Resumen generado por IA
En los últimos años la fusión nuclear ha pasado de ser una promesa lejana a mostrar avances científicos relevantes: el National Ignition Facility (NIF) logró ignición en 2022 y ha repetido resultados, alcanzando en 2025 una producción de 8,6 MJ con una ganancia sobre el láser de 4,13, y el tokamak europeo JET produjo 69 MJ en 2023. Estos hitos prueban que es posible obtener más energía del plasma que la depositada localmente, pero todavía queda un gran salto para convertir ese logro físico en plantas eléctricas fiables, mantenibles y rentables. ITER persigue demostrar Q≥10 a gran escala con inicio de operaciones de investigación en 2034, mientras que la entrada masiva de capital privado y startups diversifica arquitecturas y acelera desarrollos.
España está bien posicionada para beneficiarse de la industrialización de la fusión gracias a su tejido científico e industrial: contratos con ITER, la sede europea de Fusion for Energy en Barcelona, instalaciones como TJ-II y SMART, y la construcción de IFMIF‑DONES en Granada, clave para validar materiales que resistan el intenso entorno neutrónico. La oportunidad inmediata no es solo vender electricidad sino proveer componentes, ingeniería, materiales y servicios que la industria de la fusión necesitará en las próximas décadas. Aunque no hay fecha precisa para una fusión comercial a gran escala, España puede ganar competitividad aportando soluciones en materiales, fabricación avanzada, control y mantenimiento, antes incluso de que exista la primera central conectada a la red.
La fusión nuclear ha conseguido avances científicos decisivos y atrae una inversión privada creciente. España ocupa una posición estratégica gracias a ITER, IFMIF-DONES, CIEMAT, SMART y una industria especializada que ya genera negocio.
Durante décadas, la fusión nuclear ha avanzado entre grandes expectativas y plazos que rara vez se han cumplido. Entre 2022 y 2026, sin embargo, varios hitos científicos e industriales han cambiado el escenario. El National Ignition Facility (NIF) de Estados Unidos consiguió por primera vez la ignición en diciembre de 2022 y después ha repetido el resultado. En abril de 2025 logró su récord: 8,6 megajulios de energía de fusión a partir de 2,08 MJ de energía láser entregada al blanco, una ganancia sobre el blanco de 4,13. En junio de 2026 alcanzó su undécima ignición.
Eso no significa que tengamos una central de fusión. Ni siquiera que el NIF produzca más electricidad de la que consume toda la instalación. El propio laboratorio explica que sus láseres necesitan mucha más energía eléctrica que la que finalmente llega al blanco. El avance demuestra algo diferente y fundamental: es posible crear en laboratorio un plasma de fusión que libera más energía que la energía láser depositada directamente en el combustible.
La alternativa del confinamiento magnético también ha logrado avances relevantes: en 2023, el reactor experimental europeo JET generó 69 megajulios de energía de fusión durante unos cinco segundos, un récord que demostró la capacidad de sostener una elevada producción de energía de fusión, aunque sin alcanzar una ganancia energética neta.
El siguiente desafío es bastante mayor: convertir ese logro físico en una máquina capaz de producir electricidad de forma fiable, mantenible, escalable y económicamente viable. Y ahí España tiene bastante que decir.
Qué es la fusión nuclear
La forma más sencilla de entender la fusión nuclear es mirar al Sol.
Mientras la fisión obtiene energía dividiendo núcleos atómicos pesados, la fusión hace lo contrario: une núcleos ligeros para formar otros más pesados y libera una enorme cantidad de energía durante el proceso.
Los diseños de reactores que concentran buena parte de la investigación actual utilizan principalmente deuterio y tritio, dos isótopos del hidrógeno. El reto consiste en elevarlos a temperaturas extremas hasta formar un plasma y mantener las condiciones adecuadas para que se produzcan suficientes reacciones de fusión.
Su atractivo resulta evidente. La fusión podría generar grandes cantidades de electricidad sin combustión y a partir de combustibles potencialmente abundantes. Tampoco existe una reacción nuclear en cadena autosostenida como en una central de fisión: si desaparecen las condiciones que mantienen el plasma, la reacción se detiene.
Eso tampoco convierte a la fusión en una tecnología carente de riesgos. Hay que gestionar el tritio y materiales que se vuelven radiactivos por el bombardeo de neutrones. ITER explica que los materiales activados generarían residuos de actividad baja y media cuyo nivel de radiactividad disminuye con el tiempo y parte de los cuales podrían reciclarse o reutilizarse.
