El futuro del espacio: Michael López-Alegría y el nacimiento de la economía orbital

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La Fundación Innovación Bankinter, a través de su serie de webinars Horizons of Innovation, aborda el surgimiento de la economía espacial como una de las transformaciones tecnológicas más relevantes para la próxima década. En una sesión moderada por Frances Sellers y presentada por Marce Cancho, se contó con la participación de Michael López-Alegría, astronauta y Chief Astronaut de Axiom Space, quien destacó cómo el sector espacial está evolucionando de una actividad gubernamental a un modelo híbrido donde el sector privado juega un papel crucial. Empresas como SpaceX, Blue Origin y Axiom Space impulsan la innovación, reducen costos y amplían el acceso al espacio, mientras que la próxima estación espacial será de naturaleza comercial, orientada a combinar investigación científica con actividades industriales y comerciales.

Además, se destacó el potencial de la microgravedad para la fabricación avanzada y la investigación médica, con aplicaciones en semiconductores, biotecnología y nuevos tratamientos contra el cáncer. La economía espacial se perfila como una infraestructura digital avanzada, donde el procesamiento de datos en órbita y la exploración lunar servirán como base para futuras misiones interplanetarias. España también está emergiendo como un actor relevante en esta cadena global. López-Alegría concluye que el futuro del espacio requerirá perfiles diversos, incluyendo artistas y creadores, reflejando una apertura social y económica sin precedentes en la exploración espacial.

Michael López-Alegría explica cómo las estaciones espaciales privadas, la fabricación en microgravedad, los centros de datos orbitales y el regreso a la Luna están transformando el futuro del espacio.

La Fundación Innovación Bankinter continúa explorando las grandes fronteras de la innovación con su serie de webinars Horizons of Innovation, un espacio dedicado a conversar con algunos de los protagonistas que están definiendo el futuro de la ciencia, la tecnología y los negocios.

En esta ocasión, la sesión, presentada por Marce Cancho, directora del Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter, nos lleva más allá de la atmósfera terrestre para analizar una de las transformaciones tecnológicas con mayor potencial de impacto durante la próxima década: el nacimiento de la economía espacial.

Esta conversación conecta además con Megatrends 2026, la iniciativa de la Fundación Innovación Bankinter que identifica las grandes tendencias con mayor potencial para transformar la economía y la sociedad durante la próxima década. Entre ellas, la nueva economía espacial emerge como uno de los ámbitos donde convergen innovación tecnológica, nuevas infraestructuras, soberanía estratégica y oportunidades empresariales.

Para explorar este escenario contamos con Michael López-Alegría, astronauta, excomandante de la Estación Espacial Internacional (ISS) y actual Chief Astronaut de Axiom Space. Nacido en Madrid y con una trayectoria que incluye cuatro misiones espaciales, diez paseos espaciales y más de dos décadas en la NASA, López-Alegría es una de las figuras que mejor representan la transición desde la exploración espacial impulsada por gobiernos hacia una nueva era marcada por la participación del sector privado.

Durante la conversación, moderada por Frances Sellers, editora senior de The Washington Post y colaboradora habitual del Future Trends Forum, emerge una idea central: el espacio está dejando de ser únicamente un entorno para la investigación científica y comienza a convertirse en una nueva infraestructura económica.

Del programa espacial gubernamental a la economía espacial

La carrera profesional de Michael López-Alegría refleja perfectamente la evolución que está experimentando el sector.

Cuando fue seleccionado como astronauta por la NASA en 1992, la exploración espacial tripulada era una actividad prácticamente reservada a las agencias gubernamentales. Durante décadas, los estados diseñaban las naves, desarrollaban la tecnología, operaban las misiones y financiaban toda la infraestructura necesaria.

Hoy el panorama es muy diferente.

