Resumen generado por IA
Cristina Calviño, biotecnóloga especializada en inmunoterapia y biomedicina, ha dedicado más de una década a la investigación oncológica y el desarrollo de terapias avanzadas. Actualmente trabaja en Telum Therapeutics, una startup que utiliza inteligencia artificial para crear nuevas terapias contra bacterias resistentes a antibióticos, un problema global creciente. Su trayectoria se caracteriza por la capacidad de adaptación y la visión interdisciplinar, transitando desde la inmunoterapia hasta la microbiología, siempre con el objetivo de traducir la ciencia básica en tratamientos que mejoren la salud de las personas. Cristina destaca la importancia de la colaboración multidisciplinar para acelerar la innovación y lograr un impacto real en los pacientes.
En su experiencia, transformar los avances científicos en soluciones clínicas implica superar retos técnicos, regulatorios y de escalabilidad, especialmente al pasar de laboratorios a producción industrial. Cristina también ha trabajado en proyectos como el desarrollo de nanovacunas para diabetes tipo 1, aunque la financiación sigue siendo una barrera en la investigación biomédica. Respecto al futuro, resalta el potencial de las terapias CAR-T universales, la edición genética con CRISPR y la inteligencia artificial para revolucionar la medicina personalizada y preventiva. Además, subraya que la curiosidad, la paciencia, la colaboración y la adaptación constante serán claves para que las nuevas generaciones aprovechen las tecnologías emergentes y contribuyan a construir el futuro de la biomedicina.
: Cristina Calviño, alumni de Akademia Future Builders, repasa su trayectoria en inmunoterapia, terapias CAR-T y alternativas a antibióticos impulsadas por inteligencia artificial.
En la Fundación Innovación Bankinter nos gusta seguir de cerca la trayectoria de quienes han pasado por el programa Akademia Future Builders y hoy están construyendo futuro desde posiciones clave del ecosistema emprendedor, investigador, tecnológico y empresarial.
Nuestra protagonista en esta ocasión es Cristina Calviño, biotecnóloga especializada en inmunoterapia y biomedicina, con experiencia en investigación oncológica, terapias avanzadas y desarrollo de alternativas a antibióticos. Tras más de una década trabajando en ciencia aplicada, actualmente forma parte de Telum Therapeutics, compañía centrada en el diseño de nuevas terapias frente a bacterias resistentes mediante inteligencia artificial.
A continuación, resumimos la conversación que hemos mantenido con Cristina, en la que reflexiona sobre su trayectoria en investigación biomédica, el futuro de las terapias CAR-T, el impacto de CRISPR y la inteligencia artificial en el desarrollo de nuevos tratamientos y los retos globales que plantea la resistencia a antibióticos.
De la curiosidad científica al impacto real en pacientes
La trayectoria de Cristina Calviño comenzó con una pregunta muy simple: cómo funciona el mundo microscópico. Desde pequeña sintió una enorme curiosidad por entender qué ocurre dentro de las células y cómo el sistema inmune protege al organismo. Esa inquietud científica acabó convirtiéndose en una carrera dedicada a la biomedicina y a la búsqueda de nuevas terapias para enfermedades complejas.
A lo largo de más de diez años trabajando en inmunoterapia, Cristina ha mantenido intacta la motivación que la llevó a iniciar su tesis doctoral: conseguir que la ciencia llegue al paciente. Para ella, uno de los aspectos más fascinantes de la investigación biomédica es ver cómo una idea nacida en un laboratorio puede acabar transformándose en un tratamiento capaz de mejorar vidas.
Esa conexión entre investigación básica y aplicación clínica ha marcado toda su carrera. Desde el desarrollo de terapias avanzadas hasta su actual trabajo en alternativas a antibióticos, Cristina ha buscado siempre proyectos con impacto tangible en la salud de las personas.
En los próximos años quiere seguir avanzando en esa misma dirección, cada vez más cerca de la aplicación real de la ciencia. Por eso, la industria farmacéutica representa para ella un entorno especialmente estimulante: un espacio donde investigación, innovación y llegada al paciente convergen de forma directa.
