Educación
La auténtica educación responsiva potenciará las soft skills

Entrenar las soft skills desde edades tempranas es importante tanto para el rendimiento académico como para el laboral. Eso sí: hay que hacerlo toda la vida.
En un aula hay todo tipo de niños, como en una oficina hay todo tipo de adultos. Hay quienes siempre llegan con la hora pegada a los talones. Hay quienes se distraen con el vuelo de una mosca y quienes absorben con avidez cada palabra que escuchan. Hay quienes memorizan algo con solo exponerse a ello un momento y a quienes les cuesta más o menos trabajar en equipo.
Ante un panorama tan variado, parece una utopía plantear una educación que se adapte a cada alumno. Las soft skills, una serie de habilidades que no siempre se trabajan, pero que resultan determinantes en el rendimiento escolar y laboral, son la clave para lograrlo. Esa educación responsiva será crucial para encontrar un puesto de trabajo adecuado. Y si la pregunta es cómo mejorar la capacidad cognitiva, la respuesta también está en las soft skills o habilidades blandas.
Barreras que se diluyen
Pensemos por un momento en un aula de hace dos o tres décadas. Entonces, parecía que el hecho de que un niño se distrajera con facilidad o no fuera puntual era un rasgo grabado a fuego que repetiría toda su vida, incluso cuando ya fuera un adulto trabajador.
Este razonamiento no iba tan desencaminado: sin entrenamiento en soft skills, el alumno parecía condenado a arrastrar la etiqueta de turno toda su vida. La educación se basaba casi en exclusiva en la capacidad cognitiva de los alumnos, entendida como un conjunto de habilidades como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, la comprensión de ideas complejas y el aprendizaje de la experiencia.
Lo que ocurre es que tan importantes como las habilidades cognitivas son las soft skills como la decisión, la capacidad de negociación, la comunicación o la colaboración. Introducirlas en la educación desde edades muy tempranas es un método excelente para que cada alumno, sean cuales sean sus fortalezas o áreas de mejora, pueda desarrollarse correctamente y alcanzar el éxito laboral.
Se trata de diluir la barrera que tradicionalmente ha separado dos objetivos: cómo desarrollar la capacidad cognitiva y cómo potenciar las soft skills. Ambos pueden lograrse si se trabajan en paralelo.
Cómo mejorar la capacidad cognitiva

Resulta que cultivar las soft skills es una excelente manera de mejorar la capacidad cognitiva de los alumnos porque potencia sus resultados. La memoria rinde mejor si se presta atención y los problemas se resuelven más fácilmente si se plantean de la manera más adecuada o no nos paraliza la incertidumbre. Así lo demuestra un proyecto educativo desarrollado en España y presente en más de cien escuelas.
Educar para Ser es un programa impulsado por la Universidad de Murcia que desarrolla, desde edades tempranas y hasta el final de la Educación Primaria, un currículo de estimulación de las habilidades de autorregulación de los niños, independientemente de su perfil de neurodesarrollo. Es decir, sirve para niños con o sin altas capacidades, dificultades de aprendizaje o necesidades educativas especiales. Y se imparte en paralelo al currículo convencional.
Este proyecto se apoya sobre la evidencia científica que demuestra que, si medimos a edades tempranas las habilidades de autorregulación, los resultados predicen el bienestar personal y laboral que una persona tendrá a lo largo de la vida mejor que el cociente intelectual.
Durante dos sesiones semanales, los docentes en el programa Educar para Ser trabajan las habilidades blandas con los niños. Les ayudan a mantener la atención, ignorar distracciones, retener y utilizar nueva información, ser creativos, postergar recompensas, planificar o gestionar la incertidumbre y la frustración, entre otras muchas cuestiones.
En cuatro años, el proyecto ha reportado mejoras significativas en cuanto al rendimiento académico de los alumnos participantes: sus puntuaciones han aumentado entre 1,5 y 2,1 puntos en Matemáticas, Lengua y Ciencias, en una escala del 0 al 10. Una progresión que comienza a observase ya en Primaria. Además, los niños han mejorado su capacidad para controlar los impulsos en un 14%; la capacidad de planificar o la memoria operativa, en un 10%; y la resolución de problemas, en un 7%.
Entrenamiento de larga duración
En definitiva, el entrenamiento en soft skills ha demostrado mejorar el rendimiento académico de los alumnos desde edades muy tempranas. Unas ventajas que se pueden trasladar al entorno laboral si se continúa por ese camino: las habilidades sociales y emocionales son casi tan influyentes en los grandes logros profesionales como las cognitivas.
Esta es la razón por la que las soft skills se tienen cada vez más en cuenta en los procesos de selección y serán cada vez más valoradas en los nuevos puestos que surgirán a raíz de la automatización del trabajo.
Eso sí, el entrenamiento de la soft skills es una rutina que deberá mantenerse a lo largo de toda la vida. No solo para desarrollar nuevas habilidades, sino también para mejorar y adaptar a los nuevos contextos las ya entrenadas.
La clave para desarrollar una educación responsiva, capaz de extraer el verdadero potencial de cada alumno sin importar su entorno o características personales, tiene mucho que ver con conceptos como la resiliencia, el pensamiento crítico o la capacidad de comunicarse y trabajar con los demás. Entrenar estas habilidades siempre es una gran idea, no importa si nos sentamos en un pupitre o en una oficina.