Fisión y fusión nuclear: diferencias clave
| Fisión nuclear | Fusión nuclear | |
| Proceso | Divide núcleos pesados | Une núcleos ligeros |
| Tecnología | Comercial y madura | Experimental |
| Reacción en cadena autosostenida | Puede producirse | No |
| Combustible | Principalmente uranio | Principalmente deuterio y tritio en los diseños más estudiados |
| Residuos | Incluye residuos de alta actividad y larga vida | Tritio y materiales activados por neutrones |
| Principal reto | Coste, residuos, seguridad y aceptación | Plasma, materiales, combustible, disponibilidad, mantenimiento y coste |
| Centrales comerciales | Sí | Todavía no |
Cómo funciona un reactor de fusión nuclear
Existen distintos caminos para conseguir fusión. Los dos más conocidos son el confinamiento magnético y el confinamiento inercial.
El confinamiento magnético utiliza potentes campos magnéticos para mantener el plasma confinado y evitar su contacto directo con las paredes de la máquina. Es la estrategia de los tokamaks, como ITER, y de los stellarators, como el TJ-II español.
El confinamiento inercial, utilizado por el NIF, dispara láseres extremadamente potentes sobre pequeñas cápsulas que contienen combustible. La compresión resultante crea durante una fracción de segundo las condiciones necesarias para la fusión.
El récord del NIF resulta importante porque la ignición ha dejado de ser un experimento aislado. Pero sigue existiendo una distancia enorme entre producir unos megajulios durante un instante y operar una central que entregue electricidad cada día durante décadas.
Esa distancia ayuda a entender por qué la pregunta relevante empieza a cambiar. Ya sabemos que la fusión puede funcionar físicamente. Ahora debemos averiguar cómo convertirla en una industria energética.
De 2022 a 2026: qué ha cambiado realmente
Para Ángel Ibarra, experto del Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter y profesor de investigación emérito del CIEMAT, uno de los cambios estructurales más importantes es la entrada masiva de capital privado.
Según Ibarra, el capital privado aporta dos características que pueden acelerar el sector: mayor tolerancia al riesgo, al permitir que distintas aproximaciones tecnológicas avancen en paralelo, y más velocidad en la toma de decisiones. Esta efervescencia también ha multiplicado el número de personas, empresas e instalaciones trabajando sobre los problemas pendientes de la fusión.
El Global Fusion Industry Report 2026 de la Fusion Industry Association contabiliza 14.240 millones de dólares de financiación acumulada declarada por las compañías de fusión y 4.480 millones captados en los doce meses anteriores. Son datos recopilados por la propia asociación industrial y deben interpretarse como una fotografía del sector privado, pero muestran con claridad la magnitud del cambio.
Algunos ejemplos permiten entender la escala de las apuestas:
Commonwealth Fusion Systems anunció en agosto de 2025 una ronda de 863 millones de dólares. Con ella, la compañía se acercó a los 3.000 millones de dólares captados desde su creación. Su apuesta combina reactores tokamak compactos con imanes superconductores de alta temperatura.
Helion anunció en junio de 2026 una Serie G de 465 millones de dólares, posteriormente ampliada hasta 500 millones. La compañía había captado en total alrededor de 1.500 millones y trabaja en un concepto de fusión pulsada diferente de los tokamaks convencionales.
TAE Technologies levantó más de 150 millones de dólares en 2025, superando los 1.300 millones de capital captado desde su fundación. Su tecnología utiliza una configuración de campo invertido y persigue a largo plazo combustibles diferentes de la combinación deuterio-tritio convencional.
En Europa, Marvel Fusion amplió en marzo de 2025 su Serie B hasta los 113 millones de euros, con inversores como EQT Ventures, Siemens Energy y el European Innovation Council Fund. La compañía desarrolla un concepto de fusión impulsada mediante láser.
Otra referencia europea es Proxima Fusion, compañía alemana surgida del Instituto Max Planck de Física del Plasma, que desarrolla fusión por confinamiento magnético mediante dispositivos de tipo stellarator. En julio de 2026 anunció una ronda de 411 millones de euros, liderada por XTX Ventures y East X Ventures, con RWE y Google como inversores estratégicos. Los fondos impulsarán el desarrollo de su demostrador Alpha, un paso hacia su objetivo de construir una central de fusión comercial.
