Resumen generado por IA
Mariano García, ingeniero industrial y emprendedor tecnológico, es un ejemplo destacado de la comunidad Alumni del programa Akademia Future Builders de la Fundación Innovación Bankinter. Su trayectoria se caracteriza por una constante búsqueda de impacto real en el mercado, combinando creatividad, tecnología y negocio. Desde sus inicios en diseño industrial y producto digital, Mariano cofundó una startup tecnológica en Valencia, que aunque cerró tras un proceso complejo, le abrió puertas internacionales. Su experiencia en Asia, especialmente en China y Corea, le permitió desarrollar una visión global del emprendimiento y entender la importancia del contexto cultural en la innovación.
Actualmente, Mariano trabaja en PLD Space, líder europeo en lanzamiento espacial privado, donde lidera las relaciones con inversores en un momento clave de crecimiento y consolidación tecnológica. Su paso por Akademia marcó su comprensión de la innovación como un proceso colaborativo y realista, donde el trabajo en equipo multidisciplinar y la adaptación al mercado son esenciales. Mariano destaca la necesidad de una visión a largo plazo para los ecosistemas de innovación en España, subrayando que el talento existe, pero falta continuidad y consenso político para potenciarlo. Su historia refleja cómo la innovación puede surgir “desde casa”, con impacto global y arraigo local, demostrando que lo improbable puede hacerse posible.
De startups a lanzar cohetes: Mariano García, alumni de Akademia, comparte su recorrido emprendedor y su visión sobre el futuro espacial europeo.
En la Fundación Innovación Bankinter nos gusta seguir de cerca la trayectoria de quienes han pasado por el programa Akademia Future Builders y hoy están construyendo futuro desde posiciones clave del ecosistema emprendedor, tecnológico y empresarial. Alumni que no solo han acumulado experiencia, sino que han sabido moverse con criterio en contextos de alta incertidumbre, crear equipos y aprender de cada etapa del camino.
Nuestro protagonista en esta ocasión es Mariano García, un perfil con una marcada vocación por la creación de proyectos con impacto real en el mercado. Ingeniero de formación, Mariano ha desarrollado una carrera profundamente ligada al emprendimiento tecnológico, siempre en la intersección entre creatividad, negocio y tecnología.
Desde sus primeros pasos en el diseño industrial y el producto digital, hasta la creación y escalado de startups en distintos países, su trayectoria se caracteriza por una visión muy práctica de la innovación: construir, testar, equivocarse rápido y aprender. Esa mentalidad le ha llevado a emprender en el ecosistema valenciano en los primeros años del boom de startup, a vivir de primera mano procesos de crecimiento, inversión y cierre, y a dar después el salto internacional para seguir desarrollando proyectos tecnológicos en mercados tan exigentes como China.
Hoy, Mariano forma parte del sector espacial europeo, donde trabaja en el área de relación con inversores en PLD Space, una compañía que representa una nueva generación de empresas industriales de base tecnológica. Un recorrido nada lineal, pero coherente, que refleja una de las grandes lecciones del programa Akademia: la innovación no es un destino, sino un proceso continuo de exploración, aprendizaje y toma de decisiones.
A continuación, resumimos la conversación que hemos mantenido con Mariano, en la que repasa su trayectoria, su paso por Akademia y las claves que han marcado su forma de entender el emprendimiento y la creación de proyectos tecnológicos.
De diseñador industrial a emprendedor tecnológico: una trayectoria construida haciendo
Inicios: diseño, producto y primeras startups
Mariano García se formó como ingeniero industrial con una fuerte orientación al diseño. Nacido en Elche, creció en un entorno marcado por la industria del calzado, una experiencia que le sirvió para entender desde muy joven lo que significa producir, competir y sobrevivir en mercados exigentes. Sin embargo, pronto tuvo claro que su camino no pasaba por reproducir modelos conocidos, sino por explorar nuevas formas de crear valor.
Tras estudiar diseño industrial en Alicante y cursar un máster en ingeniería del diseño en Valencia, empezó a interesarse por el producto digital, en un momento en el que conceptos como UX y UI apenas comenzaban a consolidarse. Frente a la complejidad del producto físico, el entorno digital le ofrecía algo clave: velocidad, impacto y contacto directo con el usuario.
Ese interés por “hacer cosas que se usen” fue el que le llevó al emprendimiento en pleno boom startup, alrededor de 2013 y 2014. Fue también entonces cuando entró en contacto con el programa Akademia, una experiencia que marcaría un punto de inflexión en su forma de entender la innovación. No solo por el contacto con el mundo del negocio, sino por la importancia de los equipos multidisciplinares y la necesidad de entender áreas como desarrollo de negocio, legal o recursos humanos, más allá del producto.
