Resumen generado por IA
El avance científico en semiconductores solo es el primer paso; el reto real es convertir prototipos en productos industriales capaces de fabricarse a gran escala. En el Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter, expertos señalaron que las startups deep tech enfrentan el “valle de la muerte” del scale-up: pasar de demostradores a producción requiere validar tecnologías en entornos industriales, garantizar fiabilidad y repetibilidad, acceder a equipamiento especializado y establecer relaciones con clientes. Para empresas de hardware estos requisitos implican inversiones mayores y ciclos más largos que en software, provocando desequilibrios en la financiación de la cadena de valor.
Para cerrar esa brecha se necesitan infraestructuras intermedias —pilot lines— que permitan probar procesos en condiciones industriales sin asumir costes de fábrica. Proyectos como InnoFab en Barcelona buscan ofrecer desde laboratorios tempranos hasta entornos de mayor madurez y equipamiento avanzado. Además, la industria exige demostrar resultados con datos y socios industriales para generar confianza; las startups deben transformarse culturalmente hacia prioridades de rendimiento y repetibilidad. El crecimiento sostenible también depende de talento especializado y programas de formación para operar fábricas complejas: sin infraestructura y personal capacitado, la escala industrial de las nuevas tecnologías será limitada.
Transformar un avance científico en un producto semiconductor escalable exige superar el complejo proceso conocido como lab-to-fab. Infraestructura industrial, financiación, confianza del mercado y ecosistemas de innovación resultan esenciales para que las startups deep tech logren cruzar ese valle de la muerte.
El desarrollo de nuevas tecnologías en semiconductores rara vez termina en el laboratorio. El verdadero desafío comienza cuando una idea científica debe convertirse en un producto industrial capaz de fabricarse a gran escala.
Este proceso -conocido en la industria como lab-to-fab– fue uno de los temas centrales del Future Trends Forum de Semiconductores de la Fundación Innovación Bankinter. En esta sesión participaron Antonio Mesquida, CEO de Tech-Diligence; Francisco J. Díaz, fundador y CEO de SPARC Foundry; y Jekaterina Viktorova, CEO y cofundadora de Syenta.
Los tres expertos analizan los obstáculos a los que se enfrentan las startups deep tech para escalar sus tecnologías, el papel de las infraestructuras industriales intermedias y la importancia de construir ecosistemas que permitan transformar investigación avanzada en compañías tecnológicas viables.
La conversación revela una realidad clave del sector: la innovación científica constituye solo el primer paso de un camino mucho más largo hacia la industrialización.
El auge de las startups deep tech en semiconductores
La industria de los semiconductores vive un momento singular. Durante décadas, el progreso tecnológico se centró principalmente en la miniaturización del transistor dentro de la tecnología CMOS.
Hoy el panorama se ha ampliado considerablemente. Junto a la evolución del CMOS, emergen nuevas áreas tecnológicas como:
- la fotónica integrada,
- la computación neuromórfica,
- las tecnologías cuánticas,
- nuevos materiales y arquitecturas de chip.
En estos campos están surgiendo numerosas startups tecnológicas, especialmente en Europa. Muchas de ellas trabajan en diseño de chips, nuevos procesos de fabricación o equipamiento especializado.
Esta diversificación tecnológica abre oportunidades inéditas para nuevos actores industriales. El liderazgo ya no depende exclusivamente de alcanzar el nodo más avanzado, sino también de desarrollar tecnologías diferenciadoras en áreas emergentes.
Sin embargo, convertir estas innovaciones en empresas sostenibles sigue siendo extremadamente difícil.
El “valle de la muerte” del scale-up
Uno de los mayores desafíos para las startups deep tech es superar el conocido “valle de la muerte” del escalado tecnológico.
Las primeras etapas de innovación suelen estar relativamente bien cubiertas: la investigación universitaria permite desarrollar prototipos y los primeros inversores pueden apoyar la creación de demostradores tecnológicos.
El problema aparece en la fase posterior. Para pasar de un prototipo funcional a un producto industrial es necesario:
- validar la tecnología en entornos industriales,
- demostrar fiabilidad y repetibilidad,
- acceder a equipamiento especializado,
- construir relaciones con clientes y socios industriales.
En el caso de tecnologías hardware, estos requisitos implican inversiones mucho mayores y ciclos de desarrollo más largos que en el software. Por esta razón, muchos inversores prefieren financiar empresas de diseño o software antes que compañías centradas en equipamiento o procesos de fabricación.
El resultado puede generar desequilibrios dentro de la cadena de valor, donde algunas áreas reciben más financiación que otras igualmente esenciales para el ecosistema.
Infraestructura industrial: el papel de las pilot lines
Para cerrar la brecha entre laboratorio e industria, los expertos destacan la importancia de crear infraestructuras intermedias de escalado tecnológico, conocidas como pilot lines.
