Educación por el cambio

Educación por el cambio
18 Sep 2016

Mi sobrino me preguntó ayer mismo qué tenía que estudiar para llegar a ser como yo. Tiene 12 años y me admira. Supongo que ya se le pasará, cuando aprenda a ver mis sombras y a relativizar virtudes, pero de momento asumo abrumado el reto de responder a preguntas como esa.

Tras mucho pensarlo, creo que es una pregunta sin respuesta. Al menos sin la respuesta que él esperaría de forma más inmediata, consciente como soy del relativo porcentaje de influencia de mi paso por la escuela-universidad en la persona que soy hoy, y de que hay una enorme diferencia entre los estudios que cursé y mis trabajos posteriores. El mundo ya no funciona con la lógica de estudiar una carrera y dedicarte a ella el resto de tu vida. Mis estudios me prepararon para un mundo distinto al que encontré, una tendencia que hoy, 15 años después, está claramente más acentuada.

Es inquietante que nos pasemos más de 20 años de nuestra vida preparándonos para salir a jugar un partido cuyas reglas del juego han cambiado. Un partido que requerirá grandes dosis de adaptación, resiliencia, flexibilidad, creatividad, empatía, colaboración o capacidad para resolver problemas y asumir responsabilidades. Todas ellas habilidades que quedaron casi fuera del entrenamiento.

Nuestro mundo hoy está definido por el cambio. Vivimos en sociedades cada vez más volátiles, de una acelerada complejidad. Los retos son cada vez más globales e interdependientes y nos enfrentamos a menudo a la gran pregunta de cómo educar para este contexto tan ambiguo y para ese futuro incierto y desconocido.

El consenso es creciente en torno a la necesidad del cambio educativo. ¿Pero a qué nos referimos exactamente cuando hablamos del “cambio educativo”? Hay un debate constante en torno a metodologías y pedagogías, tecnologías, sistemas de evaluación o rediseño de espacios de aprendizaje para adaptarnos a las nuevas necesidades del mundo en que vivimos o viviremos.

Es una discusión importante y muy necesaria pero que a veces tiende a centrarse exclusivamente en los cómo y a veces olvida los porqués y paraqués.

Pero ¿y si en lugar de “cambio educativo” hablamos de la “educación para el cambio”? ¿y si recuperamos el propósito de la educación centrado (también) en preparar personas responsables con el lugar en el que viven y comprometidas en mejorarlo?

Innovemos para algo. Aprendamos robótica, matemáticas, biología o idiomas con un propósito. Apliquemos todo ello con el fin de mejorar nuestro entorno. Adquiramos esos conocimientos tan importantes, desarrollemos competencias cognitivas, sociales y emocionales e innovemos… con el fin de contribuir activamente a una sociedad mejor. Alrededor de cada escuela del mundo hay siempre oportunidades para ello. Las Escuelas Changemaker en todo el mundo nos lo muestran en los contextos más diversos.

Necesitamos personas capaces de resolver los enormes retos sociales a los que nos enfrentamos. Retos medioambientales, económicos, políticos. En un mundo marcado por un ritmo de cambio exponencial, sería deseable tener las habilidades para ser protagonistas de ese cambio, en positivo y por el bien de todos. Necesitamos “changemakers”, agentes de cambio. Personas instruidas y excelentes académicamente, y además empoderadas y capaces de aplicar sus conocimientos y habilidades para resolver los problemas que nos afectan.

Y mi deseo sería que mi sobrino reciba siempre este entrenamiento, también en la escuela y la universidad, independientemente del camino que decida elegir.

* David Martín Díaz es Co-Director de Ashoka España y Director de Educación y Jóvenes y colaborador de la Fundación Innovación Bankinter

Archivo