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Implicaciones de una mayor longevidad

El envejecimiento de la población es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el mundo. Su importancia es igual, si no mayor, a la de la lucha contra el cambio climático o la de amenazas globales como la proliferación de armas nucleares. Es cierto que para la mayoría de la población mundial el aumento de la longevidad es una buenísima noticia. No obstante, este fenómeno también comporta arduas complicaciones para el mercado laboral, los sistemas sanitarios y de protección social.

En muchos países de la OCDE, la población está envejeciendo a pasos agigantados: de hecho, en Japón, la población lleva casi una década en constante declive. Pero el alcance de esta tendencia va más allá de la OCDE: en China, la población en edad de trabajar lleva años reduciéndose tras alcanzar su punto máximo en 2011. En las próximas décadas, este rápido envejecimiento de la población afectará de forma muy negativa a la oferta de mano de obra, lo que conducirá a una disminución de los ingresos reales y supondrá presión financiera para los sistemas sanitarios y de protección social.

Una de las respuestas parciales a estos retos se puede resumir con la siguiente consigna: “Vivir más, trabajar más”.

Las buenas noticias son que desde hace dos décadas la jubilación anticipada está en decadencia y las tasas de empleo de los trabajadores mayores de 55 años han aumentado en prácticamente todos los países de la OCDE. Los trabajadores mayores cada vez permanecen más tiempo en el mercado laboral. La mala noticia es que las empresas todavía son muy reacias a contratar a trabajadores mayores, a pesar de que cada vez constituyen un porcentaje más significativo de la población activa. Para superar el edadismo necesitaremos acciones concertadas que aborden una gran variedad de aspectos, como la prima de antigüedad, la legislación de protección del empleo, la formación continua o la jubilación parcial.

La longevidad conlleva muchos desafíos para los sistemas sanitarios y de cuidados prolongados, mientras que las farmacéuticas están invirtiendo en el desarrollo de nuevos fármacos, terapias génicas y robots que puedan aligerar la carga médica derivada del envejecimiento.

Más allá de todo esto, vamos a tener que redefinir la concepción social de las generaciones. En el futuro, será habitual que convivan cuatro generaciones de una misma familia. ¿Cómo podemos garantizar la solidaridad intergeneracional en un mundo en el que cada vez hay más mayores y en el que muchos jóvenes se encuentran con dificultades para avanzar en sus carreras y fundar una familia?

Vivir más no es algo que afecte sólo al individuo y a su entorno más cercano, sino que tiene impacto en distintos aspectos que involucran a numerosas disciplinas científicas y sociales.

Por esta razón, la teórica buena noticia de que el ser humano cada vez vivirá más viene acompañada de una serie de desafíos que hay que abordar con premura. Retos que no sólo involucran a los afectados directamente -los más mayores- sino a todos los que les rodean.

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