Resumen generado por IA
En la actualidad, muchas empresas, especialmente scaleups, integran el propósito medioambiental, social o tecnológico como parte esencial de su estrategia, transformando el crecimiento tradicional en un modelo que aporta soluciones reales a desafíos colectivos. En España, este fenómeno se observa en sectores como la transición energética, la movilidad eléctrica y las ciudades inteligentes, donde compañías como Holaluz, Wallbox, RatedPower y Libelium ejemplifican cómo el propósito puede integrarse en modelos operativos y financieros, generando impacto tangible y ventajas competitivas. Estas empresas no solo aumentan ingresos o presencia internacional, sino que contribuyen activamente a la sostenibilidad y la innovación tecnológica.
Sin embargo, este auge también ha provocado un fenómeno conocido como “purpose washing”, donde algunas empresas promueven declaraciones inspiradoras sin una integración real en sus operaciones. Para combatirlo, se destacan mecanismos como la certificación B Corp, que exige auditorías rigurosas y cambios estatutarios para garantizar un compromiso auténtico. La creciente presión regulatoria y social impulsa a consumidores e inversores a exigir transparencia y métricas verificables, consolidando la idea de que impacto y rentabilidad pueden coexistir.
En resumen, en España, emprender con propósito representa una oportunidad estratégica para posicionarse en sectores clave alineados con las prioridades europeas. Las scaleups que integran auténticamente el propósito demuestran que esta integración no limita la competitividad, sino que la impulsa, construyendo un modelo de innovación, impacto y crecimiento sostenible.
En el ecosistema nacional gana fuerza un modelo que integra propósito —social, medioambiental o tecnológico— como parte de su estrategia de crecimiento.
Para muchas empresas, crecer ya no es suficiente. Una nueva generación de scaleups integra el propósito —medioambiental, social o tecnológico— como parte estructural de su estrategia. Y lejos de ser un gesto idealista, se ha convertido en una ventaja competitiva en sectores donde la energía limpia, la salud, la digitalización responsable y la sostenibilidad ya no son valores añadidos, sino condiciones de mercado.
Esta transformación se observa con claridad en el tejido emprendedor español. Las scaleups que operan en ámbitos como la transición energética, la movilidad eléctrica y las ciudades inteligentes están redefiniendo qué significa crecer: ya no basta con aumentar ingresos y presencia internacional, sino que se exige hacerlo aportando soluciones reales a desafíos colectivos.
Startups españolas que conjugan propósito y negocio
Holaluz es un buen ejemplo de esta evolución. Fundada en Barcelona en 2010, se ha consolidado como una comercializadora de energía 100 % renovable con más de 300.000 clientes y unas 14.000 instalaciones fotovoltaicas gestionadas. Su apuesta por el autoconsumo solar y la digitalización de la red doméstica demuestra cómo el propósito puede integrarse en el modelo operativo y financiero. Cotiza en BME Growth desde 2019 y participa en programas europeos como H2020, lo que confirma que su narrativa de impacto está respaldada por actividad regulada y proyectos verificables.
Wallbox representa otra vertiente de esta cultura: la que vincula innovación tecnológica y descarbonización del transporte. Desde 2015, la compañía desarrolla cargadores inteligentes para vehículos eléctricos y soluciones avanzadas de gestión energética. En 2025 anunció una tecnología de carga rápida capaz de reducir los tiempos en torno a un 30 %, y recibió 8,355 millones de euros de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. En este caso, el propósito no se expresa en términos abstractos: se materializa en infraestructura, expansión industrial y encaje regulatorio en un sector crucial para la transición energética.
El propósito también se manifiesta en scaleups especializadas cuya contribución es menos visible para el público general, pero esencial para el ecosistema. RatedPower, fundada en 2017 y adquirida por Enverus en 2022, desarrolla software que optimiza el diseño de plantas solares a gran escala. Su plataforma ha sido utilizada en proyectos que suman decenas de gigavatios y más de 180 países. Su valor no reside solo en la eficiencia técnica: permite acelerar el despliegue global de energía solar, reduciendo costes y tiempo de desarrollo. Aquí, el propósito es técnico y concreto: facilitar que la transición energética ocurra.
Libelium, nacida en Zaragoza en 2006, completa el panorama desde el ámbito del IoT y las ciudades inteligentes. Sus sensores se utilizan en monitorización del aire, gestión hídrica, agricultura inteligente y digitalización urbana. Tras su reestructuración en 2021, reforzó su estrategia ESG y participa en múltiples proyectos europeos deinnovación sostenible. Encaja en un modelo de scaleup donde la tecnología no solo optimiza procesos, sino que mejora servicios públicos y genera externalidades positivas directas.
Evitar el ‘purpose washing’
Pero estos casos virtuosos no deben ocultar un fenómeno paralelo: no toda empresa que habla de propósito lo integra en su estrategia. En España y en Europa se han multiplicado las alertas por el auge del purpose washing, heredero del greenwashing. Redactar declaraciones inspiradoras es sencillo; convertirlas en decisiones operativas y asumir el coste asociado es lo verdaderamente difícil. Esa distancia entre mensaje y realidad empresarial ha llevado a la búsqueda de mecanismos independientes que ayuden a distinguir compromiso de marketing.
Entre ellos destaca la certificación B Corp, que exige auditorías en gobernanza, derechos humanos, impacto medioambiental y social, así como cambios estatutarios que obligan a considerar a todos los grupos de interés. Según datos de la propia organización, las empresas certificadas muestran un impacto financiero un 30 % superior a la media del mercado, una correlación que refuerza la idea de que impacto y rendimiento no son opuestos.
A esta tendencia se suma otro factor clave: la presión regulatoria y social. Tanto consumidores como inversores valoran cada vez más la coherencia y la transparencia. Estudios recientes del Sustainability Sector Index de Kantar indican que una parte significativa de la población declara haber evitado marcas tras percibir prácticas negativas o información poco creíble. Este aumento de la desconfianza obliga a las empresas a demostrar impacto real mediante métricas verificables, no solo comunicación.
Para España, esta transición representa una oportunidad estratégica. Las scaleups con propósito se están posicionando en sectores de alto valor añadido —energías renovables, movilidad eléctrica, digitalización industrial, ciudades inteligentes— que coinciden con las prioridades europeas en inversión e innovación. Así, integrar propósito no es un lujo reputacional, sino una forma de operar en mercados donde la sostenibilidad y la eficiencia energética son requisitos regulatorios y motores de competitividad.
En 2025, emprender con propósito significa construir empresas capaces de crecer y, al mismo tiempo, resolver desafíos sistémicos como la descarbonización, la gestión urbana o la digitalización sostenible. Las scaleups que lideran esta tendencia muestran que el propósito, cuando se integra de forma auténtica y medible, no limita la competitividad: la impulsa. España tiene la oportunidad de consolidar un modelo en el que innovación, impacto y crecimiento avancen en la misma dirección.