Resumen generado por IA
El silicio es el material fundamental de la economía digital moderna, base de los chips que sustentan dispositivos como smartphones, vehículos eléctricos y redes de telecomunicaciones. Su relevancia ha trascendido lo tecnológico, convirtiéndose en un asunto estratégico para la industria y la geopolítica global, como se destacó en el Future Trends Forum de 2025. El silicio, un semiconductor con propiedades físicas únicas, permite fabricar transistores en masa y es esencial para la computación, la conectividad y la automatización. A pesar de la exploración de materiales alternativos, sigue siendo la plataforma principal de la microelectrónica gracias a su abundancia, estabilidad y ecosistema industrial consolidado.
La fabricación de chips es un proceso complejo que requiere una precisión extrema y grandes inversiones, concentrado en pocos actores globales como TSMC, Intel y Samsung. Esta concentración, junto con la creciente demanda impulsada por la inteligencia artificial y la movilidad eléctrica, plantea desafíos geopolíticos y económicos, evidenciados en la crisis de los semiconductores que afectó a múltiples sectores. Europa, dependiente de proveedores externos, busca fortalecer su autonomía industrial mediante inversiones, talento especializado y colaboraciones público-privadas. Aunque materiales como el germanio o el carburo de silicio amplían las capacidades tecnológicas, el silicio seguirá siendo la base de la infraestructura tecnológica global y una pieza clave en la competencia estratégica del siglo XXI.
El silicio, base de los semiconductores, impulsa la economía digital y la geopolítica tecnológica. Claves industriales y estratégicas para Europa.
El silicio es uno de los pilares materiales de la economía digital. Sobre este elemento se construyen los chips que hacen posible la computación, la conectividad y la automatización a escala global. Smartphones, vehículos eléctricos, redes de telecomunicaciones o centros de datos comparten una misma base física: el silicio.
En 2025, su relevancia trasciende el ámbito tecnológico. El silicio se ha convertido en una cuestión estratégica para la industria y para la geopolítica. Así se puso de relieve en el Future Trends Forum celebrado en diciembre de 2025, centrado en los semiconductores como infraestructura crítica para la competitividad económica y la soberanía tecnológica de Europa.
¿Qué es el silicio y para qué sirve?
El silicio es un elemento químico natural y uno de los materiales más importantes del mundo moderno. Está presente en la arena, en las rocas… y en casi toda la tecnología que usamos a diario.
Su valor está en sus propiedades físicas. El silicio es un semiconductor: puede comportarse como aislante o como conductor eléctrico según cómo se modifique. Esta capacidad lo convierte en la base de los chips electrónicos.
En términos simples: sin silicio no existirían los ordenadores, los smartphones ni Internet.
¿Para qué se usa el silicio hoy?
El silicio es el material central de la industria de los semiconductores. A partir de él se fabrican los transistores que forman los chips. Estos chips están en:
- Smartphones y ordenadores
- Centros de datos y computación en la nube
- Vehículos eléctricos y sistemas de conducción avanzada
- Redes de telecomunicaciones
- Equipos industriales y sistemas de automatización
Por eso, cuando hablamos de silicio, hablamos de tecnología y, también, de economía, industria y geopolítica.
¿Por qué el silicio? La base material de la revolución tecnológica
Aunque existen otros materiales semiconductores, el silicio se ha impuesto como el estándar de la microelectrónica por una combinación difícil de igualar. Es abundante en la naturaleza, estable y fiable a largo plazo, y permite una fabricación industrial a gran escala con costes contenidos. A esto se suman décadas de desarrollo tecnológico acumulado, que han consolidado un ecosistema industrial único.
Desde el punto de vista físico, el silicio pertenece a una categoría muy específica de materiales: los semiconductores. Su comportamiento eléctrico puede ajustarse con enorme precisión mediante procesos industriales maduros, como el dopado, lo que permite controlar el flujo de electrones y fabricar transistores de forma masiva. Esta capacidad de “programar” la materia es la base de toda la microelectrónica moderna.
