Terapia con animales (verdaderos y robóticos)

En 2013, unas de las revistas científicas más prestigiosas del mundo, The Lancet, publicaba un estudio titulado Delfines, perros y focas robot para el tratamiento de la enfermedades neurológicas. De las cosas más llamativas del trabajo, es el incluir en un mismo enunciado a animales reales -cuyos beneficios terapéuticos han sido estudiados y probados para distintas enfermedades a lo largo de las últimas décadas- y a robots con apariencia animal.

Su promotor es el Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industrial Avanzada (AIST), en Japón, que hace años decidió apostar en firme por una compañía robótica para los más mayores.

PARO es un compañero robótico con la apariencia de una foca. En un primer vistazo, podría parecer un simple peluche, pero PARO (su nombre en todo el mundo excepto en España, donde se llama NUKA) es mucho más que eso. El trabajo mencionado, de hecho, avaló los beneficios terapéuticos de esta foca robot, que pesa 2,9 kilos y cuesta alrededor de 6.000 euros.

Sus creadores lo definen como un robot terapéutico en el campo neurológico y el hecho es que muchos datos lo avalan. En 2009, la agencia que regula fármacos y alimentos en EEUU, la FDA, lo aprobaba como tratamiento médico no farmacológico y desde entonces sus creadores intentan que más agencias gubernamentales hagan lo mismo.

PARO se ha ensayado como ayuda en personas con demencia, con cáncer y en niños ingresados o con autismo.

Según su creador, Takanori Shibata, experto del FTF, hay evidencias de que va a necesitar doblarse el número de cuidadores con el aumento de la longevidad. Aunque PARO no sustituiría su figura, si ayudaría en las primeras etapas del cuidado de las personas mayores o facilitaría el trabajo de los cuidadores o el personal de las residencias de ancianos. Se ha visto que el robot reduce el malestar en pacientes con demencia e incluso hace que disminuya la necesidad de fármacos psicotrópicos en estos pacientes.

 

Para aumentar su presencia en el mercado -sólo se han vendido alrededor de 5.000 unidades, más de la mitad en Japón, Shibata considera que hay que aumentar el volumen de evidencia clínica que permita a las agencias gubernamentales plantearse su financiación en los sistemas públicos de salud.

PARO no es el único robot-animal terapéutico. En 2016, la compañía de juguetes Hasbro lanzaba al mercado su línea Joy for all, animales robóticos -tres formatos de gato y un cachorro de perro- que, sin embargo, sirven sólo para hacer compañía.

Aunque su beneficio terapéutico no está demostrado, algunas residencias de ancianos ya los han adquirido y sus residentes parecen estar encantados con la idea.

Es especialmente paradigmático el caso de AIBO, el perro robot de Sony pionero en la robótica animal. Tras ser anunciada su comercialización a bombo y platillo y protagonizar incluso un estudio científico en el que se comparaba su efectividad en ancianos con la de perros reales, el androide perruno sufrió una jubilación forzosa en 2006. Curiosamente, el año 2016 Sony anunciaba su relanzamiento y desde 2018 está disponible como Sony Aibo ERS-1000. ¿Un signo más del cambio de los tiempos?

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