Chips Act 2.0: Europa pasa de la ambición a la ejecución en semiconductores

Resumen generado por IA

La Comisión Europea ha presentado el Chips Act 2.0, una propuesta que busca reforzar la estrategia europea de semiconductores en un contexto donde estos componentes son esenciales para la inteligencia artificial, la computación avanzada y sectores críticos como la defensa y la energía. Este nuevo marco legislativo, junto con otras iniciativas como el Cloud and AI Development Act, pretende fortalecer la autonomía digital europea y reducir la dependencia tecnológica de terceros países. A pesar de que el Chips Act original movilizó más de 52.000 millones de euros y generó miles de empleos, Europa sigue enfrentando retos en la fabricación avanzada y el diseño de chips, especialmente ante el crecimiento del mercado global de semiconductores impulsado por la IA.

El Chips Act 2.0 propone medidas concretas como acelerar permisos, fomentar alianzas internacionales, impulsar proyectos estratégicos y promover clústeres industriales con masa crítica. Estas acciones responden a los seis desafíos estructurales identificados por la Fundación Innovación Bankinter, que incluyen la necesidad de estabilidad financiera, mejor conexión entre investigación y producción, y desarrollo de talento especializado. Además, se destacan cinco prioridades para fortalecer el ecosistema europeo: convertir demanda en compromiso industrial, focalizarse en áreas con ventajas competitivas, consolidar clústeres, superar el “valle de la muerte” tecnológico y tratar el talento como infraestructura crítica.

En el caso de España, el Chips Act 2.0 representa una oportunidad para ganar relevancia estratégica mediante una política industrial más coordinada y activa. La creación de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) ejemplifica este avance hacia una mayor capacidad de ejecución. En definitiva, el éxito de esta iniciativa dependerá de la capacidad europea, y española, para traducir la ambición en resultados industriales concretos, asegurando así la competitividad en una industria clave para el futuro tecnológico y económico del continente.

La Comisión Europea ha presentado el Chips Act 2.0, una nueva propuesta para reforzar la autonomía tecnológica europea en semiconductores. Analizamos sus claves y su conexión con las recomendaciones del informe de la Fundación Innovación Bankinter sobre capacidades críticas para la competitividad europea.

La Comisión Europea ha presentado el nuevo Chips Act 2.0, una propuesta que refuerza la estrategia europea de semiconductores en un momento decisivo: la inteligencia artificial, la computación avanzada, la electrificación, la defensa y la nube están convirtiendo los chips en infraestructura crítica. El anuncio confirma una tesis central del informe de la Fundación Innovación Bankinter, Semiconductores: capacidades críticas para la competitividad europea: Europa necesita más inversión y una agenda industrial sostenida, selectiva y ejecutable.

El 3 de junio de 2026, la Comisión Europea presentó un paquete de soberanía tecnológica que incluye dos propuestas legislativas -el Chips Act 2.0 y el Cloud and AI Development Act– junto con una estrategia europea de código abierto y una hoja de ruta para digitalización e inteligencia artificial en energía. El objetivo declarado es reforzar la autonomía digital europea y reducir dependencias estructurales en tecnologías esenciales.

Por qué los semiconductores son una infraestructura crítica para Europa

El nuevo Chips Act 2.0 parte de una constatación clara: aunque el Chips Act original, en vigor desde 2023, ayudó a movilizar más de 52.000 millones de euros de inversión pública y privada y a crear un número estimado de 46.000 empleos directos e indirectos, Europa sigue dependiendo de terceros países en áreas críticas como la fabricación avanzada y el diseño de chips.

La urgencia se ha multiplicado con la inteligencia artificial. Según la Comisión, el mercado global de semiconductores podría alcanzar 1,37 billones de euros en 2030, con los componentes relacionados con IA impulsando alrededor del 70% del crecimiento. Por eso, el Chips Act 2.0 es más que una política industrial sectorial: es una pieza central de la estrategia europea para competir en IA, cloud, vehículos conectados, robótica industrial, defensa, energía y centros de datos.

Las principales medidas del Chips Act 2.0

La propuesta introduce varias líneas de actuación: acelerar permisos con un plazo máximo de 12 meses, lanzar “Grand Challenges” para chips estratégicos como los de IA, crear alianzas internacionales en semiconductores, reforzar la contratación pública innovadora, activar “Demand Accelerators” para conectar fabricantes con industrias usuarias, facilitar ayudas de Estado para proyectos “first-of-a-kind” en toda la cadena de valor y crear una etiqueta de Regiones de Excelencia en Semiconductores.

La dirección es relevante y coincide con una de las ideas más importantes del informe de la Fundación Innovación Bankinter: la industria de semiconductores exige una respuesta europea, no puramente nacional. Su escala, intensidad de capital, complejidad tecnológica y dependencia de cadenas globales hacen insuficiente una aproximación fragmentada.

Los seis desafíos estructurales de la industria europea de semiconductores

El informe de la Fundación identifica seis mensajes de fondo que encajan directamente con el espíritu del Chips Act 2.0. Primero, que los semiconductores operan con horizontes de 10 a 20 años, por lo que requieren estabilidad institucional y financiación sostenida. Segundo, que Europa es un gran mercado -automoción, industria, energía, salud y defensa-, pero ese consumo rara vez se convierte en compromisos industriales estables. Tercero, que la base científica europea es sólida, aunque fragmentada. Cuarto, que la competencia global obliga a reducir la dispersión de recursos. Quinto, que persiste el “valle de la muerte” entre investigación, validación industrial y producción. Y sexto, que Europa genera talento de calidad, pero debe conectarlo mejor con la industria.