Aprender a moverse entre disciplinas científicas
La carrera de Cristina Calviño ha recorrido ámbitos muy distintos dentro de la biomedicina: diabetes tipo 1, terapias CAR-T para tratamiento de cáncer y, más recientemente, nuevas alternativas frente a bacterias resistentes a antibióticos. Cada etapa le ha permitido ampliar conocimientos y desarrollar una habilidad especialmente valiosa en entornos científicos y tecnológicos: la capacidad de adaptación.
Pasar de la inmunoterapia a la microbiología supuso para ella abrirse a nuevas dinámicas, nuevos lenguajes y nuevos retos científicos. También le permitió reforzar una mentalidad cada vez más transversal, algo clave en un contexto donde la innovación surge cada vez más de la conexión entre disciplinas.
Cristina destaca además que, aunque estas áreas puedan parecer muy diferentes, comparten una misma base: comprender mecanismos biológicos complejos para encontrar formas de intervenir sobre ellos. Tanto en inmunoterapia como en microbiología, el avance científico parte de estudiar cómo funcionan los procesos celulares y cómo traducir ese conocimiento en soluciones reales.
Esa visión interdisciplinar le ha permitido trasladar parte de la experiencia acumulada en inmunoterapia al campo de la microbiología. Un ejemplo claro de cómo las competencias científicas y la capacidad de aprendizaje continuo se convierten en herramientas fundamentales para moverse en sectores de innovación profunda.
Nuevos antibióticos diseñados con inteligencia artificial
En 2023, Cristina decidió dar un giro a su carrera y sumarse a Telum Therapeutics, una startup centrada en uno de los grandes retos de salud global: las resistencias a antibióticos. Después de varios años trabajando intensamente en inmunoterapia y producción de terapias avanzadas, buscaba un nuevo desafío científico y profesional.
En Telum encontró ambos. La compañía trabaja en el desarrollo de alternativas a antibióticos utilizando inteligencia artificial para diseñar proteínas capaces de eliminar bacterias de forma mucho más precisa. El objetivo es desarrollar terapias eficaces que reduzcan al máximo la aparición de resistencias bacterianas.
Frente a muchos antibióticos tradicionales, que actúan alterando procesos internos de las bacterias, el enfoque de Telum busca destruir directamente la bacteria mediante moléculas que se unen a su superficie. Esta estrategia abre nuevas posibilidades para combatir infecciones cada vez más difíciles de tratar.
Actualmente, la compañía se encuentra en fases tempranas de investigación, con ensayos in vivo prometedores y distintas líneas de trabajo para diferentes tipos de bacterias. Para Cristina, este campo representa perfectamente hacia dónde avanza la innovación biomédica: terapias más específicas, apoyadas en inteligencia artificial y diseñadas para responder a desafíos globales con impacto directo en millones de personas.
El gran reto: convertir ciencia en soluciones reales
Cristina ha trabajado tanto en investigación preclínica como en entornos clínicos, una experiencia que le ha permitido entender uno de los grandes desafíos de la biomedicina: conseguir que una innovación científica funcione fuera del laboratorio y llegue realmente al paciente.
En investigación, muchos desarrollos ofrecen resultados prometedores a pequeña escala. El reto aparece cuando esos procesos deben reproducirse de forma estable, segura y escalable en condiciones GMP, el estándar necesario para fabricar terapias destinadas a uso clínico.
Pasar de un experimento controlado a la producción de grandes cantidades implica resolver múltiples desafíos técnicos, regulatorios y de validación. Procesos que funcionan perfectamente en fases iniciales pueden comportarse de forma muy distinta cuando se trasladan a entornos industriales o clínicos.
Para Cristina, ahí reside precisamente uno de los aspectos más apasionantes de la ciencia aplicada: transformar conocimiento en soluciones reales capaces de generar impacto tangible en la vida de las personas.
Nanovacunas, diabetes y el desafío de financiar la innovación
Durante su doctorado en la Universidad de Santiago de Compostela, Cristina trabajó en el desarrollo de nanovacunas para diabetes tipo 1. El proyecto buscaba reprogramar determinadas células del sistema inmune para evitar que el organismo atacase al páncreas, uno de los mecanismos que desencadenan esta enfermedad autoinmune.
