Servicios financieros

Servicios financieros

Las necesidades financieras del cada vez más numeroso grupo de personas mayores son distintas al resto de la población en tres aspectos clave:

  • En primer lugar, la carga que representa para las familias y para los propios individuos, ya que en muchos países son ellos los que tiene que abonar el coste de sus tratamientos total o parcialmente. Es algo que se ha identificado como el malus de la longevidad y, para ellos, los bancos tendrían que desarrollar productos como planes de ahorro a largo plazo o servicios específicos de planificación financiera.
  • Los mayores tienen en muchas ocasiones sus ahorros invertidos en la vivienda que, con ayuda de los bancos, podría servir para financiar sus futuras necesidades.
  • El tercer punto de interés es la complementariedad de las pensiones, algo que se puede definir como el hecho de que el incremento de personas jubiladas reducirá la sostenibilidad del sistema público de pensiones. En este sentido, el debate ha cambiado en los últimos años, y ha pasado de centrarse en un posible aumento de dichas pensiones a la evaluación de su reducción para que sigan siendo viables.

 

La población se puede dividir según su salario y no a toda le afecta del mismo modo el tema de las pensiones. Como explica Dieter Staib utilizando datos españoles -un poco extremos, pero representativos de lo que sucede en muchos otros países-, un porcentaje muy pequeño -alrededor del 3%- de la población tiene salarios muy elevados, otro también muy pequeño -del 4%- gana muy poco, por lo que su pensión será similar a su sueldo. Estos dos extremos se verán menos afectados por el impacto en los servicios financieros de una mayor longevidad; las cosas para ellos seguirán parecidas. Pero, ¿qué pasa con el grupo intermedio, que representa al 25% de la sociedad y que lo constituyen personas con un salario razonable que cobrarán una pensión -aún si es la máxima- muy inferior a éste? Aun teniendo en cuenta la reducción de gastos que suele acompañar a la jubilación, de alrededor del 20%, sigue existiendo una brecha del 30% que habrá que costear de alguna forma.

Una manera lógica sería, en principio, fomentar el ahorro, pero vivimos en un contexto que es despiadado con los ahorradores. Esto sería un desafío económico individual, pero también los hay colectivos, como la aplicación del factor de sostenibilidad a la hora de calcular las pensiones; este parámetro se calcula por la esperanza de vida en el momento de la jubilación y con su aumento se reduce el monto mensual de la pensión, sobre todo de las más cuantiosas.

Staib señala que muchos bancos ya están concentrando sus acciones en torno a tres momentos clave del proceso de envejecimiento:

- El primero sería la preparación para la jubilación, alrededor de los 50 años. Las personas en este grupo pueden estar sometidos todavía a una altísima presión financiera: no haber terminado de pagar la casa o tener aún a su cargo a los hijos. ¿Qué pueden hacer los bancos por ellos? Hacerles entender cuál será la realidad financiera de su jubilación y ofrecerles productos bancarios que puedan permitirse y que les ayuden a ahorrar.

- El segundo momento es la llamada jubilación activa, en la que los bancos han de ayudar a sus clientes a que sus ahorros no se reduzcan demasiado.

- Por último, está la jubilación pasiva, el momento en que las personas siguen siendo jubilados a efectos prácticos, pero requieren de muchísima ayuda, sobre todo por los problemas de salud. Todavía los bancos tienen un papel que ejercer ahí; pueden servir como punto de contacto con muchos servicios que los jubilados necesitan.

Implicaciones de una mayor longevidad: