Energía de Fusión en España: ciencia, innovación y talento, con Manuel García

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La energía de fusión está dejando atrás la fase de promesa lejana para entrar en una etapa concreta de validación tecnológica e industrial, con España posicionándose como un actor relevante en esta transición. Manuel García Muñoz, catedrático de la Universidad de Sevilla, destacó en un webinar organizado por Fundación Innovación Bankinter el potencial español a través de proyectos como el tokamak SMART, la estrategia Fusion to Grid y la infraestructura IFMIF-DONES. SMART, un tokamak esférico compacto diseñado para validar configuraciones avanzadas, busca reducir tamaño, coste y complejidad, impulsando una plataforma industrial innovadora en Sevilla que conecta ciencia, talento y mercado. Esta iniciativa aspira a convertirse en una spin-off de alto impacto llamada SMART Fusion Energy, que transformará la investigación en capacidad industrial.

El avance global de la fusión se sustenta en hitos científicos como la ignición en el National Ignition Facility y progresos en superconductores y control del plasma, además del creciente interés privado y público. La hoja de ruta para España incluye la planta piloto BRIGHT, que validará tecnologías con un enfoque realista en escalabilidad y operación fiable. Además, IFMIF-DONES, en Granada, jugará un papel estratégico al probar materiales bajo condiciones similares a las de reactores de fusión, garantizando durabilidad y seguridad. La fusión ofrece un perfil seguro y con potencial para una energía descarbonizada y firme, donde la compacidad del diseño será clave para reducir costes y facilitar su despliegue internacional. Así, España no solo busca participar, sino liderar en la creación de valor industrial en esta prometedora tecnología.

La energía de fusión ha dejado de ser una promesa remota para entrar en una fase de validación tecnológica e industrial. En el webinar de Fundación Innovación Bankinter, Manuel García Muñoz explicó por qué España puede jugar un papel relevante en esa carrera global gracias al tokamak SMART, la estrategia Fusion to Grid y el valor estratégico de IFMIF-DONES.

La energía de fusión empieza a salir del terreno de la promesa lejana para entrar en una fase más concreta de validación tecnológica e industrial. En el webinar organizado por Fundación Innovación Bankinter, Manuel García Muñoz, catedrático de la Universidad de Sevilla, explicó por qué España puede ocupar una posición relevante en esta nueva etapa. Su intervención conectó ciencia de frontera, desarrollo industrial y visión de mercado a través de tres piezas clave: el tokamak SMART, la estrategia Fusion to Grid y el papel estratégico de IFMIF-DONES.

La energía de fusión acelera su carrera global y España empieza a ganar visibilidad en ese mapa. Esa es una de las grandes conclusiones que también atraviesa FusionForward, la reflexión del Future Trends Forum de Fundación Innovación Bankinter sobre una tecnología que avanza desde la promesa científica hacia la validación industrial. Presentado por José Carlos Huerta, director del programa Startups de Fundación Innovación Bankinter, el webinar enmarcó la conversación en una cuestión decisiva: cómo conectar ciencia de frontera, talento investigador y mercado. En ese contexto, la sesión protagonizada por Manuel García Muñoz, catedrático de la Universidad de Sevilla, ofreció una imagen muy concreta de cómo esa transición puede tomar forma desde nuestro país: un proyecto experimental pionero, una arquitectura propia de reactor, una futura spin-off de alto impacto y una visión de largo plazo que une laboratorio, mercado y soberanía tecnológica.

Si quieres ver el webinar completo, puedes hacerlo aquí:

Energía de Fusión en España: Ciencia, Innovación y Talento con Manuel García

Un nuevo momento para la fusión

Durante décadas, la fusión vivió rodeada de una mezcla de fascinación y distancia. Fascinación, porque representa la posibilidad de reproducir en la Tierra la energía que impulsa a las estrellas. Distancia, porque su desarrollo siempre parecía situado unas décadas por delante del presente. Hoy esa percepción está cambiando.

Los avances recientes en superconductores de alta temperatura, modelización, control del plasma, electrónica de potencia y sistemas de integración han dado al sector una nueva solidez. A eso se suma una movilización creciente de capital privado, el refuerzo de programas públicos y la aparición de startups que buscan acelerar la llegada de plantas piloto. La conversación ha cambiado. La fusión sigue siendo un reto científico enorme, pero ya se plantea también como una cuestión industrial, empresarial y geoestratégica.

Ese es el terreno en el que se movió la intervención de Manuel García Muñoz. Su presentación situó a España dentro de esa carrera global con una propuesta diferenciada: desarrollar la central de fusión más compacta posible y construir alrededor de ella una nueva plataforma de innovación industrial.

La energía de las estrellas

García Muñoz comenzó por lo esencial: explicar qué hace de la fusión una tecnología tan singular. La fusión es el proceso que alimenta al Sol y a las estrellas. En la ruta que hoy se considera más prometedora para los primeros reactores comerciales, dos isótopos del hidrógeno, deuterio y tritio, se unen para liberar una enorme cantidad de energía. Esa es la reacción que hoy concentra buena parte de los esfuerzos internacionales, porque combina un alto potencial energético con una vía tecnológica ya muy estudiada.

La escala resulta difícil de imaginar y por eso recurrió a comparaciones muy visuales. Unos pocos gramos de combustible de fusión pueden equivaler a la energía contenida en decenas de toneladas de carbón. Esa densidad energética convierte a la fusión en una aspiración extraordinaria para un sistema energético que busca firmeza, descarbonización y seguridad de suministro.

La potencia de esa promesa convive con una exigencia tecnológica extrema. Para lograr fusión en la Tierra es necesario alcanzar temperaturas superiores a los 100 millones de grados y mantener un plasma estable en condiciones de control muy precisas. Ahí aparece el gran reto contemporáneo: convertir una física extraordinaria en un sistema operable, fiable y escalable.

Del plasma a la planta

La fusión avanza hoy sobre bases mucho más sólidas que hace apenas unos años. Manuel García Muñoz recordó que hitos como la ignición lograda en el National Ignition Facility, los récords de JET y los avances en superconductores de alta temperatura, láseres y electrónica de potencia han acercado la tecnología a una nueva fase. En ese recorrido, un indicador clave es la Q, o ganancia energética del reactor: una forma simple de medir si el sistema produce más energía de la que necesita para sostener la reacción. Superar Q>1 significa entrar en el terreno de la energía neta, y ahí se apoyan buena parte de las nuevas hojas de ruta del sector.

En paralelo, la irrupción de startups y capital privado ha cambiado el ritmo del sector. El caso más visible es Commonwealth Fusion Systems, la spin-off del MIT que ha ayudado a demostrar que la fusión también puede atraer grandes fondos, acelerar calendarios y empujar la transición desde el laboratorio hacia proyectos de planta mucho más concretos. En ese nuevo escenario, el desafío ya no consiste solo en demostrar que la fusión funciona en física. El reto es convertir esa demostración en un sistema viable, integrable en red, escalable y económicamente razonable. Ese es el punto en el que la ciencia se encuentra con la industria.

Fuente: Fusion4Energy

La apuesta de Sevilla

La propuesta que lidera García Muñoz parte de una idea muy concreta: si se logra reducir el tamaño de la futura planta de fusión, también puede reducirse su complejidad, su coste y su tiempo de desarrollo. Desde esa lógica nace SMART, un tokamak esférico diseñado para validar una configuración avanzada que pueda servir como base para reactores más compactos y competitivos.

La estrategia que lidera el equipo de García Muñoz busca desarrollar la central de fusión más compacta posible a partir de una combinación tecnológica muy concreta: tokamak esférico, superconductores de alta temperatura y triangularidad negativa.

La clave está en la integración de esas tres palancas dentro de una arquitectura propia. La compacidad aparece aquí como una decisión técnica y económica. Si el tamaño del reactor influye de manera directa en su coste, un diseño más compacto puede abrir una vía de aceleración hacia plantas útiles y competitivas.

Ese planteamiento otorga al proyecto una identidad muy clara. No se trata solo de participar en la carrera global de la fusión, sino de hacerlo con una propuesta distintiva, diseñada para encontrar un espacio propio en el futuro mapa industrial europeo.

SMART, el primer gran paso

El primer gran hito de esa hoja de ruta es SMART, el tokamak desarrollado en la Universidad de Sevilla. García Muñoz lo presentó como el primer tokamak esférico de España y como uno de los primeros del mundo optimizados para operar con triangularidad negativa.

SMART representa mucho más que un logro científico. Funciona como plataforma de validación para tecnologías críticas que más adelante deberán escalarse a una planta piloto. Permite trabajar sobre la física del plasma en esa configuración geométrica, avanzar en la integración de imanes superconductores de alta temperatura y estudiar el comportamiento de una máquina compacta de alto campo.

Su valor también reside en el ecosistema que moviliza. SMART demuestra que en España existe capacidad para diseñar, construir y operar tecnología de frontera en un ámbito de enorme complejidad. Esa constatación tiene un efecto simbólico y práctico. Simbólico, porque sitúa a Sevilla en una conversación global de máximo nivel. Práctico, porque envía una señal muy potente a industria, talento e inversión.

Ciencia con salida industrial

Uno de los aspectos más atractivos de la sesión fue la manera en que conectó investigación puntera con ambición empresarial. El proyecto no se presenta como un ejercicio académico aislado. Se plantea como la base de una futura spin-off de alto impacto, SMART Fusion Energy, llamada a transformar conocimiento científico en capacidad industrial.

Ahí aparece una de las dimensiones más alineadas con el enfoque de Fundación Innovación Bankinter: la innovación profunda genera verdadero impacto cuando logra tender puentes entre talento investigador, tecnología, capital y mercado. En el caso de la fusión, ese puente resulta especialmente valioso porque hablamos de una industria con potencial para reorganizar cadenas de suministro, especialización tecnológica y liderazgo energético.

La visión que compartió García Muñoz apunta justo en esa dirección. España puede aspirar a participar en la fusión como creador de tecnología propia y como futuro nodo industrial europeo. Esa posibilidad cambia la escala de la conversación. Ya no se trata solo de “estar presentes” en una tecnología importante. Se trata de capturar valor en una de las infraestructuras energéticas del futuro.

BRIGHT, la siguiente estación

Tras SMART, la siguiente etapa de la hoja de ruta es BRIGHT, la planta piloto concebida para validar tecnologías y reducir riesgo antes del salto a desarrollos comerciales. García Muñoz explicó que su planteamiento apuesta por una escala contenida, por debajo de 100 MW de fusión, precisamente para acelerar el aprendizaje y facilitar la integración de sistemas.

La lógica es potente. Antes de imaginar un despliegue masivo, conviene construir una instalación que permita verificar la operación, cualificar componentes críticos, ensayar materiales y consolidar el diseño global del sistema. BRIGHT aparece así como una infraestructura puente entre el éxito experimental y la madurez industrial. En la hoja de ruta presentada por García Muñoz, BRIGHT aspira a convertirse en la primera planta piloto del proyecto con Q>5, un umbral que situaría a la iniciativa sevillana en una nueva categoría de madurez tecnológica y la acercaría al desarrollo posterior de plantas comerciales.

Esa visión resulta especialmente interesante porque introduce una idea de progreso muy realista: la fusión avanzará a través de pasos sólidos, plataformas de prueba y decisiones de diseño capaces de mejorar la credibilidad técnica y económica del conjunto.

Lo que deja el Q&A

La parte de preguntas y respuestas aportó una capa de enorme valor al webinar porque permitió bajar desde la narrativa general a las cuestiones concretas que definirán el futuro real de la fusión.

Una de las primeras preguntas se centró en el propósito exacto de BRIGHT: producir electricidad o concentrarse en sostener la reacción durante tiempos relevantes. La respuesta fue prudente y reveladora. García Muñoz explicó que el equipo trabaja en la arquitectura de planta y en los breeding blankets para entender hasta qué punto será posible extraer energía neta y convertir parte de ella en electricidad. Esa ambición forma parte de la hoja de ruta, mientras la validación tecnológica sigue ocupando el centro de la fase actual.

Otra cuestión abordó la operación práctica de una futura planta piloto. Cuánto durarán las descargas, cuántos pulsos diarios podrán alcanzarse y qué nivel de potencia será compatible con una operación fiable. La respuesta dibujó una estrategia muy concreta: harán falta descargas largas, por encima de mil segundos, para validar componentes esenciales, y el ritmo de operación crecerá a medida que aumente la confianza en el sistema. También situó un rango de operación compatible con la fiabilidad de los imanes alrededor de 75 a 80 MW de fusión en pulsos cortos.

Esa parte del diálogo mostró algo importante: el proyecto avanza sobre métricas técnicas creíbles, con una secuencia de hitos verificables y con conciencia clara de los límites que impone cada fase del desarrollo.

Geometría, calor y materiales

El Q&A también abordó una pregunta muy técnica y muy reveladora sobre los divertores, una de las zonas más exigentes del reactor porque concentran enormes cargas térmicas. La respuesta ayudó a entender por qué la triangularidad negativa es mucho más que una elección geométrica elegante. Esa configuración permite alejar el divertor de la columna central y repartir mejor el calor sobre una superficie mayor. En la práctica, eso puede traducirse en mejoras de fiabilidad, durabilidad y coste.

Otro gran tema fue el de los materiales. Aquí apareció con fuerza el nombre de IFMIF-DONES, la infraestructura que se está desarrollando en Granada y que puede convertirse en uno de los grandes activos estratégicos de España en el ámbito de la fusión. Su misión será irradiar y cualificar materiales bajo un espectro de neutrones comparable al de un reactor de fusión, algo fundamental para conocer su comportamiento, su vida útil y su capacidad de integrarse en futuras plantas.

La relevancia de este punto es difícil de exagerar. La competitividad de la fusión dependerá en gran medida de contar con materiales que soporten condiciones extremas durante largos periodos y con costes asumibles. Disponer en España de una infraestructura decisiva para esa fase sitúa al país en una posición singular dentro del ecosistema internacional. Manuel García Muñoz recordó además que, a medida que aumenta la Q -la ganancia energética del reactor-, el desafío deja de ser solo producir más energía y pasa también por asegurar que los materiales y los componentes pueden resistir esas condiciones de operación. Ahí es donde IFMIF-DONES adquiere un valor estratégico extraordinario.

Seguridad y coste

La conversación con el público abordó además dos cuestiones inevitables: seguridad y coste. Sobre la primera, García Muñoz explicó que la fusión exige unas condiciones tan precisas de vacío, confinamiento y control que la reacción solo se mantiene mientras el sistema permanece dentro de esos parámetros. Esa característica ofrece un perfil de seguridad muy distinto al de la fisión y refuerza el atractivo de la fusión como futura fuente de energía firme para un mix descarbonizado.

Sobre el coste, la respuesta volvió a la idea central de la sesión: la compacidad. Existe una relación directa entre tamaño y coste del reactor, y por eso una arquitectura más compacta puede tener consecuencias decisivas sobre el CAPEX futuro y sobre la posibilidad de despliegue internacional. Esa es, en el fondo, una de las grandes apuestas del proyecto sevillano: demostrar que la buena física y la buena ingeniería pueden traducirse en una economía de planta más favorable.

Una oportunidad de país

La intervención de Manuel García Muñoz dejó una idea clara: la fusión sigue siendo uno de los mayores desafíos científicos e ingenieriles de nuestro tiempo, pero ya no vive solo en el terreno de la promesa. En España empiezan a alinearse proyectos, talento, financiación e infraestructuras con capacidad de influir en esa carrera. SMART, Fusion to Grid e IFMIF-DONES muestran que esa conversación también puede jugarse desde aquí.

Nuestro informe FusionForward plantea precisamente ese gran reto: convertir la promesa en capacidad de ejecución. A la luz de lo escuchado en esta sesión, esa transición ya ha empezado. Y una parte muy interesante de esa historia se está escribiendo en Sevilla.

La clave ya no es solo cuándo llegará la fusión. La cuestión es quién estará preparado para construir valor alrededor de ella cuando llegue.