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Turismo Espacial

Turismo

La eterna promesa. Hasta el momento sólo siete personas han podido visitar el espacio, en concreto a la Estación Espacial Internacional, pagando su billete. El primero fue Dennis Tito, quien entre abril y mayo de 2001 pasó siete días a bordo. El último  hasta el momento ha sido Guy Laliberté, quien pasó allí varios días en septiembre de 2009. Estos viajes a la Estación Espacial Internacional quedaron en suspenso después de que la NASA retirara del servicio los transbordadores espaciales en 2011, pues eso dejo las cápsulas tripuladas Soyuz como la única opción para alcanzar la Estación y  desde entonces todas las plazas están ocupadas por astronautas de las agencias participantes en la Estación.


Pero 2019 puede ser el año en el que por fin el turismo espacial baje de precios de muchos millones de euros a «tan sólo» unos cientos de miles con los primeros vuelos tripulados del cohete New Shepard de Blue Origin –empresa de la que es dueño Jezz Bezos, el propietario de Amazon– y del avión cohete SpaceShipTwo de Virgin Galactic, propiedad del Richard Branson. Las dos ofrecerán breves viajes al espacio en los que los participantes experimentarán unos minutos de ingravidez antes de volver a tierra. No hay que olvidar, de todos modos, que en octubre de 2004 el SpaceShipOne alcanzaba dos veces el espacio, lo que parecía augurar que ese tipo de vuelos estaban a la vuelta de la esquina… y que 15 años después aún seguimos esperando, con un accidente mortal por medio.
 

Y aún tendremos que esperar un poco más para volver a ver turistas espaciales en órbita, ya sea en la EEI o en las estaciones espaciales privadas –podríamos pensar en ellos como hoteles espaciales– que quieren construir empresas como Bigelow Aerospace y Axiom Space. No sólo hay que construir esos hoteles espaciales –Bigelow lleva ventaja con la experiencia que ha adquirido con el Bigelow Expandable Activity Module, un módulo que lleva en la EEI desde 2016– sino porque también necesitarán naves espaciales con las que llegar a ellos.

En este sentido tanto Boeing como SpaceX están a pocos meses –si no se tuercen las cosas– de poner en servicio la CST-100 Starliner y la Crew Dragon, sus naves tripuladas con capacidad de poner astronautas en órbita. Las dos empresas tienen contratos con la NASA para llevar tripulantes a la EEI, pero nada les impide comercializar vuelos con ellas.

Con todo, y dados los precios, es un mercado relativamente pequeño; las estimaciones hablan de unos 1.300 millones de dólares dentro de cinco años. Y eso suponiendo que no se tuerzan las cosas y de verdad puedan empezar a volar turistas al espacio.
Es difícil, además, que se produzcan grandes avances en los próximos años porque desarrollar naves espaciales tripuladas es caro y complicado, por lo que por mucho tiempo será un segmento de mercado intrigante pero pequeño. Sin embargo la agencia espacial rusa, Roscosmos, y la empresa estadounidense Space Adventure firmaban un acuerdo a principios de 2019 para llevar a dos nuevos turistas espaciales a finales de 2021, aunque habrá que ver si se sustancia.

The factors that drive a commercial space station.

Michael explains the reasons why it is necessary to develop a commercial space station.

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