Las arquitecturas son diferentes. También lo son los calendarios que manejan. Por eso Ibarra propone una lectura especialmente interesante para inversores y empresas industriales: mirar más allá del plasma. Un proyecto técnicamente sólido tendrá que explicar cómo construirá la máquina completa, qué cadena de suministro necesita, cómo resolverá el combustible, qué materiales utilizará, cuánto tiempo podrá funcionar sin detenerse y cómo realizará las operaciones de mantenimiento.
Para las empresas proveedoras, su recomendación es todavía más clara: ser agnósticas respecto a qué arquitectura terminará imponiéndose. Materiales, fabricación avanzada, sistemas de control, mantenimiento remoto o ingeniería serán necesarios en prácticamente cualquier escenario.
ITER: el gran laboratorio de la fusión magnética
ITER sigue siendo la mayor iniciativa internacional de fusión por confinamiento magnético.
Su objetivo tampoco es vender electricidad a la red. ITER debe demostrar que es posible integrar a gran escala los sistemas necesarios para operar un reactor y conseguir un plasma con una potencia térmica de fusión de 500 MW a partir de 50 MW de potencia de calentamiento externo. Es el conocido objetivo Q≥10.
Su calendario ha cambiado de forma importante respecto a las previsiones que se manejaban hace unos años. Según la planificación actual de ITER, el inicio de las operaciones de investigación está previsto para 2034, la operación a plena energía magnética para 2036 y el comienzo de la fase con deuterio y tritio para 2039.
Estos retrasos explican parte del escepticismo que rodea a la fusión. También muestran la extraordinaria complejidad de construir una máquina de estas características por primera vez.
El desarrollo público y el privado avanzan, por tanto, con lógicas diferentes. ITER busca resolver y validar grandes problemas científicos y tecnológicos de forma internacional. Las startups tratan de acortar plazos probando arquitecturas alternativas, máquinas más compactas y modelos de desarrollo propios de la innovación tecnológica.
Ambos caminos pueden aportar conocimiento al sector.
Fusión nuclear en España: una oportunidad que ya genera industria
España reúne algo poco habitual: investigación en física del plasma, ingeniería, grandes infraestructuras científicas y empresas acostumbradas a fabricar componentes extremadamente complejos.
La participación industrial viene de lejos. Según datos publicados por el Gobierno de España en 2021, desde 2008 las empresas españolas habían conseguido más de 350 contratos relacionados con ITER por un importe superior a 1.200 millones de euros.
Además, Fusion for Energy, la organización de la Unión Europea encargada de gestionar la contribución europea a ITER, tiene su sede en Barcelona.
A esa base industrial se suma una capacidad científica creciente: el TJ-II del Laboratorio Nacional de Fusión del CIEMAT es uno de los stellarators operativos de Europa. Tras una renovación de infraestructuras, inició una nueva campaña experimental en mayo de 2026 centrada en seguir avanzando en física del plasma y tecnologías de fusión.
En Sevilla, el tokamak SMART de la Universidad de Sevilla consiguió su primer plasma en enero de 2025. El proyecto explora un diseño de tokamak esférico compacto y configuraciones de plasma que podrían contribuir a desarrollar futuros dispositivos más eficientes y de menor tamaño.
Pero la gran apuesta española se está construyendo en Granada.
IFMIF-DONES: resolver el problema que ocurre dentro de la pared
IFMIF-DONES se construye en Escúzar para responder a uno de los retos menos visibles y más decisivos de la fusión: qué materiales pueden sobrevivir dentro de un reactor durante periodos suficientemente largos.
En septiembre de 2026, el proyecto inició los trabajos preparatorios para la construcción de su edificio principal, que albergará el acelerador y sus principales sistemas científicos y tecnológicos.
Aquí aparece una de las claves que Ángel Ibarra quiere sacar del laboratorio y llevar al debate empresarial: la disponibilidad. Una central comercial no sirve simplemente porque consiga producir reacciones de fusión. Debe producir energía durante una parte muy elevada de su vida operativa.
Si los materiales se degradan rápidamente y obligan a detener continuamente el reactor para sustituir componentes, el problema científico se convierte inmediatamente en un problema económico.
