Resumen generado por IA
El texto de la Fundación Innovación Bankinter aborda la importancia de utilizar correctamente términos como “envejecimiento”, “longevidad”, “esperanza de vida” y “esperanza de vida sana”, ya que, además de su significado, estas palabras tienen connotaciones emocionales que pueden causar confusión y desinformación. El envejecimiento es un proceso natural e inevitable que implica la acumulación de daño molecular y celular en el cuerpo, limitando la longevidad y la salud a lo largo del tiempo. Aunque las especies más longevas acumulan daño más lentamente, los individuos no pueden reducir significativamente esta tasa mediante hábitos saludables, aunque sí pueden evitar aumentarla con conductas perjudiciales.
La esperanza de vida saludable se refiere al tiempo durante el cual una persona mantiene un buen estado de salud, pero es un concepto difícil de medir debido a la falta de consenso sobre cuándo comienza el deterioro. Por otro lado, la longevidad indica la cantidad de años que vive una persona en concreto, mientras que la esperanza de vida es una estimación estadística de cuántos años podría vivir alguien en ausencia de eventos adversos. El texto advierte sobre la frecuente confusión entre estos términos, que puede llevar a imaginar que un aumento en la esperanza de vida médica implica prolongar el tiempo de mala salud, lo que genera rechazo hacia los avances en longevidad. Es fundamental entender correctamente estos conceptos para valorar y apoyar el desarrollo de mejoras en salud y longevidad.
Aclaremos en primer lugar qué significan realmente estas palabras, y analicemos a continuación las dañinas consecuencias de confundir sus significados.
Extracto de la Publicación de Longevidad de la Fundación Innovación Bankinter.
Todos deberíamos tener más cuidado con el uso que hacemos de términos como “envejecimiento”, “longevidad”, “esperanza de vida” y “esperanza de vida sana”. Como todas las palabras, además de denotar un significado, acarrean ciertas connotaciones: una carga emocional que inevitablemente acude a la mente de quien las oye. Y, desafortunadamente, algunas de esas connotaciones nos despistan y nos inducen a error, con nefastas consecuencias.
Aclaremos en primer lugar qué significan realmente estas palabras, y analicemos a continuación las dañinas consecuencias de confundir sus significados.
¿Que es el envejecimiento?
El “envejecimiento” es un proceso que experimentan todos los animales superiores y que limita la longevidad, la esperanza de vida y la esperanza de vida sana. Se trata de la acumulación, a lo largo de la vida, de cambios moleculares y celulares en la estructura y la composición del cuerpo. Estos cambios son consecuencia inherente del funcionamiento normal del cuerpo y, por tanto, son inevitables. Lo que es más: aunque es cierto que las especies más longevas acumulan el daño más lentamente que el resto, un individuo en concreto no puede reducir su índice mínimo de acumulación mediante la optimización de su estilo de vida, su dieta, o ningún otro factor. Cabe destacar, sin embargo, que ciertos hábitos muy perjudiciales sí pueden incrementarlo.
¿Y por qué son tan importantes estos cambios? Pues porque el cuerpo está diseñado para funcionar mejor cuando estos aún no se han producido, o solo se han producido en cierta medida. Llega un momento en que la cantidad de cambios es tal que obstaculiza, y finalmente impide por completo, el funcionamiento del cuerpo. Por eso denominamos a estos cambios “daño”.
¿Qué es la esperanza de vida saludable?
Este concepto denota, obviamente, cuánto tiempo se mantiene sana una persona, pero en relación con la edad. Así, esta idea describe durante cuánto tiempo evita una persona un mal estado de salud permanente resultado de la acumulación de daño, empezando a contar desde el momento del nacimiento. Es un concepto difícil de cuantificar, ya que no todo el mundo está de acuerdo en cuál debe ser el umbral de deterioro mental y/o físico a partir del cual se considera que alguien tiene mala salud.
¿Qué es la longevidad? ¿y la esperanza de vida?
“Longevidad” y “esperanza de vida” suelen utilizarse como sinónimos, pero en realidad “longevidad” se refiere a cuántos años vive un individuo en concreto antes de morir, mientras que “esperanza de vida” denota cuántos años podría vivir una persona si no tiene la mala suerte de que le ocurra alguna desgracia.
¿Y qué ocurre con la carga emocional? Pues bien, el principal problema es que casi todo el mundo tiende a olvidar que la esperanza de vida está íntimamente ligada a la esperanza de vida sana. Es muy fácil: cuanto más enfermo esté alguien, más probabilidades hay de que muera pronto. El problema es que, al olvidar la relación entre estos dos conceptos, tendemos a imaginar que, en un mundo donde los avances médicos hayan alargado la vida, la vida sana seguirá teniendo la misma duración. Sería un mundo donde las personas permanecerían más años en el estado de salud que, hoy en día, indica que a alguien le queda poco tiempo de vida. Sin duda, no es una imagen muy atractiva. Esta confusión genera un desinterés o incluso un rechazo injustificados hacia el desarrollo de dichos avances. ¡Dejemos de cometer ese error!
Si quieres saber más, descarga la publicación de longevidad.