1. Tecnologías

1. Tecnologías

La digitalización ha cambiado profundamente nuestras costumbres. Los ciudadanos buscamos inmediatez, conveniencia, pago por uso, excelencia a un precio adecuado.

Chris Luebkeman, director de Global Foresight de Arup, habla de hiper demanda para referirse a los nuevos patrones de comportamiento introducidos por la digitalización. “Lo queremos todo y en el momento en que nosotros decidimos. La tendencia será ir eliminando las limitaciones del tiempo y el espacio”, explica a propósito de la progresiva introducción de drones de reparto o hasta de impresoras 3D domésticas con los que fabricar los productos, previa compra de los diseños.

Otra tendencia importante será la virtualización de algunos aspectos de la vida”, insiste el estadounidense.

El sector público no se ha quedado al margen de la revolución de la inmediatez: los ayuntamientos se esfuerzan por desarrollar apps con las que interactuar con los vecinos al tiempo que la Administración trata de digitalizarse, con mayor o menor éxito, a marchas forzadas.

Vivir en la inmediatez no tiene por qué ser bueno per sé. “Deseamos tener un acceso instantáneo a la información, al conocimiento y a lo que hacen otras personas, mientras que necesitamos, porque no lo tenemos, tiempo para pensar y reflexionar sobre nosotros mismos”, subraya Luebkeman.

Junto a esa inmediatez que nos brinda Internet, la mal llamada economía colaborativa (usaremos aquí el término economía de plataformas), fenómeno que ha despegado de la mano de la implantación de los teléfonos inteligentes, está haciendo que muchos ciudadanos se replanteen la propia necesidad de poseer bienes frente a usarlos sin más.

Los ejemplos más visibles los tenemos en la movilidad: carsharing (flotas de coches usados por varios clientes) y carpooling (coches particulares compartidos), bikesharing. La fórmula se está replicando con éxito en scooters y patinetes. Su principal ventaja para los clientes: el servicio se cobra por minutos y, al ser eléctricos, se pueden aparcar casi en cualquier lado. En esta tesitura: ¿Merece la pena poseer un coche cuando se puede usar cuando se necesite?

Ahora nos parece más importante tener la oportunidad de disfrutar de un bien que de poseerlo. Y ese sentimiento está aumentando. Estamos transitando de la propiedad como trofeo a valorar más la experiencia”, asegura Chris Luebkeman.

La movilidad como servicio (MaaS, en sus siglas inglesas) es una realidad en el centro de las principales ciudades del mundo. Cuando se generalice el uso de vehículos autónomos, esta tendencia se agudizará. Como ciudadano, sólo querré que un vehículo me recoja y me lleve a donde yo quiera cuando yo quiera.

No hay necesidad de luchar por la propiedad. Podemos centrarnos en cómo asegurar un acceso equitativo a los bienes basado en el talento, las capacidades y las necesidades”, concluye Tan Chin Nam, expresidente de la Autoridad de Desarrollo de Medios de Singapur y Patrono de la Fundación Innovación Bankinter.

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