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Tareas ante una mayor longevidad

Tareas ante una mayor longevidad

Igual que no asignamos los recursos basándonos en la raza o en el sexo, evaluar las necesidades de los mayores en contraposición a las de los jóvenes es inaceptable.

Además, va en contra del sentido común. Las comunidades en las que se envejece bien disponen de servicios sociales, de transporte público y de espacios públicos seguros: ¡Cosas que nos benefician a todos! Y lo mismo ocurre con los lugares de trabajo que fomentan la flexibilidad horaria y la accesibilidad: son elementos imprescindibles para los trabajadores mayores, pero positivos para todos los grupos de edad.

El envejecimiento de la población es un fenómeno muy reciente. La ciencia ha dejado atrás a la cultura, y las funciones sociales y las instituciones aún no han podido ponerse al día. Por ello, disponemos de una oportunidad crucial de abordar la prolongación de la vida no solo como un reto, sino también como una ocasión fantástica y sin precedentes de sacar partido a un “embalse de plata”: el capital social de más millones de adultos sanos e instruidos de los que han existido jamás.

Si queremos aprovechar el “dividendo de la longevidad”, tenemos que superar la aprensión inicial, cuestionar los prejuicios edadistas subyacentes e idear formas realistas y creativas de crear la sociedad multigeneracional que todos esperamos vivir para habitar. Y para ello necesitaremos que todas las edades aporten su granito de arena.

Siempre se habla de las personas mayores en tercera persona; es un colectivo en el que se da una gran paradoja: nadie quiere formar parte de él, pero nadie desea lo contrario. Porque lo opuesto a llegar a viejo es, sencillamente, morir. Afortunadamente, la mortalidad se ha ido reduciendo con los avances en salud pública y medicina y esta disminución se ha visto acompañada de un aumento de la esperanza de vida y una mayor longevidad.

No es éste el único cambio que ha experimentado la sociedad, que avanza cada día en disciplinas como la ciencia, la medicina o la economía. Y, sin embargo, parece que esas modificaciones y el patrón de envejecimiento no han ido de la mano, una tendencia que tiene que cambiar a nivel social. El aumento de la longevidad va a poner deberes a todos sus miembros. Y según estos asuman sus tareas, el futuro que nos espera de aquí a 60 años puede variar desde un apocalíptico mundo en el que no nazcan bebés hasta uno en el que se hayan desarrollado intervenciones biomédicas dirigidas específicamente al envejecimiento y se hayan reducido a la mitad enfermedades como el cáncer, al alzhéimer o la patología cardiovascular.

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