“Uno de los parámetros que va a determinar esa disponibilidad es disponer de materiales que sean capaces de mantener las condiciones de operación necesarias durante periodos de tiempo relevantes”, explica Ibarra.
El problema es que el entorno dentro de un futuro reactor de fusión es muy difícil de reproducir.
“En este momento no hay información suficiente para poder predecir el comportamiento de los materiales con los que se pretende construir los futuros reactores de fusión”, apunta.
IFMIF-DONES pretende llenar precisamente ese vacío. La instalación generará un entorno de irradiación representativo del que sufrirán determinados componentes de los futuros reactores. Eso permitirá estudiar cómo envejecen los materiales, validar componentes y generar información experimental para mejorar los diseños.
Para Ibarra, esta infraestructura coloca a España en una posición privilegiada en materiales avanzados, caracterización, fabricación de componentes, ingeniería, manipulación remota, sistemas de control y mantenimiento.
Y el negocio empieza antes de que exista la primera central. La fusión ya necesita empresas especializadas en mecanizado, ingeniería de precisión, electrónica, vacío, superconductividad, robótica, materiales especiales, instrumentación y sistemas de control.
La oportunidad resulta especialmente interesante porque muchas de esas capacidades serán necesarias con independencia del concepto de reactor que acabe triunfando.
Una cadena de suministro que empieza a tomar forma
La oportunidad industrial ya puede medirse. Según el Fusion Industry Supply Chain Report 2026, el gasto declarado de las empresas de fusión en su cadena de suministro creció un 24% durante 2025. Las compañías participantes en el estudio declararon 538 millones de dólares de gasto y proyectaban incrementarlo hasta 681 millones en 2026.
El informe identifica además cuellos de botella precisamente en algunas áreas donde la industria española dispone de capacidades relevantes: sistemas de potencia, gestión térmica, bombas de vacío, materiales capaces de soportar condiciones extremas y sistemas del ciclo de combustible.
Esto cambia la pregunta para muchas compañías. La cuestión deja de ser únicamente “¿cuándo venderá electricidad la primera central de fusión?”. También pasa a ser “¿qué necesitarán durante los próximos diez años las organizaciones que están intentando construirla?”.
Para Ibarra, esa es probablemente la oportunidad más tangible a corto plazo.
Las compañías privadas suelen concentrar una experiencia extraordinaria en el concepto de plasma que quieren desarrollar, pero pueden necesitar apoyo externo en ingeniería, fabricación de componentes, gestión de grandes proyectos, mantenimiento o industrialización. Ahí puede entrar el tejido industrial.
¿Cuándo llegará la fusión nuclear comercial?
Dar una fecha cerrada sería poco riguroso.
Ibarra propone fijarse en hitos en lugar de titulares. Para poder hablar de una tecnología preparada para competir industrialmente habrá que demostrar, entre otras cosas:
- que entendemos y controlamos un plasma en el que se producen suficientes reacciones de fusión;
- una ganancia neta de energía a escala de reactor;
- que podemos cerrar el ciclo del tritio y regenerar el combustible consumido;
- materiales capaces de resistir periodos significativos de operación;
- sistemas de mantenimiento suficientemente rápidos;
- una disponibilidad elevada de las plantas;
- y una operación segura y económicamente sostenible.
Además, aparece el desafío de la escala. Para que la fusión llegue algún día a representar una parte significativa del mercado energético mundial habría que construir miles de reactores. Esto exige cadenas de suministro capaces de proporcionar materiales, combustible y componentes de forma sostenida.
Por eso conviene separar dos preguntas:
¿Veremos instalaciones piloto y demostradores mucho más avanzados durante las próximas décadas? Hay proyectos públicos y privados movilizando miles de millones para intentarlo.
¿Sabemos cuándo la fusión proporcionará una parte significativa de la electricidad mundial? Todavía no.
Y esa diferencia importa para empresas e inversores. La oportunidad industrial puede aparecer muchos años antes que la central comercial.
España puede empezar a ganar antes de que gane la fusión
La carrera por la fusión suele narrarse como una competición por construir el primer reactor conectado a la red. Para España, esa mirada puede quedarse corta.
El Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter ha analizado la fusión desde una perspectiva más amplia: como un reto científico y también como el nacimiento de una nueva industria que necesitará materiales, fabricantes, ingeniería, software, robótica, sistemas de control, talento y capital.
