La tecnología no solo cambia las ciudades: también nuestra forma de vivir en ellas

Resumen generado por IA

La tecnología impulsa cambios significativos en las ciudades, no sólo a través de dispositivos físicos, sino también mediante nuevas formas de pensar y procesos innovadores. En el ámbito de la movilidad urbana, además de los avances en vehículos y la implementación de zonas libres de emisiones, se está cuestionando la importancia tradicional de la propiedad de automóviles. El auge de las flotas de vehículos bajo demanda ha llevado a fabricantes a invertir en servicios de movilidad como servicio (MaaS), ofreciendo alternativas accesibles que podrían disminuir la necesidad de comprar un coche propio.

A largo plazo, la combinación de vehículos autónomos y MaaS promete transformar el uso del espacio urbano. Se espera que, al reducir la necesidad de aparcamiento y circulación tradicional, se libere una gran cantidad de suelo actualmente dedicado al tráfico rodado, como ocurre en ciudades como Madrid, donde este espacio representa cerca del 80%. Esto plantea la necesidad de repensar el diseño y uso del espacio público.

Además, las ciudades están experimentando cambios profundos que van más allá de la tecnología visible, incluyendo la cultura de la inmediatez, nuevas formas de urbanismo y una mayor participación ciudadana facilitada por la gobernanza digital. Estas transformaciones redefinen la vida urbana y serán analizadas con mayor detalle en el informe Ciudades Disruptivas.

Los cambios que están sufriendo las ciudades son profundos y trascienden los semáforos inteligentes o los coches eléctricos.

La tecnología es una palanca de cambio, una herramienta para construir nuevos escenarios y transformar ciudades. Ocurre, sin embargo, que a veces nos fijamos más en la dimensión física (aparatos, máquinas) que en la etérea (procesos, maneras de pensar) de la evolución.

Un ejemplo. En este post hablamos de cómo está cambiando la movilidad urbana. Mencionamos avances tecnológicos en los vehículos, pero también iniciativas (como las zonas libres de emisiones). Nos dejamos en el tintero cambios mucho más profundos, relacionados con la forma de concebir la movilidad.

Uno de ellos es la puesta en jaque de uno de los conceptos clave de la sociedad de consumo: la utilidad de la propiedad. ¿Le merece la pena a un urbanita comprarse un coche (a gasolina o eléctrico, da igual) pudiendo acceder a pequeños vehículos a un coste asequible que presumiblemente irá decreciendo? El éxito de las flotas de coches y motos bajo demanda está haciendo que las principales fabricantes de automóviles se lancen a patrocionar sus propios proyectos en este terreno. La movilidad como servicio (MaaS, por sus siglas inglesas) parece haber llegado para quedarse.

Otra consecuencia de la irrupción de nuevas tecnologías en la movilidad es un debate a más largo plazo. Muchos expertos sostienen que la combinación de vehículo autónomo y MaaS puede redundar a largo plazo en una reducción de la necesidad de suelo dedicado al tráfico. Los coches que se conduzcan solos no tendrán incentivos para estar aparcados, por lo que, cuando consigan ser mayoría (hasta entonces habrá que planificar cómo conviven con los tradicionales), es probable que liberen espacio en las calles, aparcamientos, etc. Teniendo en cuenta que una ciudad como Madrid dedica en torno al 80% de su espacio al tráfico rodado, hay que prepararse para saber qué hacer con el suelo que quede libre.

La cultura de la inmediatez, nuevos modos de construcción y diseño urbano, el renovado protagonismo de las personas en los procesos de toma de decisión de la mano de la gobernanza digital… Los cambios que están sufriendo las ciudades son profundos y trascienden los semáforos inteligentes o los coches eléctricos. En el informe Ciudades Disruptivas podrás leer un análisis más detallado de estas transformaciones.