Según explica López-Alegría, la industria está viviendo una transición histórica hacia un modelo híbrido donde gobiernos y empresas colaboran para desarrollar nuevas capacidades espaciales. La aparición de compañías como SpaceX, Blue Origin o Axiom Space ha permitido acelerar la innovación, reducir costes y abrir oportunidades a nuevos actores.

Esta transformación también está ampliando el acceso al espacio. En las cuatro misiones privadas que Axiom ha llevado a la Estación Espacial Internacional han participado representantes de once países diferentes, algunos de los cuales nunca habían enviado antes a una persona al espacio.

Para López-Alegría, este cambio tiene un impacto que va más allá de la tecnología. También impulsa nuevas vocaciones científicas, fortalece industrias nacionales y permite que más países formen parte de una economía espacial global que apenas está comenzando.

La próxima estación espacial será comercial

Uno de los cambios más importantes de esta década llegará con el final de la Estación Espacial Internacional.

La ISS ha sido durante más de veinte años el principal laboratorio orbital de la humanidad. Sin embargo, su retirada está prevista para finales de esta década y, hasta ahora, ninguna de las agencias espaciales participantes ha anunciado planes para construir una nueva plataforma gubernamental equivalente.

Ese vacío es precisamente el que las empresas privadas pretenden ocupar.

Axiom Space desarrolla una estación espacial comercial formada por varios módulos. Su plan contempla que un primer módulo se acople a la ISS y facilite la transferencia de infraestructura y cargas útiles, antes de evolucionar hacia una estación independiente con capacidad de investigación, fabricación y alojamiento para tripulación. El objetivo es garantizar la continuidad de la investigación en microgravedad y abrir la puerta a nuevas actividades comerciales imposibles de desarrollar en una infraestructura financiada con fondos públicos.

La diferencia es significativa. Mientras que una estación gubernamental debe centrarse principalmente en investigación científica, una plataforma comercial puede combinar investigación, desarrollo industrial, fabricación avanzada, demostración tecnológica, producción audiovisual o incluso nuevas formas de servicios espaciales.

Para López-Alegría, esta evolución es imprescindible. Operar una estación espacial requiere inversiones enormes y solo será sostenible si consigue generar actividad económica suficiente para justificar su existencia.

La microgravedad como plataforma industrial

Cuando pensamos en investigación espacial solemos imaginar experimentos científicos complejos. Sin embargo, una de las oportunidades más prometedoras está relacionada con la fabricación.

La microgravedad elimina fenómenos físicos como la sedimentación, la flotabilidad o determinadas corrientes de convección que condicionan muchos procesos industriales en la Tierra. Como consecuencia, algunos materiales pueden crecer con una pureza y uniformidad imposibles de conseguir en nuestro planeta.

Entre las aplicaciones más prometedoras destacan los semiconductores avanzados, los materiales de alto rendimiento, la fibra óptica y determinadas estructuras cristalinas utilizadas en biotecnología y farmacéutica.

La investigación médica es otro de los campos que más interés está despertando. López-Alegría explica que tanto las células sanas como las cancerosas se comportan de forma diferente en microgravedad, lo que permite estudiar mecanismos biológicos difíciles de observar en la Tierra.

Un ejemplo reciente es el desarrollo de mejoras en la administración de Keytruda, uno de los tratamientos más utilizados contra diversos tipos de cáncer. Investigaciones realizadas en órbita han contribuido a facilitar nuevas formas de administración menos invasivas para los pacientes.

La gran incógnita sigue siendo económica. Aunque los costes de acceso al espacio han disminuido drásticamente gracias a los sistemas reutilizables, todavía es necesario demostrar que la fabricación orbital puede escalar hasta convertirse en una actividad rentable.

El traje espacial del futuro ya se está diseñando

Mientras trabaja en la futura estación espacial, Axiom también participa en uno de los programas más ambiciosos de la actualidad: el regreso de los seres humanos a la Luna.

La compañía desarrolla los trajes espaciales que utilizarán los astronautas de las futuras misiones Artemis.