Ángel Ibarra señala dónde puede encontrarse una de las principales ventajas españolas. IFMIF-DONES permitirá construir capacidades que serán útiles con independencia del concepto de reactor que finalmente se imponga. A su alrededor pueden crecer conocimiento, proveedores, talento y tecnologías exportables a un mercado internacional.
España cuenta ya con un tejido de decenas de empresas vinculadas a la cadena de valor de la fusión y una posición destacada en los grandes proyectos internacionales. Según los datos publicados por el CDTI en 2024, España ocupaba el segundo puesto europeo, después de Francia, en contratación tanto con Fusion for Energy (F4E) como con la Organización ITER, incluso excluyendo los contratos de obra civil. Desde 2008, las empresas españolas habían obtenido más de 650 contratos para ITER, por un importe superior a 1.468 millones de euros, en un mercado competitivo sin cuotas de retorno garantizadas por país.
Un ejemplo de empresa española trabajando en fusión es AVS, que trabaja en tecnologías críticas para fusión como sistemas de ultra alto vacío, entornos de radiación, criogenia, manipulación remota, diagnóstico y componentes para reactores. La compañía participa además en desarrollos vinculados a IFMIF-DONES, incluido el diseño de módulos de irradiación y tecnologías relacionadas con el acelerador.
También destaca Empresarios Agrupados, con una trayectoria de décadas en el sector. Participó ya en los años 90 en el diseño de ITER y posteriormente ha trabajado en ámbitos como edificios, sistemas de refrigeración, distribución eléctrica, seguridad, regeneración de tritio y componentes de la primera pared del reactor. En IFMIF-DONES ha participado en el diseño y actualmente desarrolla ingeniería para el proyecto de Granada.
AVS y Empresarios Agrupados son dos ejemplos de un ecosistema más amplio. De hecho, proyectos recientes liderados desde el Laboratorio Nacional de Fusión del CIEMAT reúnen a empresas como AVS, Empresarios Agrupados y ESTEYCO para desarrollar tecnologías críticas relacionadas con materiales, irradiación y sistemas regeneradores de tritio.
España cuenta así con décadas de investigación en el CIEMAT, experiencia industrial en ITER, una gran infraestructura estratégica como IFMIF-DONES, nuevas apuestas científicas como SMART y un tejido empresarial que ya trabaja en tecnologías necesarias para futuras máquinas de fusión.
La primera central comercial de fusión todavía queda por construir. La industria que deberá construirla ya ha empezado.
Preguntas frecuentes sobre la fusión nuclear
¿Qué es la fusión nuclear?
Es el proceso por el que dos núcleos atómicos ligeros se unen formando otro más pesado y liberando energía. Es el mecanismo que alimenta al Sol y a las estrellas.
¿Es lo mismo fusión nuclear que fisión nuclear?
No. La fisión divide núcleos pesados y es la tecnología utilizada en las centrales nucleares actuales. La fusión une núcleos ligeros y todavía se encuentra en fase experimental.
¿Es segura la fusión nuclear?
Una reacción de fusión no puede mantener una reacción en cadena autosostenida como la fisión. Si desaparecen las condiciones necesarias para mantener el plasma, la reacción se detiene. Las futuras centrales deberán gestionar, aun así, riesgos asociados al tritio, los neutrones y los materiales activados.
¿Qué es ITER y qué papel juega España?
ITER es el gran experimento internacional destinado a demostrar la integración de tecnologías necesarias para la fusión magnética a gran escala. España participa científicamente y a través de una importante cadena industrial. Además, Barcelona alberga la sede de Fusion for Energy, responsable de la contribución europea al proyecto.
¿Qué es IFMIF-DONES?
Es una infraestructura científica internacional que se construye en Escúzar, Granada. Su objetivo es generar datos que permitan estudiar y validar materiales destinados a soportar el intenso entorno neutrónico de los futuros reactores de fusión.
¿Cuándo estará disponible la fusión nuclear comercial?
Todavía no existe una fecha fiable. ITER prevé iniciar sus operaciones de investigación en 2034 y la fase con deuterio y tritio en 2039. Varias compañías privadas plantean calendarios más rápidos, pero todavía deben demostrar aspectos fundamentales relacionados con materiales, combustible, mantenimiento, disponibilidad, coste y escalado industrial.
Director de IFMIF Dones España