En Valencia cofundó una startup tecnológica vinculada al mundo del café de especialidad, que llegó a construir una red de casi un centenar de cafeterías y a pasar por aceleradoras clave del ecosistema local. Entre ellas, BBooster, la primera gran aceleradora de startups de la ciudad, impulsada por Enrique Penichet, en un momento fundacional para el emprendimiento tecnológico valenciano. Posteriormente, el proyecto continuó su recorrido en Lanzadera, donde el equipo consolidó producto, mercado y crecimiento.. El proyecto creció, levantó interés inversor y vivió también una de las experiencias más duras -y más formativas- del emprendimiento: el cierre de la compañía tras un proceso fallido de due diligence. Un aprendizaje que, lejos de cerrar puertas, acabaría abriendo otras inesperadas.
Mirar al mundo: China, Corea y América Latina
Tras el cierre de su startup en España, una de las potenciales business angels del proyecto -emprendedora china- le propuso incorporarse como cofundador a una nueva startup tecnológica en Shanghái. Apenas un mes después, Mariano estaba desarrollando un nuevo proyecto en China.
Durante dos años trabajó en una startup del sector travel tech, conectando el ecosistema chino -especialmente a través de WeChat– con experiencias turísticas en Europa y Latinoamérica. Fue una etapa de fuerte crecimiento personal y profesional, marcada por el aprendizaje cultural, la complejidad del mercado asiático y una intensa actividad internacional.
La llegada del COVID supuso un punto de ruptura. Mariano vivió de primera mano el inicio de la pandemia en Shanghái y, ante la imposibilidad de continuar con normalidad, regresó a España. Aun así, su vínculo con Asia no se rompió. En esos años colaboró con la Universidad de Mondragón en programas de emprendimiento internacional, ayudando a abrir nuevos destinos como Corea del Sur y Costa Rica cuando China dejó de ser una opción viable.
Entre 2020 y 2022, repartió su tiempo entre Seúl, Costa Rica y Berlín, trabajando en formación, acuerdos con universidades y conexión con ecosistemas locales de innovación. Una etapa de transición que le permitió consolidar una visión global del emprendimiento y del papel que juegan los contextos culturales en la creación de proyectos.
Vuelta a casa con impacto: el salto a PLD Space
El regreso definitivo a España coincidió con su incorporación al proyecto Distrito Digital en la Comunitat Valenciana, donde asumió el rol de director de operaciones y participó en la revitalización de espacios estratégicos como la Ciudad de la Luz y el impulso de nuevas industrias tecnológicas y creativas en la región.
Pero el siguiente gran salto llegaría poco después, de la mano de una conexión del pasado. Ezequiel Sánchez, uno de los primeros business angels que mostró interés por su startup años atrás, le propuso conocer de cerca un proyecto que estaba a punto de cambiar de escala. Ese proyecto era PLD Space.
Lo que empezó como una visita terminó siendo una incorporación clave. Mariano entró para crear desde cero el área de Investor Relations, justo en el momento en que la compañía daba el salto de proyecto de I+D a empresa industrial estratégica. En apenas dos años, ha sido testigo -y parte activa- de un crecimiento acelerado: de poco más de 100 empleados a superar los 450, y del lanzamiento con éxito de Miura 1, el primer cohete privado desarrollado en Europa que alcanza el espacio.
Hoy, Mariano participa en uno de los procesos de capitalización más ambiciosos del panorama tecnológico español, trabajando mano a mano con el equipo directivo para atraer inversores y socios estratégicos a un proyecto de largo plazo, altamente intensivo en capital y con una clara ambición industrial y global. Una historia de retorno a casa, sí, pero también de construir desde aquí algo con impacto internacional.
Hacer posible lo improbable: vivir desde dentro el hito de PLD Space
Para Mariano, el recuerdo es nítido: llegar en 2023 a las instalaciones del INTA en El Arenosillo (Huelva) y ver Miura 1 colocado en una rampa de lanzamiento real. No como un prototipo o una promesa, sino como un cohete listo para despegar. “Desde una mentalidad emprendedora, de empezar desde cero y construir algo para que ocurra de verdad, lo primero que piensas es que esto no debería estar pasando”.
Y, sin embargo, pasó.
España no cuenta con una tradición aeroespacial comparable a la de otros países líderes. No existe un legado industrial profundo, ni un ecosistema consolidado que haga “esperable” el éxito de una compañía privada de lanzamiento espacial. Por eso, Mariano no duda en calificar a PLD Space como una anomalía positiva: un proyecto que, sobre el papel, no tenía por qué existir.
Pero ese “milagro”, como él mismo lo define, no tiene nada de casual. Es el resultado de una combinación poco frecuente: talento técnico excepcional, una motivación extrema por generar impacto real y una visión a largo plazo sostenida en el tiempo. Una ambición que Mariano pone en perspectiva tras haber vivido de cerca ecosistemas de innovación en ciudades como Los Ángeles, Shanghái, Seúl o Berlín. “Lo que está pasando aquí no tiene nada que envidiar a lo que ocurre en esos lugares”.