Estas instalaciones permiten que startups y centros de investigación prueben sus tecnologías en un entorno industrial antes de dar el salto a la producción comercial. En ellas se puede trabajar con equipamiento real de fabricación y validar procesos en condiciones cercanas a las de una fábrica.
Un ejemplo de este enfoque es InnoFab, un proyecto en desarrollo en Barcelona destinado a crear una línea piloto para tecnologías beyond CMOS. La instalación incluirá:
- un entorno de laboratorio para tecnologías en fases tempranas,
- una infraestructura para procesos industriales de mayor madurez,
- espacios específicos para startups,
- acceso a equipamiento avanzado.
El objetivo es facilitar la transición desde niveles bajos de madurez tecnológica (Technology Readiness Levels, TRL) hasta tecnologías cercanas a la comercialización.
Para muchas startups hardware, el acceso a este tipo de infraestructuras resulta crítico. Permite demostrar el rendimiento de la tecnología en condiciones industriales sin asumir inversiones iniciales de decenas de millones de euros.
Confianza, datos y clientes: las claves para entrar en la industria
La industria de los semiconductores se caracteriza por una fuerte aversión al riesgo. Cada cambio tecnológico puede afectar a procesos de fabricación extremadamente complejos que requieren rendimientos cercanos al 100 % en cientos de etapas de producción.
En este contexto, la confianza se convierte en un activo fundamental para las startups tecnológicas.
Construir esa confianza exige demostrar la viabilidad de la tecnología mediante datos experimentales, pruebas industriales y validaciones con clientes. La colaboración con un primer socio industrial puede cambiar completamente la trayectoria de una empresa emergente, ya que proporciona credibilidad frente al resto del mercado.
Además, los equipos emprendedores deben afrontar un cambio cultural importante. Muchas startups nacen como spin-offs académicos centrados en la investigación. Convertirse en una empresa industrial implica adoptar nuevas prioridades: rendimiento, fiabilidad, repetibilidad y producción a escala.
De prototipo a producto: traducir la ciencia a procesos industriales
Uno de los obstáculos más complejos del proceso lab-to-fab consiste en traducir los procesos de laboratorio a procesos compatibles con fábricas industriales.
En el entorno académico, los investigadores suelen emplear técnicas experimentales adaptadas a la investigación: procesos manuales, herramientas de laboratorio o métodos de fabricación que priorizan la flexibilidad.
Las fábricas de semiconductores operan de forma muy diferente. Los procesos deben estar totalmente automatizados, ser compatibles con herramientas industriales y garantizar una repetibilidad extrema.
Esto obliga a rediseñar muchos aspectos del proceso tecnológico antes de poder escalar la producción. En muchos casos, el reto no consiste en demostrar que una tecnología funciona, sino en adaptarla a un entorno industrial capaz de producir miles o millones de dispositivos.
Este paso intermedio requiere conocimiento especializado en procesos, acceso a equipamiento avanzado y colaboración estrecha entre científicos, ingenieros y fabricantes.
Talento e infraestructura: los recursos críticos del scale-up
Además de capital y tecnología, el crecimiento del sector dependerá cada vez más de dos recursos estratégicos: infraestructura industrial y talento especializado.
La expansión global de nuevas fábricas de semiconductores exigirá miles de técnicos, ingenieros y operadores capaces de trabajar con equipamiento altamente sofisticado.
Formar esta fuerza laboral constituye uno de los grandes desafíos del sector en los próximos años. Las fábricas no necesitan únicamente científicos o investigadores, sino también técnicos especializados capaces de operar y mantener sistemas de producción complejos.
Sin una estrategia clara de formación y desarrollo de talento, el crecimiento industrial del sector podría enfrentarse a cuellos de botella significativos.
Ver las ponencias
Para profundizar en los desafíos del proceso lab-to-fab, el papel de las startups deep tech y las estrategias para escalar nuevas tecnologías en semiconductores, puedes ver la ponencia de Antonio Mesquida (Tech-Diligence), y la posterior mesa redonda junto con Francisco J. Díaz (SPARC Foundry) y Jekaterina Viktorova (Syenta) en el Future Trends Forum de Semiconductores de la Fundación Innovación Bankinter:
Antonio Mesquida: «Crossing the Second Valley of Death in Deep Tech» #semiconductors
Antonio Mesquida/Francisco J.Diaz/Jekaterina Viktorova: Pilot Lines-Bridging the Gap #semiconductors
En esta conversación, los expertos analizan cómo transformar investigación avanzada en empresas tecnológicas reales, qué obstáculos enfrentan las startups hardware y por qué el desarrollo de infraestructuras de escalado será clave para el futuro de la innovación en la industria del chip.
Director ejecutivo de Tech-Diligence