Vehículos autónomos

Los vehículos autónomos han pasado de ser cosa de ciencia ficción a tener prototipos reales: coches por tierra y por aire, camiones, bicicletas, drones… Forman parte de las líneas de I+D de los grandes fabricantes automovilísticos y aeronáuticos, de recién llegados como Uber o Didi, de gigantes tecnológicos como Google y, multitud de universidades, grupos y centros de investigación. De hecho, ya hay muchos vehículos pilotos, ya sea para el transporte de mercancías o humanos, o incluso para salvamento. Un nuevo mercado que, según las estimaciones de Allied Market Research, crecerá de 54.000 millones de dólares en 2019 a 556.000 millones de dólares en 2026. 

 

La infraestructura necesaria para el pleno desarrollo de estos vehículos autónomos es la inteligencia artificial bajo demanda, es decir, que los vehículos (convertidos en dispositivos inteligencia) tendrán la inteligencia en un chip (no en la nube) creando así lo que será “el Internet de las cosas inteligentes”.

 

Los retos técnicos del desarrollo de los vehículos autónomos son:

- El desarrollo técnico de las carreteras, necesitamos disponer de mapas más precisos sobre la configuración de las ciudades /carretas donde el vehículo pueda circular,

- La mejora de los sensores, que sean más precisos y asequibles 

- La mejora de las telecomunicaciones entre vehículos, que sea de muy alta velocidad 

- La mejora de la predicción de los comportamientos de todos los componentes del sistema.

 

 

En esta aplicación de la IA es donde más claro vemos la necesidad de transferencia y confianza en su capacidad, ya que los expertos del FTF señalan que el desarrollo de los vehículos autónomos busca una justificación social, es decir, que los vehículos autónomos sean una alternativa mucho más segura a los dirigidos por humanos, ya que no se usaran si no confiamos en ellos.