicina presencial.

Cuando la necesidad se presenta, la innovación es la mejor herramienta para descubrir soluciones. En el caso de España, la atención a los pacientes crónicos ya presentaba carencias mucho antes de que llegara la COVID-19. Y fue en ese escenario en el que María González Manso y Marcos Rubio, dos jóvenes ingenieros biomédicos, fundaron Tucuvi en septiembre de 2019, tras el paso de María por nuestro programa Akademia.

Tucuvi consta de una plataforma web a la que acceden los profesionales sanitarios y un cuidador virtual, llamado Lola, que se comunica con los pacientes. El funcionamiento para ellos no podría ser más sencillo. «Reciben llamadas periódicas (diarias, semanales, mensuales…) de Lola para hablar acerca de su enfermedad o situación», nos explica María, CEO de esta startup. La persona simplemente descuelga el teléfono y habla un rato con el cuidador virtual.

La conversación es analizada en tiempo real mediante algoritmos que permiten ofrecer información relevante a los facultativos y apoyarlos así en la toma de decisiones sobre el cuidado para ese determinado paciente.

Aceptar la tecnología en el cuidado a mayores

La tecnología mejora nuestra calidad de vida. Nos ofrece soluciones a diario que nos facilitan desde tareas sencillas, como hacer la lista de la compra con nuestro asistente virtual, hasta otras mucho más complejas, como el uso de prótesis personalizadas impresas en 3D.

En el caso de la tercera edad, aún hay mucho camino que recorrer a la hora de ofrecerles tecnologías que se adapten verdaderamente a estos usuarios. Los estudios apuntan a que hay una mayor aceptación cuando el dispositivo o el servicio se ha diseñado teniendo en cuenta sus necesidades, una clave primordial para el éxito de la telemedicina.

En Tucuvi, la barrera tecnológica ha sido uno de los puntos más tenidos en cuenta a la hora de desarrollar el servicio. De nada sirve crear un sistema de teleasistencia si quienes tienen que utilizarlo «no quieren usarlo o no le dan valor», explica María González. Por eso es tan importante escuchar al usuario final y comprender cómo se puede llegar a él. «Nuestro cuidador virtual funciona mediante llamadas telefónicas, porque todas las personas tienen un teléfono fijo o móvil y saben utilizarlo, y así eliminamos cualquier obstáculo de adopción».

Los resultados son alentadores. En un estudio realizado con más de 200 pacientes para evaluar la aceptación de Lola, el cuidador virtual de Tucuvi, la media de valoración ha sido de 4,8 sobre 5. La CEO valora positivamente la experiencia de los usuarios, «que están bastante satisfechos. En el feedback repiten cosas como: me siento más cuidado, alguien está pendiente de mi, me atienden antes si me pasa algo, tengo que ir menos al hospital».

Una herramienta indispensable en el futuro de los cuidados

En una sociedad cada vez más envejecida, poder ofrecer un cuidado de calidad a este sector demográfico va a convertirse en una prioridad para cualquier sistema sanitario estatal. Para González, la tecnología es la clave que permitirá garantizar este cuidado, y «si no creamos nuevos modelos de atención en los que la tecnología nos permita hacer los cuidados escalables, no vamos a poder cuidar a todos».

Además, la tecnología facilita deslocalizar el cuidado, con lo que una telemedicina rigurosa, accesible y estable puede ser incluso un recurso que frene el éxodo continuado del entorno rural a las ciudades. «La tecnología nos va a permitir que todas las personas tengan acceso a los mejores cuidados posibles, cuando los necesiten y donde los necesiten, permitiéndoles vivir más y mejor», apuesta González.

Del lado de los sanitarios, lo principal ha sido ganar su confianza en la herramienta y que ellos mismos perciban su utilidad. No deja de ser una nueva manera de atender al paciente, explica la CEO de Tucuvi, pero «una vez lo prueban, notan cómo les ayuda y ven que los pacientes están contentos hablando con Lola, derribamos esa barrera».

Un esfuerzo colectivo

Tucuvi lleva más de un año en funcionamiento y colabora con hospitales como el Ramón y Cajal y La Princesa en Madrid. Para ellos, el compromiso de los profesionales que están utilizando la herramienta ha hecho que la experiencia sea de lo más enriquecedor para todas las partes, comenta González. «Nos llaman para sugerir mejoras, para ampliar la tipología de pacientes o de patologías, y en muchas ocasiones hacemos co-creaciones».

Sin embargo, es necesario que en España se creen marcos de regulación adaptados a las nuevas circunstancias y que los esfuerzos no solo provengan desde el sector privado. Para la CEO de Tucuvi, esta situación es natural ya que «que la tecnología va por delante de la regulación», pero también incide en que «a nivel gubernamental debería facilitarse la contratación con empresas de nueva creación, ya que ahora mismo es prácticamente imposible poder acceder a una licitación».

La iniciativa privada ha sido un terreno de pruebas fructífero para startups como Tucuvi, por lo que podría ser un paso natural trasladar su experiencia al ámbito público. «Da rabia que, existiendo la solución, y habiendo validado en el sector privado los beneficios que tiene tanto para el sistema como para los pacientes, sea tan difícil escalarlo al sector público y que la mayoría de la población se quede sin disfrutarlo», concluye María González.

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