El diseño de estos sistemas exige resolver desafíos extremadamente complejos. Los astronautas deberán operar en un entorno con temperaturas extremas, radiación, polvo lunar y largos periodos de actividad física.

Uno de los elementos más innovadores es el sistema interno de refrigeración, una prenda equipada con una red de tubos por los que circula agua para regular la temperatura corporal. Curiosamente, el calor que experimenta un astronauta depende más del esfuerzo físico realizado que de la exposición al Sol o a la sombra.

El proyecto también ilustra cómo la exploración espacial se está convirtiendo en un ecosistema multidisciplinar. Axiom ha reunido a socios procedentes de industrias muy diversas para desarrollar los nuevos trajes lunares del programa Artemis. Prada participa en el diseño de componentes textiles avanzados y en la optimización ergonómica de las prendas que utilizan los astronautas bajo el traje presurizado. Oakley, especialista en óptica deportiva de alto rendimiento, colabora en el desarrollo de los visores y sistemas de protección visual, un aspecto especialmente importante en el polo sur lunar, donde los fuertes contrastes entre luz y sombra dificultan la visibilidad. Por su parte, Nokia trabaja en tecnologías de comunicaciones que contribuirán a las futuras infraestructuras lunares, un ámbito en el que la compañía ya colabora con la NASA en el despliegue de redes de comunicaciones avanzadas para la superficie de la Luna. La participación de estas compañías refleja cómo la próxima generación de misiones espaciales se construirá gracias a la convergencia de sectores tan distintos como la moda, las telecomunicaciones, la óptica o la ingeniería aeroespacial.

En realidad, la nueva economía espacial se parece cada vez menos a la NASA de los años sesenta y cada vez más a una compleja cadena de valor global donde colaboran empresas especializadas en materiales, software, energía, comunicaciones, salud o diseño industrial.

El espacio como nueva infraestructura económica

Más allá de los lanzamientos y la exploración, López-Alegría dibuja una visión mucho más amplia sobre el futuro económico del espacio.

Uno de los conceptos que más interés genera actualmente es el de los centros de datos orbitales.

Miles de satélites observan continuamente la Tierra utilizando sensores ópticos, radares y sistemas de monitorización avanzados. El volumen de información generado es enorme y la capacidad para transmitir todos esos datos a la superficie sigue siendo limitada.

La solución podría consistir en procesar la información directamente en órbita.

En lugar de enviar enormes cantidades de datos sin filtrar, los sistemas espaciales podrían analizar la información en tiempo real y transmitir únicamente los resultados relevantes. Como explica López-Alegría, se trataría de enviar la aguja en lugar de todo el pajar.

La evolución de las comunicaciones ópticas, capaces de ofrecer anchos de banda muy superiores a las radiofrecuencias tradicionales, acelerará esta tendencia.

Según su visión, el espacio podría convertirse en una extensión natural de la infraestructura digital global, incorporando procesamiento de datos, almacenamiento, inteligencia artificial y nuevas capacidades de observación de la Tierra.

La Luna como ensayo general para Marte

Uno de los mensajes más interesantes de la conversación surge al hablar del programa Artemis.

Para López-Alegría, el objetivo de volver a la Luna no consiste simplemente en repetir la hazaña de las misiones Apolo. La diferencia es que esta vez se busca construir una presencia permanente.

“La Luna será, en cierto modo, una Estación Espacial Internacional sobre una superficie planetaria”, viene a explicar durante la conversación.

La razón es sencilla: todavía no estamos preparados para viajar a Marte. Con la tecnología actual, una misión marciana requeriría entre seis y ocho meses de viaje de ida, otros tantos de regreso y una estancia prolongada en el planeta para que la operación tuviera sentido. Antes de afrontar ese desafío es necesario aprender a vivir y trabajar de forma sostenible fuera de la Tierra.

