​Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Politica de cookies

Ante las condiciones el COVID-19 plantea, se hace cada vez más importante que los alumnos aprendan a utilizar muy bien su tiempo. Aquí damos algunas claves.

Si se cumplen las estimaciones menos optimistas, el próximo curso se inaugurará, todavía, con una fuerte restricción del acceso de los alumnos de todos los ciclos a las clases presenciales. A día de hoy no sabemos si se establecerán turnos en base a días o en base a turnos partidos de mañana, tarde y noche, pero, lo cierto, es que el descubrimiento de una vacuna parece lejano todavía y es muy posible que tengamos que readaptarnos a un sistema mixto presencial-telemático.

Es más, aunque esta posibilidad nunca llegue a producirse y el curso 2020-2021 comenzara de manera normal, lo cierto es que la pandemia nos ha dejado claro que una de las desventajas a las que se han tenido que enfrentar profesores y padres (que, en este caso, llevan ejerciendo como educadores de apoyo con un extenuante turno 24/7) es a un alumnado desacostumbrado a afrontar clases a distancia que recibe continuamente estímulos que le impiden concentrarse durante demasiado tiempo.

Ahorrar tiempo, tanto para mejorar en otras materias o hacerse un hueco de ocio, parece imprescindible en una generación en todo el planeta, no lo olvidemos, que se ha enfrentado a un parón en su educación y va a tener que compensar el tiempo en el que no ha podido asistir a clases y ha tenido que aprender a través de unos sistemas telemáticos tan completos en recursos como noveles en implantación: tenemos mucha y muy buena tecnología, un profesorado que ha estado a la altura, pero, también, una nueva situación que ha hecho que se trabajara sobre una importante base de ensayo-error.

Para permitir al alumno enfrentarse a la “nueva normalidad” educativa que emanará de esta pandemia global nos hemos permitido recomendarle 10 tips que le ayuden a hacer mejor su trabajo, aprender más rápido, concentrarse mejor y, sobre todo, asimilar mucho mejor los conceptos más importantes.

