Interfaces cerebro-máquina

Interfaz cerebro-máquina

Una de las tecnologías punteras más prometedoras en el ámbito de la neurociencia son las interfaces cerebro-máquina. Se trata de un dispositivo que se basa en la adquisición de ondas cerebrales para luego ser procesadas e interpretadas por una máquina u ordenador. Esta tecnología permite establecer una comunicación entre el cerebro humano y una máquina, lo que abre un nuevo camino para interactuar con la tecnología mediante nuestro pensamiento.


 Ya hay multitud de proyectos que están estudiando el desarrollo de las interfaces cerebro-máquina. El más conocido es el desarrollado por el magnate tecnológico Elon Musk con su empresa Neuralink, que propone desarrollar una interfaz para conectar sensores al cerebro humano cosidos con hilos microscópicos que permitan comunicar distintas áreas entre ellas y con el exterior. 
Ser capaces de manejar una máquina con nuestro cerebro es una de las utilidades curiosas que promete Neuralink, pero el uso extendido de las interfaces cerebro-máquina podría traer principalmente mejoras en el estudio de las conexiones cerebrales y la recopilación de información sobre el funcionamiento neuronal.
Aun así, esta tecnología se enfrenta a un gran reto: su implantación en una persona y que dure un periodo de tiempo aceptable durante su vida. En esto están trabajando en Iota Biosciences, fundada por nuestros expertos Michel Maharbiz y José Carmena.



Iota Biosciences está trabajando en el “Polvo neuronal”, que son unos implantes cerebrales inalámbricos diminutos que son capaces de monitorizar en tiempo real músculos, órganos y nervios dentro del cuerpo. Los sensores de este polvo neuronal se comunican a través de ultrasonido con un parche que los activa y recibe información para cualquier terapia deseada. Sus impulsores imaginan que podrían ser implantados en un simple procedimiento ambulatorio, e incluso lo comparan con la idea de ponerse una pulsera wereable de actividad, pero que pudiera recopilar información sobre el funcionamiento interno de los órganos y actuar en consecuencia. 
Toda esta información recopilada necesita la Inteligencia artificial para poder desarrollar interfaces que nos ayude a monitorizar estos datos y tomar decisiones adecuadas.  


La aplicaciones de las interfaces cerebro-computadores está extendiéndose rápidamente en el ámbito de las enfermedades mentales. Denominadas Protésis mentales, los expertos pueden analizar los datos y crear sistemas para tratar los trastornos neuronales psiquiátricos de una manera completamente diferente a la farmacológica.