La Luna ofrece el entorno ideal para hacerlo. Los investigadores podrán experimentar con la extracción de hielo de agua en los polos lunares, la producción de combustible utilizando recursos locales, la construcción de infraestructuras con materiales presentes en la superficie y el desarrollo de sistemas de soporte vital cada vez más autónomos.

Todo ello servirá como preparación para futuras misiones interplanetarias.

La ambición es enorme. López-Alegría considera que las futuras bases lunares se medirán en décadas de actividad, no en años.

Una nueva diplomacia espacial

La cooperación internacional ha sido uno de los grandes éxitos de la Estación Espacial Internacional.

Durante décadas, astronautas estadounidenses, europeos, japoneses, canadienses y rusos han convivido y trabajado juntos en órbita incluso durante periodos de tensión geopolítica en la Tierra. Según López-Alegría, este legado seguirá siendo fundamental en la próxima etapa.

Europa está impulsando una mayor autonomía en capacidades espaciales, mientras que los ecosistemas comerciales están creando nuevas oportunidades de colaboración internacional. Cada vez es más frecuente que empresas de distintos países participen conjuntamente en cadenas de suministro espaciales globales.

España también forma parte de esta tendencia. López-Alegría destaca el crecimiento del ecosistema espacial español y la calidad de la formación técnica de sus ingenieros. Ese potencial ya se ve en compañías como Satlantis, especializada en soluciones para pequeños satélites y observación de la Tierra basadas en tecnología óptica espacial, y PLD Space, la empresa alicantina que está desarrollando la familia de lanzadores Miura y que la propia Fundación Innovación Bankinter ha destacado como ejemplo de comercialización del espacio desde España.

Estos casos muestran que España puede jugar un papel relevante en la nueva cadena de valor espacial: desde la captura y procesamiento de datos hasta el acceso al espacio. En un contexto donde las estaciones comerciales, los satélites de observación y las infraestructuras orbitales ganan peso, el talento tecnológico español puede convertirse en una ventaja competitiva.

El futuro también necesitará poetas

La conversación concluye con una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué debe estudiar alguien que quiera convertirse en astronauta?

La respuesta de López-Alegría resulta reveladora. Hoy en día siguen predominando perfiles técnicos relacionados con la ingeniería, la medicina, la física o las ciencias. Sin embargo, insiste en que no existe una carrera específica para convertirse en astronauta.

Lo más importante es desarrollar competencias sólidas, aprender a trabajar en equipo y dedicarse a aquello que realmente apasiona.

De hecho, está convencido de que el futuro del espacio requerirá perfiles mucho más diversos.

“Algún día tendremos que llevar también poetas, artistas, periodistas y creadores”, afirma.

La frase resume perfectamente el momento que vive la exploración espacial. Durante décadas, el espacio fue territorio exclusivo de ingenieros, científicos y militares. Ahora empieza a abrirse a toda la sociedad.

Las estaciones espaciales comerciales, la fabricación orbital, los centros de datos en órbita y las futuras bases lunares son solo los primeros pasos de una transformación mucho más profunda.

La economía espacial ya no pertenece únicamente a las agencias gubernamentales. Está empezando a convertirse en una nueva frontera para la innovación, la industria y los negocios.

Y, según Michael López-Alegría, apenas estamos viendo el comienzo.

El próximo webinar de la Fundación Innovación Bankinter estará dedicado a otra de las tecnologías que están redefiniendo la economía global: los semiconductores. Bajo el título «El ecosistema global de los semiconductores: entendiendo la cadena de valor«, el 25 de junio contaremos con Dr.-Ing. Antonio Mesquida para analizar cómo se articula la industria mundial de los chips, cuáles son los principales actores de esta cadena de valor y por qué los semiconductores se han convertido en un elemento central de la soberanía tecnológica y la competitividad industrial.

Puedes consultar toda la información e inscribirte aquí:https://www.fundacionbankinter.org/eventos/el-ecosistema-global-de-los-semiconductores-entendiendo-la-cadena-de-valor/