Su investigación se centraba en trabajar con nanopartículas y monocitos, células del sistema inmune que, al interactuar con estas estructuras, evolucionaban hacia células dendríticas capaces de modular la respuesta inmunitaria. Cristina recuerda especialmente el impacto visual del proceso: las células cambiaban completamente de forma durante el experimento, pasando de estructuras redondeadas a figuras similares a estrellas.
Los resultados iniciales, tanto in vitro como en algunos estudios in vivo, fueron prometedores. Sin embargo, el proyecto acabó frenándose por un reto habitual en ciencia profunda: la financiación. Mantener líneas de investigación biomédica hasta fases clínicas requiere recursos elevados, visión a largo plazo y conexiones sólidas entre ciencia e industria.
Aun así, parte de ese trabajo encontró continuidad posteriormente en Pamplona, donde Cristina participó en ensayos clínicos relacionados con estrategias similares aplicadas a enfermedades como la esclerosis múltiple. Una experiencia que le permitió comprobar cómo una investigación nacida en un laboratorio universitario podía acercarse cada vez más a la práctica clínica real.
Precisamente, nuestro programa Inspiratech pone el foco en ese punto crítico: acercar la investigación científica al ecosistema empresarial y ayudar a que tecnologías con potencial real consigan avanzar hacia el mercado y la sociedad.
Ciencia, paciencia y aprendizaje constante
Para Cristina, trabajar en ciencia implica convivir cada día con la incertidumbre. Muchos experimentos salen adelante después de semanas o meses de trabajo. Otros obligan a volver al punto de partida. Y precisamente ahí es donde entra en juego una de las capacidades más importantes para cualquier investigador: la paciencia.
En su trabajo actual, por ejemplo, manejan cientos de candidatos potenciales antes de seleccionar las moléculas más prometedoras. A partir de ahí comienza un proceso continuo de validación, análisis y nuevos ensayos. En ocasiones, una proteína que parecía perfecta deja de funcionar como esperaban en fases posteriores, obligando al equipo a replantear hipótesis y buscar nuevas alternativas.
Lejos de verlo como una frustración, Cristina entiende ese proceso como parte natural de la investigación. Cada resultado aporta información nueva y abre nuevas preguntas. Por eso destaca la importancia de mantener una mentalidad flexible, trabajar con distintos enfoques y estar en aprendizaje constante.
Esa combinación entre curiosidad científica, capacidad de adaptación y propósito es precisamente lo que sigue motivándola después de tantos años en biomedicina: la sensación de que cada pequeño avance puede acabar generando un impacto real en la vida de las personas.
La innovación surge de la colaboración
A lo largo de su trayectoria, Cristina ha trabajado en equipos formados por perfiles muy diversos: investigadores, clínicos, especialistas en producción, expertos en microbiología o inteligencia artificial. Esa experiencia le ha confirmado algo fundamental en ciencia e innovación: los grandes avances siempre son colectivos.
Para ella, la colaboración entre disciplinas resulta tan importante como el conocimiento técnico. Cada persona aporta una perspectiva distinta y complementar capacidades se convierte en la clave para resolver problemas complejos.
En biomedicina, donde convergen áreas cada vez más especializadas, trabajar de forma multidisciplinar permite acelerar descubrimientos y encontrar soluciones que difícilmente surgirían desde un único enfoque. Cristina lo resume de forma sencilla: cada equipo puede ser excelente en una parte del proceso, pero el verdadero impacto aparece cuando todo ese conocimiento consigue trabajar de forma coordinada.
El futuro de las terapias avanzadas: medicina personalizada, preventiva y conectada
Las terapias CAR-T representan uno de los mayores avances recientes en la lucha contra el cáncer. Estas terapias utilizan linfocitos del propio paciente que son modificados genéticamente para reconocer y atacar células tumorales de forma específica. Cristina Calviño ha trabajado directamente en este ámbito y sigue muy de cerca su evolución.
En su opinión, durante los próximos años veremos un gran salto en la forma en que se desarrollan y aplican estas terapias. Actualmente, muchos tratamientos CAR-T se realizan a partir de células autólogas, es decir, células extraídas del propio paciente. El reto es que esos pacientes suelen llegar a estadios avanzados de la enfermedad y han pasado previamente por tratamientos agresivos como la quimioterapia, algo que impacta directamente en la calidad de las células utilizadas.