A esa dimensión global se suma otra clave: el componente local y de país. Que desde Elche se esté liderando la carrera espacial privada en Europa no es solo un logro tecnológico, sino también estratégico. PLD Space se ha convertido en un programa país, en una capacidad industrial crítica que sitúa a España en una posición inédita dentro del nuevo mapa espacial europeo.
Mariano lo resume con una frase que condensa bien el espíritu del proyecto: no tiene sentido, pero es posible. Y precisamente ahí, en ese espacio entre lo improbable y lo posible, es donde se construyen las innovaciones que hacen historia.
De la hegemonía institucional al liderazgo privado: el nuevo mapa espacial europeo
Durante décadas, la industria espacial ha sido un terreno dominado casi en exclusiva por las instituciones. Agencias como la NASA, la Agencia Espacial Europea, la ISRO o la JAXA han liderado programas multimillonarios cuyo objetivo principal no era la rentabilidad, sino el avance tecnológico y la soberanía estratégica. En ese contexto, conceptos como eficiencia de costes, mercado o modelo de negocio eran secundarios.
Ese equilibrio empieza a romperse hace unos veinte años con la irrupción de un actor privado que cambia las reglas del juego: SpaceX. Su propuesta es radicalmente distinta: lanzamientos más baratos, reutilización de cohetes y una orientación clara al mercado. Una lógica empresarial aplicada a una industria históricamente institucional. Lo que inicialmente muchos consideraron una fantasía -incluidos altos cargos de agencias espaciales europeas- hoy es una realidad incontestable.
Los datos hablan solos. SpaceX se ha convertido en la empresa privada más valiosa del mundo y controla de facto gran parte del acceso al espacio. En 2023, de los aproximadamente 200 lanzamientos orbitales realizados a nivel global, más de 150 fueron de SpaceX. Un dominio que no se explica solo por la tecnología, sino por entender el espacio como una industria logística: el cohete es el camión, pero lo relevante es la carga y el servicio que habilita en la Tierra, desde telecomunicaciones hasta observación o geoposicionamiento. En el caso de SpaceX, ese servicio es Starlink.
Europa, mientras tanto, ha mantenido durante años su statu quo institucional. El resultado: una pérdida progresiva de competitividad frente a Estados Unidos. Sin embargo, ese diagnóstico ya está asumido. En los últimos años, Europa ha decidido apostar por un nuevo modelo y ha seleccionado cinco empresas privadas para liderar su autonomía de acceso al espacio. Entre ellas, dos alemanas, una francesa, una británica y PLD Space como representante española.
La diferencia, según Mariano, es clara: PLD Space es hoy la compañía más avanzada de ese grupo en términos de desarrollo tecnológico y validación real. Mientras el resto se prepara para sus primeros hitos, PLD ya ha demostrado capacidad con el lanzamiento exitoso de Miura 1 y se posiciona como una alternativa europea creíble en un contexto geopolítico cada vez más complejo.
Para España, el impacto es profundo. De no tener tradición ni peso relevante en el sector espacial, pasa a jugar un papel estratégico en una industria crítica para la soberanía tecnológica europea. Y ese papel gana aún más importancia en un escenario global donde la dependencia de actores externos se percibe cada vez como un riesgo.
Europa necesita capacidades propias. Y, hoy, una parte clave de esa respuesta se está construyendo desde España.
Ecosistemas de innovación en España: talento hay, falta visión a largo plazo
Tras años moviéndose por ecosistemas de innovación internacionales, Mariano tuvo la oportunidad de vivir desde dentro el reto de construir un ecosistema tecnológico en España durante su etapa en Distrito Digital. Y su diagnóstico es claro: el principal freno no es el talento, ni la ambición, ni siquiera la capacidad de atraer empresas. Es la falta de una visión compartida y sostenida en el tiempo.
“El primer paso es creérselo”, señala. Ser conscientes de que el talento que existe en España es comparable -o incluso superior- al de otros polos internacionales. Algo que se percibe con nitidez cuando uno sale al extranjero o cuando empresas extranjeras deciden instalarse aquí atraídas por una combinación difícil de replicar: calidad de vida, capacidad técnica y una marca país extraordinariamente potente.
El problema aparece cuando esa energía depende en exceso del ciclo político. Los ecosistemas de innovación no se construyen en cuatro años. Requieren continuidad, estabilidad y consensos amplios que sobrevivan a los cambios de gobierno. Cuando cada mandato intenta redefinir prioridades, deshacer lo anterior o imponer una agenda propia, el impacto real se diluye y los proyectos pierden capacidad de echar raíces.
