Fundación Future Trends Forum Longevidad Qué es Longevidad ¿Cuánto tiempo podemos esperar trabajar?
¿Cuánto tiempo podemos esperar trabajar?

¿Cuánto tiempo podemos esperar trabajar?

Si bien la longevidad es algo teóricamente deseado por todos, está claro que también supone algunos desafíos. Como reconoce John Martin, experto del FTF, una respuesta parcial al desafío de la longevidad es que se trabaje hasta más tarde. Es algo que no sólo ayudaría a sostener la capacidad del sistema financiero para mantener los sistemas de protección social en el futuro -desde las pensiones a la asistencia sanitaria universal y gratuita que hay en muchos países, incluido España-, sino que también ayudaría a promover el envejecimiento activo, algo que se ha demostrado positivo en diversos estudios.

 

La radiografía del mercado laboral de los más mayores, definidos convencionalmente como los que superan los 55 años de edad, ha cambiado en los últimos años, en concreto desde los inicios del siglo XXI.

Hasta la década de 1990, se observaba una tendencia a la jubilación anticipada, un patrón que se ha revertido en esta década. De hecho, los datos demuestran que la tasa de empleo en los 34 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en personas de entre 55 y 64 años se incrementó en casi un 12% entre 2000 y 2016.

¿Por qué se ha producido este cambio? Está claro que las políticas públicas han jugado un rol significativo en este cambio de tendencia. “Ha habido un movimiento para recortar los incentivos a la jubilación anticipada y aumentarlos al alargamiento de la vida laboral”, subraya Martin.

Este incremento de trabajadores mayores se divide en dos grupos:

- El primero es la denominada tasa de retención, que es el porcentaje de trabajadores mayores que se mantienen más tiempo en la misma empresa.

- El segundo es la llamada tasa de contratación de empleados más senior, que se define por el grado en que los empleadores están aumentando la contratación de personas mayores para rellenar sus vacantes.

En un escenario en el que se supone que, por el aumento de la longevidad, la participación de los trabajadores de más edad en el mercado laboral se va a incrementar mucho, lo ideal sería que dicho aumento viniera por la tasa de contrataciones nuevas, y no sólo por el aumento de la tasa de retención. Hasta la fecha, está ocurriendo justo lo contrario, algo que Martin define como “preocupante”.

Esto pone de manifiesto que las leyes que luchan contra la discriminación por edad en los países de la OCDE no terminan de ser útiles, ya que la edad sigue siendo un obstáculo a la hora de contratar. Esto afecta sobre todo a los desempleados mayores de larga duración que, además, son a menudo los que tienen menor nivel educativo y son por lo tanto menos atractivos para los empleadores.

También existe un factor que puede influir en la situación laboral actual de los grupos de edad más avanzada y es el papel que juega el pago de la experiencia o seniority. La tendencia actual es que el salario de cualquier trabajador se va incrementando hasta que éste alcanza la mitad de la década de los 50. Desde que cumple esa edad, su retribución empieza a decaer. La estricta protección de empleo para trabajadores fijos junto a este incremento gradual del salario hace muy poco atractiva la contratación de personas mayores.

Por último, un asunto que influye en que a las empresas les cueste contratar a empleados mayores de 50 años es la supuesta reducción en productividad, algo difícil de medir, pero que es una percepción generalizada. La ciencia ha demostrado que cambian ciertas habilidades cognitivas y sociales según se avanza en edad.

Así, si se quiere incrementar el empleo en los más mayores como posible respuesta parcial al desafío de la longevidad, las políticas públicas tienen que trabajar para acabar con todos estos obstáculos, al que cabría añadir la necesidad de ciertas habilidades de las que carecen algunos trabajadores mayores, sobre todo en el campo de lo digital.

Este déficit en el campo tecnológico es visto también como una oportunidad; en concreto, según los economistas, la digitalización puede abrir la puerta a que los mayores combinen trabajo y ocio a partir de la edad habitual de jubilación. De hecho, existe un potencial para el autoempleo y la llamada gig economy puede ayudar a muchos trabajadores de este segmento de edad, aunque la experiencia y las habilidades siempre serán un plus a la hora de reentrar o mantenerse en el mercado laboral.

Ante esta situación, cabe preguntarse si el empleo por cuenta ajena o incluso por cuenta propia, pero dependiendo de uno o varios pagadores es la única definición de trabajo.

La activista antidiscriminación por causas de edad (anti edadismo) y experta del FTF, Ashton Applewhite se pregunta si acaso no se cuenta como empleo el trabajo no pagado. En ese caso, señala, las personas mayores ya están contribuyendo. Lo hacen, por ejemplo, cuidando a sus nietos. “Uno de los grandes desafíos es dar la vuelta a la noción de qué es la productividad”, subraya.  Para ilustrar esto, un dato: La contribución a la economía de EEUU de cuidadores familiares no pagados -contando con que tuvieran un salario de entre 12 y 15 dólares por hora- sería de 450.000 millones de dólares.

Sin embargo, no sólo se trata de que el mercado laboral -se incluya o no el empleo no remunerado- esté preparado para mantener o recibir a los más mayores, sino si éstos quieren seguir trabajando.

En definitiva, como casi todas las cuestiones que rodean al aumento de la longevidad, la respuesta de hasta qué edad se va a trabajar dista de estar clara y es otro de los enormes desafíos a los que se enfrenta la sociología y la economía -entre otras disciplinas- en este aspecto.

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