A diferencia de otros semiconductores, el silicio combina esta versatilidad electrónica con una alta estabilidad térmica y una compatibilidad total con procesos industriales extremadamente complejos. Gracias a ello, durante décadas ha sido posible integrar miles de millones de transistores en un solo chip con tasas de fallo mínimas.
El resultado es que el silicio no es solo un material tecnológico, sino la plataforma física sobre la que se construye la economía digital. Aunque hoy se exploran materiales alternativos para aplicaciones concretas, el silicio sigue siendo el punto de partida de toda la industria de semiconductores.
Historia del silicio: de los Laboratorios Bell a la economía digital
El punto de inflexión en la historia del silicio se produce en 1947, con la invención del transistor en los Bell Labs. Este avance marca el inicio de la electrónica moderna y abre el camino a la miniaturización de los dispositivos. En los años siguientes, el silicio desplaza al germanio y se consolida como el material de referencia para la fabricación de semiconductores.
Durante las décadas de 1960 y 1970, la integración de un número creciente de transistores en un único circuito da lugar al microprocesador. Este salto tecnológico impulsa el nacimiento de una nueva industria y de un ecosistema empresarial concentrado en California. Silicon Valley surge así vinculado de forma directa al material que sustenta esta transformación.
Desde entonces, el silicio ha acompañado cada etapa de la digitalización. La Ley de Moore ha guiado durante décadas la mejora continua del rendimiento de los chips, multiplicando la capacidad de cálculo y reduciendo costes. En el siglo XXI, el silicio se convierte en un habilitador transversal de la economía digital: computación en la nube, inteligencia artificial, movilidad eléctrica, redes de telecomunicaciones y sistemas industriales avanzados.
En la actualidad, el silicio se encuentra cerca de sus límites físicos, lo que ha impulsado nuevas arquitecturas, técnicas de fabricación avanzadas y la incorporación de materiales complementarios. Aun así, sigue siendo la base sobre la que se construye la infraestructura tecnológica global y el punto de partida de la próxima fase de la industria de semiconductores.
El proceso de fabricación: de la arena a la oblea (wafer)
La transformación del silicio en un chip es uno de los procesos industriales más complejos y exigentes que existen. Combina química, física, ingeniería de materiales y automatización extrema.
El punto de partida es la purificación. A partir de arena de cuarzo se obtiene silicio de altísima pureza, superior al 99,9999999 %. Este nivel es imprescindible para garantizar el comportamiento eléctrico del material.
A continuación tiene lugar el crecimiento del cristal. Mediante el proceso Czochralski, el silicio fundido se solidifica en forma de un lingote monocristalino, con una estructura atómica perfectamente ordenada.
Ese lingote se somete después al corte en obleas. Se obtienen discos extremadamente finos, los wafers, que se pulen hasta alcanzar una superficie prácticamente perfecta.
Sobre cada oblea se desarrolla la fabricación del chip. A través de sucesivas fases de litografía, deposición y grabado se construyen capas microscópicas que alojan miles de millones de transistores, con precisiones medidas en nanómetros.
El proceso finaliza con el test y encapsulado. Cada chip se verifica individualmente antes de integrarse en un paquete que lo protege y permite su conexión con el resto del sistema.
En este entorno, la tolerancia al error es mínima. Un fallo en cualquiera de las etapas puede inutilizar toda la oblea, lo que explica el alto nivel de especialización, inversión y control que caracteriza a la industria de los semiconductores.
Por qué fabricar chips es tan difícil y tan estratégico
La fabricación de semiconductores concentra algunas de las mayores barreras industriales existentes hoy. Requiere inversiones multimillonarias, ciclos de desarrollo largos y un nivel de precisión técnica que solo unos pocos actores en el mundo pueden alcanzar.
