Resumen generado por IA
El Índice Mundial de Innovación 2026 sitúa a España en el puesto 28 y aborda cómo transformar descubrimientos científicos en empresas escalables. El informe de la OMPI compara 139 economías según siete pilares (instituciones, capital humano e I+D, infraestructuras, sofisticación del mercado y empresarial, y resultados en conocimiento, tecnología y creatividad). España muestra fortalezas en infraestructuras y resultados tecnológicos, pero tiene margen de mejora en instituciones, financiación para startups y colaboración universidad-empresa. Además, solo el 2,2 % de sus 557 spin-offs científicas están en fases avanzadas, una de las proporciones más bajas entre las principales economías europeas, lo que subraya un reto para acompañar el crecimiento más allá de la creación.
El informe se centra en el deep science entrepreneurship, empresas basadas en avances científicos con largos ciclos, alta necesidad de capital y fuerte dependencia de la propiedad intelectual. Recomienda financiar la validación y el escalado, facilitar la transferencia tecnológica con condiciones claras y ágiles, desarrollar infraestructuras compartidas (laboratorios y plantas piloto) y activar la demanda mediante primeros clientes y compras públicas. Contribuciones como la de Ángel Cabrera proponen integrar el emprendimiento en la universidad y licencias rápidas ligadas a equity. Para España, la prioridad es reforzar las conexiones entre investigación, mercado y financiación para convertir más conocimiento en empresas que crezcan y aporten valor social y económico.
El Índice Mundial de Innovación 2026 analiza cómo transformar descubrimientos científicos en empresas capaces de crecer. Repasamos la posición de España, los retos de la transferencia tecnológica y la contribución de Ángel Cabrera, presidente de Georgia Tech y patrono de la Fundación Innovación Bankinter.
El Índice Mundial de Innovación 2026 sitúa a España en el puesto 28 y analiza cómo transformar los descubrimientos científicos en empresas capaces de crecer. Ángel Cabrera, presidente de Georgia Tech y patrono de la Fundación Innovación Bankinter, participa en una de las nueve contribuciones de expertos.
Una nueva terapia, una batería más eficiente o un material con propiedades extraordinarias pueden abrir un mercado. Para conseguirlo, necesitan recorrer un camino que conecta investigación, validación, financiación, fabricación y clientes. La capacidad de completar ese recorrido determina qué descubrimientos terminan generando actividad económica y mejoras para la sociedad.
Ese es el hilo conductor del Global Innovation Index 2026, publicado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI). Bajo el lema Powering entrepreneurs at the frontier of science, esta edición combina su clasificación internacional con una pregunta decisiva: ¿qué necesita el emprendimiento científico para convertir los avances del laboratorio en soluciones que lleguen al mercado?
Para España, el informe ofrece una doble lectura: una fotografía de su posición innovadora y una agenda para aprovechar mejor su conocimiento científico.
Qué mide el Global Innovation Index 2026
El Índice Mundial de Innovación compara 139 economías mediante siete pilares: instituciones, capital humano e investigación, infraestructuras, sofisticación del mercado, sofisticación empresarial, resultados de conocimiento y tecnología, y resultados creativos.
Su estructura distingue entre los recursos y condiciones que favorecen la innovación y los resultados obtenidos. Permite analizar cuánto invierte un país, cómo funciona su ecosistema y qué capacidad tiene para transformar esos recursos en conocimiento, tecnología y actividad empresarial.
Conviene leer la clasificación junto con sus indicadores. Una misma posición puede responder a perfiles muy distintos: buenas infraestructuras, investigación potente, mercados financieros desarrollados o empresas capaces de comercializar tecnología. Además, los datos proceden de diferentes años; la edición 2026 reúne la información disponible para construir una visión comparativa.
Cuáles son las economías más innovadoras del mundo
Suiza encabeza el índice por decimosexto año consecutivo, seguida de Suecia y Estados Unidos. Corea del Sur y Singapur completan los cinco primeros puestos. Después aparecen Reino Unido, Países Bajos, Finlandia, Dinamarca y China.
Europa conserva una presencia destacada, con 14 economías entre las 25 primeras. China mantiene la décima posición y es la única economía de renta media situada entre los diez líderes.
La estabilidad de la cabecera refleja una característica de la innovación: las capacidades más difíciles de construir requieren continuidad. Universidades, talento especializado, inversión empresarial y conexiones entre organizaciones se refuerzan durante décadas.
También importa la concentración geográfica. El informe sitúa a Shenzhen-Hong Kong-Guangzhou, Tokio-Yokohama y San José-San Francisco al frente de los grandes clústeres de innovación. En España, Barcelona ocupa el puesto 45 y Madrid, el 48.
Estos núcleos facilitan el encuentro entre investigadores, emprendedores, inversores y empresas. La proximidad ayuda a compartir conocimiento, encontrar socios y reunir capacidades para desarrollar tecnologías complejas.
España en el Índice Mundial de Innovación 2026
España ocupa el puesto 28, con un perfil que combina fortalezas claras y áreas de mejora. Se sitúa en la posición 31 en recursos y condiciones para innovar y en la 22 en resultados.
El desglose por pilares permite entender mejor esa posición:
| Pilar | Posición de España |
| Infraestructuras | 9 |
| Resultados de conocimiento y tecnología | 23 |
| Resultados creativos | 24 |
| Capital humano e investigación | 27 |
| Sofisticación empresarial | 30 |
| Sofisticación del mercado | 33 |
| Instituciones | 55 |
Las infraestructuras constituyen su fortaleza más visible. En cambio, el pilar institucional presenta un resultado más débil. España ocupa el puesto 100 en estabilidad de las políticas para hacer negocios y el 63 en políticas y cultura emprendedora. Otros indicadores directamente relacionados con la capacidad de transformar conocimiento en empresas apuntan también a margen de mejora: financiación para startups y scaleups, puesto 57, y colaboración universidad-empresa en I+D, puesto 65.
España figura entre las doce economías europeas que mejoran su posición en esta edición. Su evolución se enmarca en un desafío compartido: convertir las fortalezas científicas e industriales de Europa en empresas de rápido crecimiento, financiación para escalar y mejoras de productividad. Para España, estos resultados sugieren una prioridad: reforzar las conexiones entre investigación, emprendimiento y mercado.
Emprendimiento científico: por qué necesita un modelo propio
El informe dedica su tema central al deep science entrepreneurship: empresas nacidas de avances científicos en ámbitos como materiales avanzados, energía, genómica, tecnologías sanitarias, física cuántica o biología sintética.
La OMPI utiliza un concepto más delimitado que el habitual deep tech: excluye el software, el comercio electrónico, el fintech y otros servicios nativos digitales. Estas empresas se caracterizan por ciclos de desarrollo largos, necesidades elevadas de capital, equipos multidisciplinares y una dependencia importante de la propiedad intelectual.
Su progreso exige investigación, ensayos, certificación y desarrollo industrial, además de laboratorios, equipos especializados e instalaciones piloto. Por eso necesitan instrumentos adaptados a cada etapa: demostrar una tecnología, realizar ensayos clínicos o construir una planta plantean necesidades de financiación y acompañamiento diferentes.
El informe cifra en 122.000 millones de dólares la inversión en capital en startups y spin-offs de base científica en 2025, un 7,4 % más que en 2024. La cuestión es cómo distribuir ese capital a lo largo del recorrido que lleva desde el descubrimiento hasta una actividad comercial sostenible.
Más capital, con una fuerte concentración en inteligencia artificial
El contexto financiero presenta una tensión relevante. El valor global de las operaciones de capital riesgo creció alrededor del 28 % en 2025, hasta alcanzar los 510.000 millones de dólares. Sin embargo, el número de operaciones cayó un 1,4 %, su cuarto descenso anual consecutivo.
La inteligencia artificial concentró el 53 % del importe invertido en 2025. Durante el primer semestre de 2026, su participación ascendió al 77 %, según los datos recogidos en el informe.
El aumento del volumen invertido convive con una selección más concentrada de oportunidades. Para los emprendedores científicos, esto refuerza la importancia de identificar inversores que comprendan sus plazos y riesgos.
La financiación debe acompañar hitos concretos: demostrar que una tecnología funciona, validar su utilidad, fabricar con calidad y conseguir clientes. Cada avance reduce una incertidumbre distinta y puede abrir la puerta a nuevos financiadores.
Ángel Cabrera y Raghupathy Sivakumar: repensar la transferencia universitaria
El presidente de Georgia Tech, Ángel Cabrera, patrono de la Fundación Innovación Bankinter, y Raghupathy Sivakumar, director de Comercialización de la misma institución, firman una de las nueve contribuciones de expertos del informe: Disrupting the disruptors: Rebooting academia’s commercialization playbook.
Su propuesta plantea integrar el emprendimiento en la vida universitaria: ampliar el acceso al acompañamiento, implicar a los estudiantes y trabajar sobre posibles aplicaciones durante la investigación.
Entre las medidas descritas destaca una licencia rápida de propiedad intelectual que permite a las startups acceder a tecnología universitaria sin desembolsos iniciales, a cambio de participación accionarial. Así, la universidad vincula su retorno al crecimiento de la empresa.
Los autores también explican qué experiencias ofrecieron resultados insuficientes. Los formatos breves, como ciertos hackatones, encajaron mal con tecnologías complejas. Asimismo, entregar pequeñas cantidades de financiación sin mentoría estructurada produjo avances limitados.
La aportación ofrece principios que otras universidades pueden adaptar a sus circunstancias y subraya la necesidad de experimentar y evaluar los mecanismos de apoyo.
Esta conexión entre formación, investigación y aplicación empresarial también orienta nuestras iniciativas desde la Fundación Innovación Bankinter: InspiraTech, impulsado junto con la Fundación General CSIC, ayuda a investigadores a explorar cómo llevar su conocimiento al mercado mediante formación especializada, contacto con experiencias reales y conexiones con el entorno empresarial. Por su parte, Akademia Future Builders acerca las tendencias tecnológicas a los estudiantes y fomenta la colaboración entre disciplinas para abordar desafíos reales. Ambos programas trabajan sobre una condición que atraviesa el debate del informe: preparar a las personas para identificar oportunidades y transformar conocimiento en proyectos.
El desafío español: acompañar a las empresas hasta su crecimiento
El análisis del emprendimiento científico añade un dato especialmente relevante para España. La tabla 1 del Global Innovation Index 2026, elaborada con datos del Dealroom-WIPO Deep Science Startup Tracker y correspondiente al periodo 2010–2025, compara las veinte economías con mayor número de startups y spin-offs científicas de la muestra. España aparece con 557 empresas.
De ellas, el 82,8 % se encuentra en etapas tempranas y el 2,2 % en fases avanzadas. Esta última proporción es la segunda más baja de las veinte economías incluidas, por delante de Italia, con un 1,1 %. Francia alcanza el 4,8 % y Alemania, el 5,4 %.
La clasificación combina financiación, empleo y valoración. Para considerar una empresa en etapa temprana, el informe establece tres umbrales: menos de 15 millones de dólares de capital riesgo, menos de 50 empleados y una valoración inferior a 100 millones de dólares.
La comparación requiere matices. La base incluye empresas que han recibido capital riesgo y aplica criterios específicos para identificar actividades de deep science. También influyen la edad y la composición sectorial de cada ecosistema. Estos porcentajes describen la distribución de las empresas analizadas por etapas; por sí solos, no miden la probabilidad de que una startup consiga crecer.
Aun así, el contraste europeo invita a examinar qué ocurre después de crear una empresa: cómo accede a capital, dónde valida su tecnología, quién puede fabricar su producto y qué clientes están dispuestos a adoptarlo.
Esta perspectiva complementa el seguimiento del ecosistema que desarrollamos desde la Fundación a través de nuestras iniciativas de apoyo a las startups. La evolución hacia etapas de mayor madurez merece tanta atención como la aparición de nuevos proyectos.
El informe incluye a la española SpliceBio entre los spin-offs científicos destacados y la presenta como cofundada por la Universidad de Barcelona y la Universidad de Princeton. La cita como ejemplo del valor de la colaboración académica internacional para generar propiedad intelectual con potencial comercial, que el documento sitúa en el ámbito de las terapias de ARN.
Cómo convertir los descubrimientos en actividad económica
Entre las recomendaciones del informe destacan cuatro prioridades para quienes diseñan políticas, gestionan universidades o acompañan empresas científicas:
- Financiar la validación y el crecimiento. Conectar las pruebas de concepto con instalaciones piloto, demostración industrial y capital paciente.
- Facilitar la transferencia tecnológica. Utilizar condiciones transparentes, contratos comprensibles y procesos de negociación ágiles.
- Desarrollar infraestructuras compartidas. Ofrecer acceso a laboratorios, equipos de ensayo, fabricación piloto y capacidad de certificación.
- Activar la demanda. Facilitar primeros clientes, compras públicas orientadas a resultados y compromisos de adquisición que permitan planificar inversiones.
La propiedad intelectual atraviesa todas estas prioridades. Una titularidad clara y unas condiciones de acceso viables facilitan acuerdos, licencias, inversión y colaboración industrial.
El Índice Mundial de Innovación 2026 invita a valorar la innovación a lo largo de todo su recorrido. Para España, avanzar significa conectar sus capacidades científicas e infraestructuras con empresas capaces de validar, producir y vender. La oportunidad está en convertir más conocimiento en soluciones que encuentren clientes, crezcan y generen valor para la sociedad.
Presidente en Georgia Institute of Technology