Estructura Social

Estructura Social

¿Cómo afectará a la estructura social en la que vivimos una mayor longevidad? Aquí entra en juego un concepto llamado ageism -la traducción en castellano es edadismo-, esto es, la discriminación de las personas que han envejecido.

 

Según Ashton Applewhite, experta del FTF, activista contra el edadismo y autora del libro This chair rocks: a manifesto against ageism, nuestra cultura es profundamente edadista, como demuestra la metáfora que se suele utilizar para describir el envejecimiento de la población: el tsunami gris (The Silver Tsunami). “Es algo que evoca una visión aterradora: una ola de viejos que viene a saturar los sistemas sanitarios y sociales y a chupar la riqueza de las generaciones venideras”, subraya.

Siendo cierto que el aumento de longevidad puede suponer un déficit en algunos aspectos, también lo es que aumentan las contribuciones que los mayores pueden realizar a la sociedad. Como ejemplo, un dato: En EEUU, el 70% de los ingresos disponibles está en manos de personas mayores de 50 años.

La discriminación por edad afecta incluso a la propia salud de los mayores. Hay estudios que demuestran que nuestra actitud hacia el envejecimiento afecta al funcionamiento celular de nuestro cuerpo y nuestra mente. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha desarrollado una estrategia global de lucha contra el edadismo, porque acabar con esta lacra no sólo prolonga la vida, sino también la salud.

A efectos prácticos, esta discriminación por edad -que afecta especialmente a las mujeres-, implica por ejemplo que exista un estigma hacia los andadores y las sillas de ruedas, de modo que los mayores se niegan a usarlos, aunque eso conlleve no salir de casa. Se trata de un tipo de discriminación muy enraizado en la sociedad; siempre se habla de los mayores en tercera persona, cuando todos vamos a llegar -si la salud nos lo permite- a ese estado.

Existen varias ideas para acabar con el edadismo y la tecnología puede ser una gran herramienta para ello. La digitalización de la comunicación hace más fácil que se mantengan en contacto distintas generaciones y también que se formen grupos de presión. Paradójicamente, también pueden aumentar la soledad: hacer que un hijo, por ejemplo, renuncie a ir a ver a sus padres mayores porque ya está conectado con ellos a través de la tecnología.

También se perfila como posible solución un aumento de la convivencia intergeneracional, ya que los más mayores son dueños de viviendas, mientras que los más jóvenes no pueden acceder a ellas.

Si hay algo que sin duda afecta a la estructura social (además de a la economía o a la educación) es la ruptura del binomio trabajar - no trabajar. Se va a tener que flexibilizar esa distinción y en un futuro no debería ser extraño que una persona en la edad de jubilación se retirara para luego volver al trabajo, quizás de otra manera o con distintas condiciones. La sociedad tendrá que estar preparada para estos cambios.

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