Resumen generado por IA
El learning-by-doing es una metodología educativa que promueve el aprendizaje a través de la experiencia directa en entornos reales, buscando motivar al estudiante y conectar la educación con aplicaciones prácticas. Un ejemplo ilustrativo es el método Waldorf para enseñar la resta: los alumnos recolectan bellotas, observan una historia sobre una ardilla y experimentan físicamente la pérdida de bellotas, lo que les ayuda a comprender la utilidad de la operación matemática de forma vivencial y emocional. Este enfoque favorece la retención y el interés del alumnado al asociar el aprendizaje con experiencias significativas.
Esta metodología, lejos de ser exclusiva para la educación infantil, se está implementando también en la universidad para disminuir la brecha entre la formación académica y las demandas del mundo laboral. Instituciones como la Universidad CODE en Alemania o la Universidad de Ciencias Aplicadas de Alta Austria integran proyectos reales en colaboración con empresas, donde los estudiantes resuelven problemas concretos y aportan soluciones que tienen impacto real. Esto no solo incrementa la motivación y el compromiso de los alumnos, sino que también mantiene actualizados los contenidos educativos y facilita la creación de una red profesional valiosa para su futuro.
En resumen, el learning-by-doing conecta la teoría con la práctica y las emociones, generando aprendizajes más efectivos y significativos, y fomentando una mejor preparación y vinculación entre estudiantes, universidades y empresas.
El learning-by-doing es una metodología que puede ayudar a cerrar la brecha entre universidad y empresa.
¿Qué pensamos cuando nos enseñaron a restar? Es probable que no lo recordemos. También es probable que pensáramos: “¿Para qué necesito yo aprender esto?”. Las aplicaciones educativas siempre han sido el gran caballo de batalla de la motivación del estudiante. Un problema al que metodologías como el learning-by-doing pretenden poner solución de una vez por todas.
Qué es el learning-by-doing
La metodología del learning-by-doing apuesta por que los alumnos aprendan experimentando en un entorno real, tal y como recoge Megatrends 2023 de Fundación Innovación Bankinter. Es una de las metodologías de enseñanza que, según este informe, pueden contribuir a cerrar la brecha entre universidad y empresa.
Para comprender en qué consiste, resulta útil tomar un ejemplo de la pedagogía Waldorf, basada en la educación experiencial. Sus alumnos aprenden a restar a partir de una historia que les resulta atractiva, por ejemplo, sobre una ardilla que recoge bellotas para su nido. Antes de escuchar esa historia, los alumnos han recogido bellotas para su mesa de naturaleza y han observado el nido de una ardilla en lo alto de un árbol cercano a la escuela.
A medida que la ardilla de la historia reúne sus 20 bellotas, los alumnos las dibujan. En su camino hacia el nido, la ardilla pierde diez bellotas, que los alumnos deben tachar en sus dibujos. Después, deben contarlas y volver a dibujarlas al pie de un árbol. Solo entonces es cuando el profesor les explica que hay un método matemático más eficiente para saber cuántas bellotas se han caído: la resta. Es tan fácil como escribir 20-10.
El alumno no se pregunta para qué necesita aprender a restar: ya sabe que es más rápido y eficiente que dibujar bellotas y tacharlas. También que se trata de algo vinculado a la ardilla que ha visto fuera y a su propia experiencia recogiendo bellotas para la escuela.
Ventajas del learning-by-doing
Este ejemplo de la pedagogía Waldorf resume las principales ventajas del learning-by-doing. Por un lado, los alumnos encuentran motivación para aprender en una historia de su interés y vinculada a su propia experiencia. Por el otro, la refuerzan al dar sentido a lo aprendido. Las aplicaciones educativas son tan evidentes como estimulantes para el alumno.
Todo esto tiene mucho que ver con el aspecto emocional del aprendizaje, que destacaba el experto en neuroeducación David Bueno, investigador y profesor de la Universidad de Barcelona, en el podcast Innoverse de la Fundación Innovación Bankinter. Según explicaba, el cerebro interpreta como algo importante cualquier aprendizaje que tenga emociones asociadas. Esto provoca, a su vez, que el proceso sea más eficiente.
En el caso del learning-by-doing, es la propia experiencia del alumno la que facilita la asociación de emociones positivas a lo que acaba de aprender. Como consecuencia, recordará mejor lo aprendido y no solo eso: seguirá motivado para seguir aprendiendo.
Learning-by-doing: mucho más que bellotas y ardillas
Aunque pueda parecerlo, el learning-by-doing no es un método exclusivo para etapas tempranas de la educación en escuelas que parecen sacadas de un cuento de hadas. De hecho, se considera cada vez más como una alternativa valiosa para acercar lo que ofrece la universidad a sus alumnos a aquello que las empresas necesitan de ellos.
De hecho, esa falta de entendimiento entre instituciones educativas y compañías es uno de los principales escollos que dificultan una educación realmente efectiva, tal y como recuerda Megatrends 2023. Por esa razón, varias universidades han decidido incorporar la metodología learning-by-doing, que permite a los alumnos aprender en un entorno real.
¿Dónde encontrar ejemplos de estas aplicaciones educativas? Tal vez sea buen idea acudir a buscarlos a países famosos por bordar la cooperación entre centros educativos y empresas desde hace años, con iniciativas como la Formación Profesional Dual. Efectivamente, en Austria y Alemania el learning-by-doing se abre paso ya en algunos campus universitarios.
Ejemplos de learning-by-doing en la universidad
Uno de los ejemplos más notorios del learning-by-doing en la educación superior es la Universidad CODE de Alemania. Tal y como apuntaba Svenia Busson, fundadora de LearnSpace y de Edtech Tours, en esta institución los alumnos trabajan mano a mano con las empresas en proyectos con clientes reales.
Los estudiantes de la Universidad CODE aprenden experimentando en un entorno real y aportan su trabajo a las empresas. También les sirven como recurso intelectual: no es extraño que las compañías les planteen un reto real y pidan a los alumnos que les ayuden a resolverlo. De esta manera, los alumnos encuentran fácilmente el sentido a lo que están haciendo. Como consecuencia, su motivación es muy elevada.
La Universidad de Ciencias Aplicadas de Alta Austria desarrolla un enfoque parecido. Los alumnos de su programa “Producción y Gestión Inteligente” han analizado in situ una cadena de producción propensa a errores en una planta automovilística y propuesto soluciones a la compañía propietaria.
A los de «Gestión de Procesos e Inteligencia Comercial», un fabricante de tecnología contra incendios les pidió comparar los procesos logísticos de dos de sus plantas. No solo lo hicieron, sino que, además, sugirieron nuevos modelos para esos procesos.
Aportar valor real
Estos proyectos que desarrollan los alumnos no acaban en un cajón o adheridos con un imán a la nevera de algún progenitor orgulloso: sus sugerencias marcan la diferencia en las empresas a las que se dirigen, lo que a su vez facilita a los estudiantes mantener una motivación elevada.
La colaboración constante y estrecha con las empresas también permite a la universidad mantener permanentemente actualizados los contenidos de sus cursos. Y a los alumnos, forjar una red de contactos valiosa para su futuro profesional.