Mariano lo ha visto de cerca: hay capacidades, infraestructuras y equipos con potencial real, pero resulta difícil hacerlas escalar si no existe un plan claro y compartido sobre qué es estructural -lo que no se toca- y qué es coyuntural. Otros países y regiones que hoy lideran la innovación global han entendido bien esa diferencia y han protegido ciertos pilares estratégicos al margen del ruido político.
España, insiste, tiene todos los ingredientes para competir globalmente. Pero para que ese potencial se materialice hace falta constancia, una cierta “visión de túnel” que permita avanzar sin dejarse arrastrar por inercias externas, y sobre todo un acuerdo de fondo: definir qué modelo de innovación e industria se quiere construir y sostenerlo en el tiempo.
Porque sin ese consenso, incluso los mejores ecosistemas corren el riesgo de quedarse a medio camino.
Akademia: aprender a trabajar con otros… y con la realidad
Cuando Mariano recuerda su paso por Programa Akademia Future Builders, hay una idea que aparece de forma recurrente: fue una de las primeras veces que salió de su propio marco mental. De su disciplina, de su forma de ver el mundo, de las decisiones tomadas siempre desde el mismo ángulo.
Durante la etapa universitaria, explica, el contexto actúa como un límite invisible. Aunque hoy existe más acceso a información que nunca, la verdadera diferencia surge cuando uno comparte espacio y toma decisiones con personas que vienen de otros backgrounds: ingeniería, empresariales, derecho, estadística. Miradas distintas ante un mismo problema cambian por completo la forma de entender el impacto.
Ahí aparece uno de los grandes aprendizajes del programa: la importancia del equipo. No como un concepto teórico, sino como una realidad práctica. Para generar impacto, lo primero -y lo más difícil- es construir un equipo multidisciplinar capaz de integrar perspectivas distintas. Algo que Mariano ha comprobado una y otra vez a lo largo de su carrera y que considera uno de los activos más valiosos en cualquier proyecto profesional.
El segundo gran aprendizaje llega en forma de “golpe de realidad”. Akademia enfrenta a los estudiantes con una verdad incómoda, pero fundamental: lo que a uno le gusta o le parece una buena idea no siempre coincide con lo que quiere el mercado. Entender esa diferencia pronto ahorra muchos errores después. Es un choque necesario, casi obligatorio, para cualquiera que quiera emprender… o simplemente trabajar en entornos reales.
Porque, como subraya Mariano, más allá de que uno tenga espíritu emprendedor o prefiera desarrollarse dentro de una organización, hay algo ineludible: hoy se trabaja en equipo o no se trabaja. No hay alternativa. Y cuanto antes se interioriza esa dinámica, mejor preparado se sale al mundo profesional.
Por eso recomienda Akademia a cualquier estudiante universitario. No como un programa para “montar startups”, sino como un espacio para aprender a colaborar, contrastar ideas con la realidad y empezar a construir una forma de pensar más abierta, más crítica y mucho más conectada con el futuro del trabajo.
Emprender desde casa: cuando el reto profesional y el personal se alinean
Cuando Mariano piensa en el futuro, evita las respuestas grandilocuentes. Tras haber vivido la crisis inmobiliaria, el COVID y varios reinicios profesionales, proyectarse a cinco años vista le parece casi un ejercicio de ficción. Y, sin embargo, hay algo que tiene claro: el reto que tiene hoy entre manos es lo suficientemente grande como para no necesitar nada más.
“Lanzar un cohete ya es bastante motivador”, afirma con naturalidad. Y no solo por el desafío tecnológico, sino por lo que representa hacerlo desde aquí. Construir algo grande en casa, con impacto global, capaz de generar empleo cualificado y de evitar que otros tengan que salir fuera a buscar oportunidades, es una fuente de motivación difícil de igualar.
Desde su posición en PLD Space, Mariano vive el emprendimiento desde dentro de una organización que, aunque hoy es una empresa industrial estratégica, sigue necesitando el mismo impulso que una startup: levantar recursos, generar confianza, atraer talento y sostener una visión a largo plazo. Coordinar y dar soporte a cientos de ingenieros que trabajan en uno de los proyectos tecnológicos más ambiciosos del país exige una mentalidad profundamente emprendedora.
Eso no significa que haya renunciado a ese impulso de crear desde cero. Mariano lo tiene claro: probablemente volverá a emprender. No sabe cuándo, ni cómo, ni en qué sector. Pero tampoco le inquieta no tenerlo definido. De momento, el reto de hacer posible algo que parecía imposible -y hacerlo desde su tierra- es más que suficiente.
Quizá ahí esté la verdadera cuadratura del círculo: unir ambición global, impacto real y arraigo local. Un cierre coherente para una trayectoria que demuestra que la innovación no siempre consiste en irse lejos, sino en saber cuándo y cómo volver.
¡Muchas gracias, Mariano! ¡Y muchos más éxitos!
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