Por eso, una de las líneas con más potencial pasa por las terapias alogénicas: CAR-T universales desarrolladas a partir de células donantes y combinadas con tecnologías de edición genética como CRISPR. Este enfoque permitiría crear tratamientos más estandarizados, escalables y accesibles para un mayor número de pacientes.
Cristina también destaca el papel creciente de la inteligencia artificial en este proceso. La combinación entre biotecnología avanzada e IA está acelerando el desarrollo de nuevas terapias, optimizando procesos y facilitando que tratamientos que hoy todavía se consideran altamente especializados puedan integrarse cada vez más en la práctica clínica habitual.
Pero la transformación de la medicina va mucho más allá de las terapias avanzadas. Cristina imagina un futuro donde los tratamientos serán mucho más personalizados, precisos y preventivos. Un modelo en el que la tecnología permitirá detectar antes determinados problemas de salud y adaptar las terapias a las características concretas de cada persona.
En esa evolución, dispositivos cotidianos como relojes inteligentes, sensores o wearables tendrán un papel cada vez más relevante. La capacidad de monitorizar constantes y patrones de salud en tiempo real abre nuevas oportunidades para anticiparse a enfermedades y mejorar la prevención.
Para quienes hoy estudian carreras científicas o tecnológicas, este campo representa un ejemplo claro de cómo disciplinas como la biología, la ingeniería genética, la inteligencia artificial y la tecnología médica convergen para construir la medicina del futuro.
Akademia: aprender a pensar diferente
Aunque Cristina llegaba a Akademia con una sólida formación científica y técnica, el programa le permitió ampliar su visión sobre innovación y colaboración. Recuerda especialmente la capacidad de las sesiones para conectar tecnología, aplicación práctica y nuevas formas de pensar.
Para ella, uno de los mayores aprendizajes fue entender la importancia de integrar perspectivas diferentes dentro de un mismo equipo. En los proyectos colaborativos del programa descubrió cómo ideas valiosas pueden surgir desde perfiles muy distintos y cómo la diversidad de enfoques enriquece cualquier proceso de innovación.
Akademia también le ayudó a desarrollar una mentalidad más abierta y flexible, algo que hoy considera fundamental en entornos científicos y tecnológicos donde el aprendizaje continuo es constante.
Además, destaca el impacto que tuvo el programa en sus habilidades de comunicación. A pesar de definirse como una persona tímida, trabajar en dinámicas de grupo, presentar proyectos y compartir ideas le permitió ganar seguridad y aprender a comunicar mejor su trabajo y sus ideas.
Un consejo para quienes empiezan: colaborar, adaptarse y aprender a usar la IA
Cuando piensa en estudiantes que hoy están comenzando su carrera profesional, Cristina insiste en tres ideas: perseverancia, colaboración y aprendizaje continuo. Cree que el esfuerzo acaba dando resultados y que trabajar en equipo sigue siendo una de las capacidades más importantes para avanzar en cualquier ámbito científico o tecnológico.
A lo largo de su experiencia ha comprobado que las mejores ideas muchas veces surgen de combinar perspectivas diferentes. Por eso anima a las nuevas generaciones a escuchar, colaborar y construir soluciones junto a otros perfiles.
También observa con optimismo el impacto que tendrá la inteligencia artificial en las carreras científicas y biomédicas. Lejos de verla como una amenaza, la entiende como una herramienta capaz de acelerar enormemente el trabajo de investigación y desarrollo.
Para Cristina, la diferencia en los próximos años no estará entre personas e inteligencia artificial, sino entre quienes sepan aprovechar bien estas herramientas y quienes se queden atrás en su adopción. Las nuevas generaciones cuentan hoy con tecnologías que pueden potenciar su capacidad de aprendizaje, análisis e innovación a una velocidad impensable hace apenas unos años.
En un contexto donde ciencia, tecnología e inteligencia artificial convergen cada vez más, Cristina tiene claro el mensaje: la curiosidad, la capacidad de adaptación y la colaboración seguirán siendo las habilidades más valiosas para construir el futuro.
¡Muchas gracias, Cristina! ¡Y muchos éxitos por venir!
Si quieres conocer los testimonios de otros alumni de Akademia, aquí puedes verlos.
Y si quieres saber más sobre el programa Akademia, te invitamos a visitar la web de la Fundación.