De los 66 a los 80 años

A las personas que aún no han cumplido los 81 años, el aumento de la longevidad les viene como un regalo inesperado, que les abre un mundo lleno de oportunidades, cuando lo que se veía hace apenas unos años con esa edad era un mundo plagado de certidumbres poco placenteras.

Si antes se intuía que la pérdida de movilidad asociada al envejecimiento era un sinónimo de quedarse encerrado en casa o convertirse en una carga para los familiares más cercanos, ahora la tecnología permite ver a la vuelta de la esquina vehículos que pueden transportar a una persona sin conductor, ni siquiera asistente.

Si antes era inevitable acabar a los 65 años con la vida laboral, ahora se vislumbra un futuro en el que existen las oportunidades también laborales, en el que la experiencia puede ser un valor reconocido por el resto de generaciones. Es en esta etapa cuando las personas empiezan a ver a su alrededor problemas físicos, y es también el momento idóneo -sobre todo si no se es aprensivo—para prepararse para el final de la vida al que cada uno aspira.

Oportunidades por edades: