Semiconductores en España: la oportunidad está en especializarse

Resumen generado por IA

En los últimos años, los semiconductores han pasado de ser componentes invisibles a elementos clave en la soberanía tecnológica, competitividad industrial y seguridad económica global. La pandemia evidenció la fragilidad de una cadena de suministro concentrada geográficamente, lo que llevó a Europa a impulsar iniciativas como el European Chips Act para fortalecer su industria y reducir dependencias. En este contexto, España tiene la oportunidad de integrarse estratégicamente en el ecosistema europeo, no replicando toda la cadena de valor, sino especializándose en áreas donde ya cuenta con capacidades diferenciadas.

España destaca en sectores como la electrónica de potencia para la transición energética y movilidad eléctrica, la fotónica integrada y el diseño y validación avanzada de chips, apoyada por infraestructuras de supercomputación y centros de investigación como el Barcelona Supercomputing Center o el Instituto de Microelectrónica de Barcelona. Además, la convergencia entre semiconductores, fotónica y tecnologías cuánticas abre nuevas sinergias prometedoras. Sin embargo, el gran desafío es transformar la investigación en producción industrial, fomentando la transferencia tecnológica y asegurando el talento necesario para competir a nivel internacional. La apuesta española se centra en concentrar recursos, fortalecer la colaboración público-privada y mantener una visión a largo plazo para consolidar su papel dentro de la industria europea de semiconductores y contribuir al modelo productivo del futuro.

La carrera global por los semiconductores ha transformado los chips en una cuestión de competitividad, soberanía tecnológica y política industrial. En este nuevo escenario, la oportunidad de España no pasa por replicar los grandes centros de fabricación de Asia o Estados Unidos, sino por construir una posición estratégica dentro del ecosistema europeo. Desde la electrónica de potencia y la fotónica integrada hasta la supercomputación, las tecnologías cuánticas y el deep tech, el país cuenta con capacidades diferenciales para convertirse en un actor relevante de la cadena de valor. Analizamos cómo ha evolucionado el sector y cuáles son las apuestas que pueden definir el papel de España en la industria de los semiconductores durante la próxima década.

Durante los últimos años, los semiconductores han pasado de ser un componente invisible a convertirse en una cuestión de soberanía tecnológica, competitividad industrial y seguridad económica. La escasez global de chips durante la pandemia dejó al descubierto una realidad que hoy comparten gobiernos y empresas: gran parte de la economía digital depende de una cadena de suministro extremadamente compleja y concentrada geográficamente.

En este contexto, la Fundación Innovación Bankinter ha analizado el futuro de esta industria en el informe Semiconductores: capacidades críticas para la competitividad europea, elaborado en el marco del Future Trends Forum. Una de sus conclusiones resulta especialmente relevante para España: la oportunidad no pasa por replicar los grandes polos de fabricación de Asia o Estados Unidos, sino por construir una posición reconocible y estratégica dentro del ecosistema europeo.

El reto para España pasa por definir en qué eslabones de la cadena de valor puede aportar capacidades diferenciales y construir una posición relevante dentro del ecosistema europeo.

Una industria que se ha convertido en estratégica

Los semiconductores son la infraestructura invisible que sostiene la economía digital. Están presentes en teléfonos móviles, vehículos, redes de telecomunicaciones, centros de datos, equipamiento médico, sistemas energéticos, satélites, infraestructuras críticas y aplicaciones de inteligencia artificial.

Su importancia económica es enorme. Su importancia geopolítica es aún mayor.

Durante décadas, la industria evolucionó bajo una lógica de eficiencia global. El diseño se concentró principalmente en Estados Unidos. La fabricación avanzada se desplazó hacia Asia. El empaquetado, ensamblaje y validación se distribuyeron entre diferentes regiones. Cada eslabón buscó optimizar costes y especialización.

La pandemia alteró ese equilibrio. La interrupción de las cadenas de suministro afectó a industrias enteras y provocó retrasos millonarios en sectores como la automoción o la electrónica de consumo. Al mismo tiempo, las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China pusieron de manifiesto hasta qué punto los semiconductores se habían convertido en un activo estratégico.

Europa reaccionó primero con el European Chips Act y ahora ha dado un paso más con la propuesta de Chips Act 2.0, orientada a reforzar la industria europea, reducir dependencias estratégicas, impulsar la demanda de chips y apoyar tanto el diseño como la producción de semiconductores avanzados y convencionales en la UE.

España llega con fortalezas propias

Cuando se habla de semiconductores, la conversación suele centrarse en las grandes fábricas capaces de producir chips de última generación.

Sin embargo, esa visión solo representa una parte de la realidad. La cadena de valor incluye investigación, diseño, simulación, validación, materiales avanzados, fotónica integrada, encapsulado, software especializado, equipamiento industrial y transferencia tecnológica.

Es precisamente ahí donde España cuenta con activos relevantes.

Nuestro país dispone de una sólida base científica, capacidades emergentes en diseño y supercomputación -con infraestructuras como el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS)-, experiencia industrial en sectores como la automoción y la energía, además de centros de referencia en microelectrónica y fotónica integrada como el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM-CSIC), el Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO), el Centro de Innovación en Tecnologías de Semiconductores (CITT) en Madrid o IMDEA Nanociencia, uno de los referentes españoles en investigación de nuevos materiales y dispositivos para la nanoelectrónica y las tecnologías cuánticas.

A ello se suma una arquitectura institucional que ha ganado impulso en los últimos años gracias al PERTE Chip, a la Estrategia Deep Tech España 2026-2030 y a nuevos instrumentos como la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), creada para canalizar inversiones estratégicas y reforzar el desarrollo de capacidades industriales y tecnológicas en ámbitos críticos como los semiconductores, la inteligencia artificial, la computación cuántica, la fotónica o las energías limpias.

En paralelo, asociaciones sectoriales como AESEMI están ayudando a dar visibilidad y cohesión al ecosistema español de semiconductores, conectando empresas, centros de investigación, universidades y administraciones en torno a una agenda común.

El error sería intentar hacerlo todo

La industria global de semiconductores exige inversiones multimillonarias, escalas de producción gigantescas y décadas de acumulación tecnológica.

Por eso, una de las conclusiones más relevantes del informe del Future Trends Forum es que España debe evitar la tentación de replicar toda la cadena de valor. La especialización genera más impacto que la dispersión.

La estrategia más sólida consiste en concentrar recursos en aquellos ámbitos donde ya existen capacidades diferenciales y donde la complementariedad con otros polos europeos puede generar ventajas competitivas sostenibles.

Este enfoque responde a una lógica cada vez más extendida en Europa: construir un ecosistema integrado donde cada país contribuya desde sus fortalezas específicas.

Las áreas donde España puede liderar

El análisis realizado por el Future Trends Forum identifica varios ámbitos con potencial para consolidar una posición diferenciada durante la próxima década.

Uno de ellos es la electrónica de potencia aplicada a la transición energética y a la movilidad eléctrica.

La electrificación de la economía exige nuevos dispositivos capaces de gestionar energía de forma más eficiente. Tecnologías basadas en materiales como el carburo de silicio o el nitruro de galio están ganando protagonismo en vehículos eléctricos, redes inteligentes y sistemas energéticos avanzados. España cuenta con una posición privilegiada gracias a la relevancia de su industria energética y automovilística.

La fotónica integrada constituye otro ámbito especialmente prometedor. España cuenta con empresas como VLC Photonics, especializada en el diseño de circuitos fotónicos integrados, KD, dedicada al desarrollo de tecnologías de conectividad óptica de alta velocidad y SPARC Foundry, que pondrá en marcha en Vigo una planta dedicada a la fabricación de circuitos integrados fotónicos y obleas basadas en materiales III-V. A ello se suma la inversión de la SETT en Attypics Photonics, en Paterna (Valencia), orientada a reforzar la capacidad española en chips fotónicos. Estas tecnologías resultan clave para telecomunicaciones, sensores avanzados y computación cuántica, lo que refuerza la posición estratégica de España en segmentos de alto valor añadido.

Supercomputación, diseño y validación: una ventaja menos visible

Existe otro terreno donde España puede jugar un papel relevante y que suele recibir menos atención mediática.

La simulación, el codiseño y la validación avanzada de arquitecturas especializadas.

La aparición de nuevas aplicaciones de inteligencia artificial, computación de alto rendimiento y tecnologías cuánticas está aumentando la necesidad de diseñar chips cada vez más específicos.

Aquí entran en juego infraestructuras como el Barcelona Supercomputing Center y otros centros de referencia que permiten acelerar procesos de simulación, diseño y optimización.