  1. Planificar. No hay que obsesionarse, pero siempre viene bien adelantar un poco y echarle un vistazo a la materia que se va a recibir. Identificar lo que entendemos a primera vista y señalar lo que parece que nos va a resultar más difícil o aquello que no entendemos. No es necesario profundizar, pero sí tener claro lo que nos resulta más complicado para poder centrarnos en ello. Es importante señalárselo al profesor e insistir si no se tiene claro. Es bueno tener un blog de notas no solo con los horarios, también con nuestras dudas para poder preguntárselas a la persona responsable. Hay que trabajar día a día. Marca lo que toque en el día e intenta haberlo terminado en ese mismo día. Recuerda que los objetivos diarios forman una cadena que te lleva al objetivo final. Superar este tiempo de incertidumbre cumpliendo un objetivo personal es una buena manera de vencer a las dificultades que nos rodean y que esperamos que se disipen en el futuro.
  2. Respirar: Sí, a veces las cosas no salen. Rafael Azcona, uno de los más brillantes guionistas de nuestro cine, decía que solo trabajaba ocho horas al día. Pasado ese tiempo prefería abandonar la tarea y no seguir, relajarse, pasear, ir a comer con un amigo… si algo no queda claro o nos sigue produciendo dudas lo mejor es no abandonarlo, pero tampoco convertirlo en un problema: después del día de hoy viene el de mañana. Es decir, establece las horas de lecciones y las horas de estudio. Una vez que te sientas agotado o agobiado, si crees que ya no puedes ir más allá, lo mejor es descansar y relajar la cabeza. Que la materia no nos produzca estrés o rechazo automático y nos sea cada vez más difícil.  Si hoy no sale, saldrá mañana. Seguimos la frase del refranero italiano: “piano, piano si arriva lontano” (Despacio, despacio se llega lejos). Sí, eso podría parecer que se contradice con no perder el tiempo, pero cuidado, lo que aprendemos mejor, nos ayuda a avanzar mejor. El tiempo que creemos perder hoy lo ganaremos en las lecciones posteriores. 
  3. Compromiso. Dicho lo anterior, lo cierto es que tenemos que valorar el grado de compromiso personal y ponerlo a la altura de nuestra necesidad de aprendizaje. Es importante no dejarlo a las primeras de cambio, es vital ser sincero con uno mismo y plantearse cuál es el límite real de concentración que tenemos. No hay que dejarlo demasiado tarde, pero tampoco es bueno dejarlo demasiado pronto. ¿Tenemos claro que eso es lo que queremos hacer? ¿Sí? Pues criemos entusiasmo y dediquémonos a ello para no perder nuestro tiempo.
  4. Objetivos. Casi tan importante como saber hasta donde podemos llegar es tener clara la meta que queremos cumplir, tanto en tiempo como en cantidad de contenido. Tanto si nuestro objetivo es aprobar una asignatura como aprender una serie de materias para llevar a cabo algún proyecto, lo cierto es que es importante establecer unos objetivos realistas en un tiempo igualmente posible. Para ello, lo mejor es tomar como referencia a alguien que ya haya recorrido nuestro camino con anterioridad. En caso de poderse, al menos, a dos personas para tener más datos. No todo el mundo aprende igualmente rápido y, por ello, si preguntas a varias personas te podrás hacer una idea de cuánto se tarda en aprender un temario, una asignatura o aprender una técnica. Para ello establece una sencilla media (quién lo hizo más rápido, quién más lento, suma y divide por dos). Sabiendo el tiempo medio te será más fácil saber cuándo comenzar, cuándo terminar y, sobre todo, si estás dando los pasos correctos.
  5. Cuantas menos distracciones mejor. Sabemos que es difícil, pero tienes que mantener a las redes sociales a raya en todo el tiempo en el que estés estudiando o aprendiendo. Las fotos de Instagram pueden esperar y los amigos de Twitter y Facebook estarán ahí cuando terminemos la jornada. Intenta tener el teléfono lo más lejos posible si no es necesario su uso para algo relacionado con lo que estamos aprendiendo, evita mirar el ordenador para consultar páginas que no sean necesarias, desconecta alarmas, avisos… recibimos muchos impactos de nuestros gadgets que hay que reducir al mínimo durante, al menos, el tiempo que pasemos estudiando. La tablet, el ordenador, el teléfono o el laptop pueden ser grandes fuentes de distracción y hay que evitarlas lo más posible.
  6. Dos herramientas: una digital y una analógica. No te rodees de un arsenal de aparatos, usa solo uno. Elige: ordenador, tablet o smartphone, el que sea más necesario y te vaya a ayudar más. Reduciendo el número de pantallas te será más fácil concentrarte. Además de eso, lleva siempre una libreta para escribir dudas y anotar lo más relevante. A veces expresar por escrito lo que hemos aprendido nos ayuda mucho a fijarlo en nuestra memoria y a entenderlo mejor. Guarda esas notas y repásalas.
  7. Ocio. Es completamente necesario que aproveches tu ocio y que te premies con él. El ocio es muy importante y tiene que ser una alternativa. Si algo estamos aprendiendo en estos meses es la importancia de salir de los “bucles negativos”, es decir, hay que tener alternativas a la pantalla y al tiempo en el que estamos estudiando. Salir a dar un paseo, hacer ejercicio (más, menos, el que quieras y como quieras) ver a gente y charlar de cosas que nada tengan que ver con la materia que nos ocupa es casi tan importante como gastar un rato para jugar a la videoconsola o chatear y subir fotos a nuestras redes sociales. ¿Lo más importante? Que el estudio no se convierta en una obsesión que lastre nuestro ocio y que nuestro ocio no sea un impedimento para seguir estudiando (no nos agote demasiado, por ejemplo). Lo más importante es el equilibrio ¡y dormir bien!
  8. Repasar. No hay que dar nada por hecho y, al final de cada lección, hay que hacer una evaluación personal de lo que hemos aprendido y cómo. Es muy importante volver a lo que ya hemos aprendido porque eso nos permitirá que esté más fresco en la memoria, nos ahorrará algunas horas de estudio extra (el típico atracón de los dos días anteriores a un examen). Repasa, si puedes, todos los días un poco. Eso te permitirá prepararte mejor.
  9. Practicar. Lo mejor es que, en la medida de lo posible, seamos capaces de poner lo que vamos aprendiendo en práctica cuanto antes. Practicar es importante y nos ayuda a pulir nuestros conocimientos y a saber si son muchos, pocos o tienen alguna utilidad. Ensaya con lo que aprendes aunque, al principio, te parezca poca cosa. Revisa los trabajos de otra gente e intenta emularlos, aprende cómo se desenvuelven, cómo puedes trasladar tus conocimientos al plano real. Por ejemplo: si estudias empresariales puedes usar simuladores de negocio. Es un ejercicio que está a medio camino de la gamificación y la realidad, pero siempre ayuda muchísimo. Sirve para probarte y, a lo mejor, para descubrir tus fortalezas y tus debilidades. Más allá de eso te será muy útil para acelerar tu proceso de aprendizaje y aprovechar tu tiempo.
  10. Encuentra tu lugar. Es importante que encuentres el sitio donde más cómodo estés. Elige la temperatura, el asiento, la bebida que quieres tener a mano para no moverte demasiado e, incluso, el espacio cercano para poder estirar las piernas. Es importante que esa comodidad te permita estar más concentrado y más a favor de obra, más abierto a aprender y más receptivo a pasar unas cuantas horas trabajando. Ten lo que crees que vayas a necesitar muy a mano y, como ya te hemos dicho, aleja las distracciones. Todos los escritores, artistas y pensadores tenían un lugar donde les era más fácil ser productivos, creativos, etc. No se te olvide tener, en la medida de lo posible, el tuyo. Generar un ambiente positivo es la mejor manera de hacer las cosas mejor y de una forma más rápida y eficaz. Lo importante para crear hábitos saludables es repetirlos día a día, recuerda. Si todo es óptimo para nosotros, si nos sentimos cómodos, estaremos más abiertos y con más ganas, aprovecharemos mejor el tiempo.

Más allá de estos puntos, el alumno tiene que ser constante, optimista y mantenerse fuerte. Hay que intentar alejar la frustración que puede rodearle y que esta no sea un lastre, que no nos tenga perdiendo el tiempo.  La tónica genera de este nuevo escenario es comprender que el aprendizaje tiene que ser mixto, que estaremos algún tiempo en clase, pero que, además, tendremos que redoblar nuestros esfuerzos por aprender desde casa. Y eso es posible, solamente, si comprendemos que en las 24 horas del día tiene que haber tiempo, bien gastado, para hacerlo todo.

En definitiva: una buena administración del tiempo de aprendizaje y estudio pasa por valorar el tiempo que tenemos y disfrutar de él. Estos 10 pasos son una estrategia sencilla para hacerlo y conseguir que tanto este como el tiempo de ocio cunda de la mejor manera posible. Te invitamos a ponerlo en práctica y a comprobar sus buenos resultados.

Artículos relacionados

Más en nuestra web