Ciencia

¿De qué depende que podamos llegar a vivir hasta 150 años?

¿De qué depende que podamos llegar a vivir hasta 150 años?

Nuevos estudios sobre la esperanza de vida de las personas apuntan a que no podremos vivir más de 120 o 150 años. ¿A qué se debe?

Las condiciones económicas y de salud entran en juego, pero nuestro sistema biológico envejece y tiene fecha de caducidad

Aunque Freddie Mercury cuestionara ese anhelo tan humano de alcanzar la inmortalidad, lo cierto es que el hombre siempre ha estado interesado por entender los mecanismos de envejecimiento y, en la medida de lo posible, retrasarlos o aminorarlos para alargar nuestra esperanza de vida.

Un reciente estudio publicado en Nature y liderado por Timothy Pyrkov, investigador en Gero, una potente compañía de biotecnología asentada en Singapur, ha analizado el ritmo de envejecimiento de la población en Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Sus conclusiones son que podríamos llegar a tener una esperanza de vida entre los 120 y 150 años. Pero no más.

Principales causas de defunción

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, las causas principales de defunción en el mundo se pueden atribuir a tres grandes grupos: enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y afecciones neonatales.

Estas últimas son, de hecho, la principal causa de muerte en los países pobres, cuyos habitantes tienen también muchas más probabilidades de morir por una enfermedad transmisible, como neumonías, diarreas o tuberculosos.

Mientras, en los países más desarrollados hay una incidencia más alta del cáncer o incluso del Alzheimer, y mucho menor del resto de causas por las que se muere en los países en vías de desarrollo.

La OMS asegura que es importante saber de qué mueren las personas para mejorar la forma de vida y porque ayuda a determinar la eficacia de nuestros sistemas de salud.

¿Tiene límite la vida humana?

Teniendo en cuenta todos estos factores de defunción, pongámonos en el hipotético caso de vivir en un país desarrollado, tener una salud de hierro y no vernos afectados por ninguna enfermedad que acabe con nuestra vida. ¿Hasta cuándo podríamos vivir?

Eso es, básicamente, lo que se han planteado y estudiado los investigadores del estudio que mencionábamos anteriormente. Según sus conclusiones, aunque no suframos algunos de los factores que suelen acabar con nuestra vida (cáncer, problemas cardíacos o accidentes), la capacidad de nuestro cuerpo para restaurar el equilibrio de sus innumerables sistemas estructurales y metabólicos se va deteriorando con el tiempo.

Es decir, que tenemos fecha de caducidad, aunque vivamos con las mejores condiciones sanitarias, en un país desarrollado, nuestros genes sean inmejorables y no tengamos ningún trauma ni enfermedad.

Una salud estable

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores seleccionaron grandes cohortes de población en Estados Unidos, Reino Unido y Rusia. Para evaluar las desviaciones de la salud estable de estas poblaciones, analizaron los cambios en los recuentos de células sanguíneas y el número diario de pasos tomados y los analizaron por grupos de edad.

Tanto en el recuento de células sanguíneas como en el de pasos, el patrón era el mismo: a medida que aumenta la edad, existe algún factor (más allá de una enfermedad) que provoca una disminución predecible e incremental en la capacidad del cuerpo para devolver las células san2guíneas o para reiniciar la marcha a un nivel estable después de una parada.

Una vez determinado cuál es el ritmo de deterioro del cuerpo, emplearon esa medida para calcular cuándo desaparecería por completo la capacidad para reiniciarnos, llevándonos a la muerte. Es así cuando llegaron a la conclusión de que el límite de la vida humana está comprendido en un rango de edad entre los 120 y los 150 años.

Vivir más o mejor

Desde 1900, la esperanza de vida media mundial se ha duplicado. Aunque ahora supera los 70 años, sigue habiendo importantes desigualdades entre unos países y otros (incluso dentro de cada estado): el país con menor esperanza de vida es la República Centroafricana (53 años) y el que tiene el dato más elevado en esta métrica es Japón (85 años, 32 más). España se encuentra en la parte alta de la tabla, lo que está llevando al envejecimiento de la población.

Podríamos concluir que, pese al avance de la medicina, de los tratamientos y de las curas, y a pesar de que seamos capaces de superar algunas causas de muerte, los procesos biológicos fundamentales que provocan el envejecimiento continuarán hasta el final de nuestros días.

La pérdida de resiliencia, incluso en los individuos más sanos y que envejecen con mayor éxito, podría explicar por qué no vemos un aumento evidente de la esperanza de vida máxima.

En 2018, nuestro experto Jay Olshansky ya nos hablaba de como podríamos detener el envejecimiento y por lo tanto vivir mejor.

Supercentenarios

Según el Libro Guiness de los Récords, la persona que más tiempo estuvo viva fue la francesa Jeanne Louise Calment, que murió a la edad de 122 años y 164 días. La persona más anciana que sigue viva es Kane Tanaka, con 117 años.

Teniendo en cuenta la existencia de varios supercentenarios (personas que viven más de cien años), otros investigadores realizaron un estudio en el que intentaron dar respuesta a cuál podría ser la esperanza de vida humana más larga en cualquier parte del mundo para el año 2100. Para calcular la probabilidad de vivir más allá de los 110 años y hasta qué edad se podría llegar, los investigadores emplearon la versión más reciente del International Database on Longevity, creada por el Instituto Max Planck de Investigación Demográfica. Esa base de datos rastrea supercentenarios de 10 países europeos, además de Canadá, Japón y Estados Unidos.

Entre las conclusiones del informe podemos destacar que los investigadores creen que hay un 99% de probabilidad de que alguna persona viva hasta los 124 años e incluso hasta los 127 años (probabilidad del 68%). Sin embargo, consideran que es «extremadamente improbable» que alguien viva hasta los 135 años, al menos en este siglo.

Cerrar la brecha entre salud y esperanza de vida

Por eso, algunos ven en el estudio sobre la resiliencia humana una manera no tanto de ralentizar el proceso de envejecimiento, sino de poder controlar la morbilidad, disminuir el impacto de las enfermedades y ampliar la calidad de vida, especialmente en el último tramo.

Es decir, una nueva manera de comprender cómo envejece nuestro cuerpo, qué biomarcadores se pueden medir y cómo poder actuar sobre ellos.

Y, en última instancia, de cerrar la brecha entre esperanza de vida y esperanza de vida sana. Por hacernos una idea, en 2019, el número de años de vida sana al nacer se calculó en 65,1 años para las mujeres y 64,2 años para los hombres en la UE, lo que representó aproximadamente el 77,5% y el 81,8% de la esperanza de vida total para mujeres y hombres.

No en vano, una de las claves es que, si se viven más años, estos tengan una buena calidad. Que el aumento de la longevidad vaya acompañado de buena salud es una cuestión crucial.

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