En este ámbito también están surgiendo empresas como Openchip, dedicada al desarrollo de procesadores europeos de altas prestaciones para supercomputación e inteligencia artificial. Su actividad refleja la capacidad de España para participar en segmentos de alto valor añadido del diseño de chips, uno de los eslabones más estratégicos de la cadena de valor.

La conexión con las tecnologías cuánticas

Uno de los aspectos más interesantes del posicionamiento español es la convergencia entre semiconductores, fotónica y tecnologías cuánticas.

Las capacidades desarrolladas en materiales avanzados, nanofabricación, sensores, comunicaciones seguras o electrónica de control están creando sinergias que pueden resultar estratégicas durante la próxima década.

En este ámbito, la investigación en nuevos materiales desempeña un papel cada vez más importante. Universidades como la Complutense de Madrid y centros como IMDEA Nanociencia trabajan en materiales bidimensionales, espintrónica, materiales cuánticos y nuevas arquitecturas para dispositivos nanoelectrónicos, líneas de investigación que pueden alimentar la próxima generación de chips y tecnologías cuánticas.

España también está viendo emerger un ecosistema empresarial especializado en tecnologías cuánticas. Empresas como Qilimanjaro Quantum Tech, centrada en el desarrollo de hardware cuántico, y Multiverse Computing, especializada en software cuántico e inteligencia artificial, muestran cómo el país está desarrollando capacidades tanto en la infraestructura como en las aplicaciones de esta nueva generación de tecnologías.

Del laboratorio al mercado

Uno de los grandes desafíos europeos consiste en transformar conocimiento científico en actividad económica. España no es una excepción.

El país genera investigación de calidad internacional, pero todavía tiene margen para mejorar la transferencia tecnológica y la escalabilidad industrial.

Por ello, una de las apuestas más relevantes identificadas por el Future Trends Forum consiste en fortalecer infraestructuras de validación preindustrial capaces de conectar laboratorios, startups y empresas con procesos reales de industrialización. Iniciativas como InnoFAB, el nuevo centro de investigación, prototipado y preproducción de semiconductores avanzados impulsado en Cataluña, representan precisamente ese tipo de infraestructuras llamadas a acelerar la transferencia tecnológica y reducir la distancia entre el laboratorio y el mercado.

Reducir la distancia entre la investigación y el mercado será tan importante como cualquier inversión en fabricación. El PERTE Chip, la SETT y la Estrategia Deep Tech España apuntan en esa dirección: convertir capacidades científicas en ventajas industriales.

El gran reto: talento y ejecución

Las estrategias industriales suelen centrarse en inversiones e infraestructuras. Sin embargo, existe un factor que condiciona todos los demás. El talento.

La demanda global de especialistas en microelectrónica, diseño de chips, fotónica, inteligencia artificial y tecnologías cuánticas supera ampliamente la oferta disponible.

España cuenta con una base científica sólida y universidades capaces de formar profesionales altamente cualificados. El desafío consiste en conectar esa capacidad con oportunidades industriales concretas, trayectorias profesionales atractivas y proyectos capaces de competir a escala internacional.

Al mismo tiempo, será fundamental mantener la continuidad de las políticas públicas más allá de los ciclos políticos o económicos. La construcción de capacidades estratégicas requiere visión a largo plazo.

Una oportunidad que trasciende los semiconductores

El debate sobre los chips es, en realidad, un debate sobre el modelo productivo del futuro.

El debate sobre los chips apunta al modelo productivo que Europa quiere construir para las próximas décadas. España puede contribuir a ese objetivo desde capacidades concretas en diseño, fotónica, supercomputación, materiales avanzados y tecnologías cuánticas. El contexto actual abre una ventana de oportunidad.

La reorganización de las cadenas de suministro, la apuesta europea por la autonomía tecnológica, la transición energética y el auge de la inteligencia artificial están generando un contexto excepcional para construir nuevas capacidades industriales.

España parte de una posición más sólida de lo que suele percibirse. La clave ahora es concentrar los recursos en aquellos ámbitos donde ya dispone de capacidades científicas, tecnológicas e industriales, acelerar la transferencia al mercado y consolidar un papel propio dentro del ecosistema europeo. Esa especialización será, probablemente, su principal ventaja competitiva en la próxima generación de la industria de los semiconductores.