Cada fábrica de chips avanzados integra miles de procesos, equipos altamente especializados y cadenas de suministro globales. La coordinación entre materiales, maquinaria, software y conocimiento científico resulta crítica. El margen de error es mínimo y los costes de fallo son muy elevados. Este nivel de complejidad limita de forma natural el número de empresas y países capaces de competir en la frontera tecnológica, como veremos en el siguiente apartado.
A esta dificultad técnica se suma una dimensión estratégica. Los semiconductores son un insumo transversal para sectores clave como la automoción, la energía, las telecomunicaciones, la defensa o la inteligencia artificial. La dependencia externa en su suministro expone a economías enteras a riesgos industriales y geopolíticos.
Por este motivo, la capacidad de fabricar chips se ha convertido en un activo estratégico. Gobiernos y regiones compiten por atraer inversiones, asegurar el acceso a tecnología crítica y reforzar su autonomía industrial. En este contexto, el silicio deja de ser solo un material y pasa a formar parte de la infraestructura económica y estratégica del siglo XXI.
Los gigantes del chip: el papel de TSMC, Intel y Samsung
La fabricación avanzada de semiconductores es uno de los segmentos industriales más concentrados del mundo. Aunque el silicio es abundante, la capacidad de transformarlo en chips de última generación está en manos de un número muy reducido de actores.
TSMC lidera la industria a escala global. La compañía taiwanesa domina los nodos tecnológicos más avanzados y fabrica chips para gran parte de las empresas que definen la economía digital, entre ellas Apple, NVIDIA o AMD. Su posición resulta crítica para sectores como la computación de alto rendimiento y la inteligencia artificial.
Intel, pionera histórica de la microelectrónica, mantiene una posición relevante tanto en diseño como en fabricación. En los últimos años ha iniciado una estrategia de fuerte inversión para recuperar liderazgo tecnológico, con nuevas plantas en Estados Unidos y Europa y un modelo que combina producción propia y servicios de fabricación para terceros.
Samsung Electronics ocupa una posición singular. Es líder mundial en memoria y uno de los pocos actores capaces de producir chips lógicos avanzados a gran escala. Esta doble fortaleza le permite competir en distintos segmentos clave de la cadena de valor.
Como destacó el Future Trends Forum, Europa depende de forma crítica de esta capacidad externa para abastecer a su industria. Esta dependencia explica el impulso a nuevas políticas industriales orientadas a reforzar la producción local de semiconductores y reducir vulnerabilidades en un ámbito considerado estratégico.
La geopolítica de los semiconductores: el nuevo “petróleo” del siglo XXI
En 2025, el silicio se ha consolidado como un activo de poder. La capacidad de fabricar semiconductores avanzados condiciona el desarrollo de la economía digital, la defensa, las infraestructuras críticas y la transición energética. El control de esta tecnología se ha convertido en un factor determinante de competitividad y autonomía estratégica.
El actual equilibrio global se define por tres ejes principales: la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, la centralidad de Taiwán en la fabricación avanzada y la reacción de Europa ante su dependencia externa. En este contexto, la Unión Europea ha activado políticas industriales orientadas a atraer fábricas de última generación, reforzar la cadena de suministro y reducir vulnerabilidades.
Tal y como subrayó el Future Trends Forum, el debate va más allá de la eficiencia económica. La cuestión central es la resiliencia: asegurar el acceso a una tecnología crítica en un entorno marcado por la fragmentación geopolítica y la incertidumbre global.
Impacto económico de la escasez de silicio: la crisis de los chips
La crisis de los semiconductores puso de manifiesto el carácter sistémico del silicio. Una disrupción en su suministro fue suficiente para afectar de forma simultánea a múltiples sectores industriales y a mercados de consumo en todo el mundo.
Efectos en la industria de la automoción
La automoción fue uno de los sectores más afectados. Paradas de fábricas, retrasos en las entregas y vehículos incompletos se convirtieron en una constante. Un automóvil moderno integra miles de chips que controlan desde la gestión del motor hasta los sistemas de asistencia y seguridad. Sin semiconductores, la cadena de producción se detiene.
Efectos en la electrónica de consumo
La electrónica de consumo también sufrió las consecuencias. Smartphones, consolas y ordenadores registraron retrasos en su lanzamiento y aumentos de precio. Durante meses, la demanda superó a la oferta disponible, evidenciando la fragilidad de unas cadenas de suministro altamente globalizadas y optimizadas al límite.
Silicio frente a otros semiconductores emergentes
El silicio sigue siendo el material dominante en la industria de los semiconductores. El avance de nuevas aplicaciones y los límites físicos de la miniaturización han impulsado el desarrollo de materiales alternativos, cada uno con ventajas específicas.
| Material | Ventajas clave | Limitaciones | Usos principales |
| Silicio (Si) | Escalable, coste contenido, ecosistema industrial maduro | Límites físicos en nodos muy avanzados | Chips lógicos y memoria |
| Germanio (Ge) | Alta movilidad electrónica | Menor estabilidad térmica y menor madurez industrial | Investigación y aplicaciones de nicho |
| Carburo de Silicio (SiC) | Alta eficiencia energética, soporta altas tensiones y temperaturas | Coste elevado y fabricación compleja | Vehículo eléctrico, electrónica de potencia, energía |
| Nitruro de Galio (GaN) | Alta frecuencia y alta densidad de potencia | Integración industrial más compleja | 5G, cargadores rápidos, radar |
El consenso en la industria es claro. Estos materiales amplían las capacidades del silicio y permiten responder a nuevas necesidades, especialmente en potencia, eficiencia y comunicaciones. A corto y medio plazo, su papel es complementario. El silicio seguirá siendo la base de la microelectrónica global, apoyado por otros semiconductores en aplicaciones específicas.
Para profundizar en esta evolución del ecosistema de materiales, recomendamos la ponencia de Ana Cremades, “Beyond Silicon: Expanding the Materials Palette for Microelectronics”, donde analiza cómo la diversificación de materiales será clave para la próxima etapa de la industria de los semiconductores:
Conclusión estratégica
La industria de los semiconductores ha dejado de ser una actividad industrial especializada para convertirse en infraestructura esencial de la economía global. El último Future Trends Forum, celebrado en diciembre de 2025, puso de manifiesto dos realidades que condicionan la competitividad de Europa y de España: la transformación profunda de la cadena de valor de los chips y la concentración geográfica y tecnológica de su fabricación.
La demanda mundial de semiconductores crece de forma exponencial, impulsada por la inteligencia artificial, la movilidad eléctrica, los centros de datos y la automatización industrial. Este crecimiento exige más capacidad productiva y una mayor diversidad de productos y tecnologías. Europa cuenta con capacidades industriales en segmentos como la electrónica de potencia, sensores y microcontroladores, pero aún depende de capacidades de fabricación avanzada concentradas fuera de sus fronteras.
Las discusiones del Future Trends Forum subrayan que competir en este nuevo tablero global exige una estrategia integral. Es necesario:
- Incrementar la inversión pública y privada para atraer y consolidar infraestructuras de diseño y fabricación competitivas.
- Fortalecer el talento especializado en todos los niveles de la cadena tecnológica.
- Impulsar la especialización inteligente en ámbitos donde Europa tiene ventajas claras, como empaquetado, sensores, potencia y arquitecturas orientadas a casos de uso industrial.
- Fomentar colaboraciones público-privadas y cadenas regionales de valor, integrando pymes, centros de investigación y grandes empresas para crear ecosistemas sostenibles y resilientes.
Estas palancas reforzarán la capacidad industrial y contribuirán a la autonomía tecnológica y a la seguridad económica en un entorno global cada vez más competitivo.
La carrera por el silicio es una de las grandes batallas tecnológicas y económicas del siglo XXI. Europa aún tiene tiempo y oportunidades para posicionarse, siempre que actúe de forma coherente y coordinada.
Profesor del Departamento de Física de Materiales de la Universidad Complutense de Madrid.