Desde esta perspectiva, el Chips Act 2.0 acierta al desplazar el foco desde la mera financiación hacia la arquitectura de ejecución. En semiconductores, anunciar fondos no basta. La competitividad se decide en la capacidad de convertir demanda en contratos, investigación en producto, talento en capacidad productiva y clústeres dispersos en polos industriales con masa crítica.

Cinco prioridades para fortalecer el ecosistema europeo de semiconductores

La Fundación Innovación Bankinter propone cinco prioridades que ofrecen una hoja de ruta para interpretar el nuevo marco europeo. La primera es convertir demanda en compromiso industrial: Europa debe usar su poder como mercado para generar contratos plurianuales, agregación sectorial y contratación pública estratégica. Esta prioridad conecta directamente con los “Demand Accelerators” y la compra pública innovadora previstos por la Comisión.

La segunda prioridad es competir donde Europa puede liderar. No se trata de intentar ganar en todos los segmentos de la cadena de valor, sino de concentrar recursos en ámbitos donde Europa ya tiene ventajas o puede capturar nuevas ventanas tecnológicas: electrónica de potencia, fotónica integrada, empaquetado avanzado, nuevos materiales, chiplets, arquitecturas abiertas y co-diseño hardware-software impulsado por IA.

La tercera es construir clústeres industriales con masa crítica. Aquí el Chips Act 2.0 introduce una herramienta interesante: la etiqueta de Regiones de Excelencia en Semiconductores. Pero el reto será evitar que se convierta en una carrera de dispersión territorial. La experiencia internacional muestra que los clústeres no se decretan: se consolidan donde hay infraestructura, empresas tractoras, ingeniería, talento, capital y continuidad. El informe del MIT sobre la implementación del CHIPS Act estadounidense advierte precisamente que los gobiernos pueden reforzar clústeres prometedores, pero difícilmente crearlos desde cero sin vínculos industriales reales.

La cuarta prioridad es cruzar el valle de la muerte entre laboratorio e industria. Europa tiene ciencia, centros tecnológicos y universidades de primer nivel, pero necesita más plataformas de prototipado, entornos de validación lab-to-fab, capacidades de diseño para fabricación y financiación paciente para scaleups deep-tech de hardware. Esta es una de las claves menos visibles y más decisivas: sin infraestructura de maduración tecnológica, la investigación europea seguirá alimentando cadenas de valor ajenas.

La quinta prioridad es tratar el talento como infraestructura crítica. No habrá soberanía tecnológica sin ingenieros, técnicos, operadores, diseñadores, especialistas en EDA, packaging, materiales, fotónica, potencia y fabricación avanzada. El Chips Act 2.0 habla de reforzar capacidades y competencias; el informe de la Fundación concreta el reto: conectar universidad, centros de investigación y empresa, reformar incentivos académicos y sostener ecosistemas capaces de atraer, formar y retener talento.

España ante el Chips Act 2.0: una oportunidad para ganar relevancia estratégica

La dimensión española es especialmente relevante. El documento Spain 2025, Towards a New Semiconductors European Strategy, alineado con las recomendaciones del informe Draghi, sostiene que si Europa necesita una nueva estrategia de semiconductores, España también debe relanzar la suya, con más financiación, coordinación y velocidad en la colaboración público-privada. Ese planteamiento encaja con la oportunidad que abre el Chips Act 2.0: España debe posicionarse no como actor periférico, sino como parte activa de los ámbitos donde Europa puede especializarse.

En este contexto, merece destacarse el papel de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) como uno de los avances más relevantes de la política tecnológica española reciente, respondiendo a una necesidad que el ecosistema venía señalando desde hace años: pasar de convocatorias fragmentadas a una capacidad pública más ágil para acompañar proyectos tecnológicos de largo recorrido.

Los primeros movimientos apuntan a una política industrial más activa, alineada con lo que el nuevo Chips Act 2.0 reclama a los Estados miembros: menos dispersión, más foco y mayor capacidad de ejecución.

De la estrategia a la ejecución: el verdadero desafío para Europa

La conclusión del informe de la Fundación Innovación Bankinter resume bien el reto: Europa dispone de activos suficientes para ganar peso en la industria global de semiconductores; lo decisivo es concentrarlos mejor, sostener prioridades claras y traducirlas en resultados industriales.

El Chips Act 2.0 puede ser el marco para lograrlo. Pero solo funcionará si Europa -y España dentro de Europa- pasa de la ambición a la disciplina de ejecución. En semiconductores, competir consiste en construir, durante años, las capacidades críticas que harán posible la competitividad europea.

Descarga el informe Semiconductores: capacidades críticas para la competitividad europea para conocer las recomendaciones de la Fundación Innovación Bankinter y entender cómo Europa puede reforzar su posición en una industria clave para la inteligencia artificial, la movilidad, la energía, la defensa y la competitividad industrial.