Semiconductores en España: dónde estamos y qué viene después

Resumen generado por IA

Los semiconductores han pasado a ser estratégicos: IA, centros de datos, vehículos eléctricos, salud y defensa dependen de chips especializados, y la disponibilidad se ha vuelto un asunto de competitividad y resiliencia. España ha reaccionado con el PERTE Chip, inversiones y nuevas infraestructuras, pero el debate clave es qué capacidades quedarán en 2030 cuando termine el impulso financiero. Expertos señalan que España tiene activos científicos e industriales —investigación en materiales, microelectrónica y ejemplos históricos como Tres Cantos— pero falla la conexión persistente entre laboratorio y fábrica, necesaria para escalar prototipos a producción rentable.

La industria global del chip está muy fragmentada, por lo que España no debe perseguir producir todos los chips punteros, sino especializarse donde tenga ventaja: materiales avanzados (diamante, SiC, GaN), fotónica integrada, chiplets y empaquetado heterogéneo. Proyectos como IMEC Málaga y la inversión en Diamond Foundry son pasos para cerrar el salto lab-to-fab. Europa necesita superclústeres y coordinación para lograr escala, y la demanda industrial puede impulsar adopción y producción. Finalmente, el reto más duro es el talento y la continuidad: construir capacidad industrial lleva décadas. La oportunidad para España está en identificar tecnologías emergentes y sostener la inversión para convertir ciencia en industria duradera.

España cuenta con ciencia, talento y nuevas inversiones en semiconductores. Ana Cremades y Daniel Granados analizan qué capacidades pueden convertir esa base en industria.

Los semiconductores han dejado de ser una industria invisible. La inteligencia artificial, los centros de datos, el vehículo eléctrico, las telecomunicaciones, la defensa, la energía o la salud dependen de chips cada vez más especializados. Y las tensiones de los últimos años han demostrado algo más: tener acceso a ellos es también una cuestión de competitividad y resiliencia industrial.

España ha respondido con inversión, nuevas infraestructuras y una estrategia específica alrededor del PERTE Chip. Pero la pregunta relevante empieza a ser otra: ¿qué capacidades permanecerán cuando termine el impulso inicial de financiación?

Ese es el eje del webinar Semiconductores en España: dónde estamos y qué viene después, conducido por Juan Moreno, director general de la Fundación Innovación Bankinter, con Ana Cremades, catedrática de Ciencia de Materiales de la Universidad Complutense de Madrid, y Daniel Granados, profesor de investigación en IMDEA Nanociencia y director del CITT Semiconductores de Madrid. Ambos participaron como expertos en el Future Trends Forum dedicado a semiconductores, donde expertos internacionales analizaron la evolución tecnológica del sector, sus cadenas de valor y las oportunidades para Europa y España.

La conversación mira fundamentalmente hacia delante. Su conclusión es clara: España tiene activos valiosos. Ahora necesita conectarlos, especializarse y mantener el esfuerzo durante años.

Si quieres ver el webinar, puedes hacerlo aquí:

España ya fabricó chips: la lección de Tres Cantos

España cuenta con décadas de experiencia en investigación de materiales, microelectrónica y dispositivos. También tuvo capacidad industrial de primer nivel.

Uno de los mejores ejemplos fue la fábrica de microchips de Tres Cantos, inaugurada en 1987. Nació como una iniciativa de AT&T y Telefónica y, tras la reorganización de AT&T, pasó a formar parte de Lucent Technologies en los años noventa. Jaime Martorell, actual Comisionado Especial para el PERTE Chip, regresó a España en 1987 para dirigir AT&T Microelectrónica coincidiendo con la apertura de aquella planta.

La historia sirve sobre todo como aprendizaje. Cuando aquella capacidad industrial desapareció, España mantuvo grupos científicos y conocimiento especializado, pero se debilitó la conexión cotidiana entre academia y fábrica. Cremades recuerda cómo esa pérdida contribuyó a fragmentar el ecosistema: los laboratorios siguieron generando ciencia, aunque con menos caminos directos para escalarla hacia productos y producción.

Ese sigue siendo uno de los grandes retos actuales.

La industria del chip ya no funciona como una cadena nacional

Intentar reconstruir toda la industria dentro de las fronteras españolas tendría poco sentido. Un semiconductor moderno pasa por una cadena de valor extraordinariamente distribuida: propiedad intelectual, herramientas de diseño, materiales, fabricación de obleas, equipos de litografía, procesos químicos, encapsulado, test e integración final.

Granados recuerda durante el webinar que un mismo chip puede cruzar decenas de fronteras antes de llegar al producto que termina en nuestras manos. Esta estructura ayuda a entender por qué los semiconductores se convirtieron en un problema geopolítico durante la pandemia. Cuando falla un eslabón, sectores enteros pueden sufrir las consecuencias.

También obliga a matizar el concepto de soberanía tecnológica. Europa difícilmente tendrá toda la cadena. Tampoco la tienen Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur o Japón. Incluso compañías con posiciones dominantes dependen de proveedores repartidos por varios continentes.

El caso de ASML es paradigmático. Europa controla a través de esta compañía neerlandesa una tecnología crítica para fabricar los chips más avanzados: los sistemas de litografía. A su vez, ASML depende de proveedores europeos y estadounidenses para óptica, componentes y propiedad intelectual.

El informe final del Future Trends Forum sobre semiconductores parte precisamente de esa realidad: competir exige elegir en qué eslabones Europa puede ser realmente diferencial y concentrar recursos para convertir esas fortalezas en capacidad industrial.

PERTE Chip: la pregunta importante es qué quedará en 2030

El PERTE de Microelectrónica y Semiconductores nació en 2022 con una inversión pública prevista de 12.250 millones de euros hasta 2027 y actuaciones en ciencia, diseño, fabricación y dinamización de la industria electrónica.

Para Ana Cremades, el programa ya ha conseguido algo importante: colocar los semiconductores en la agenda industrial española. Pero propone una métrica más exigente que el dinero comprometido o ejecutado: ¿qué capacidades seguirán existiendo en España en 2030?

La respuesta empieza a concretarse en varios proyectos.

Uno de los más relevantes es el futuro centro de IMEC en Málaga. Será la primera gran instalación de IMEC de estas características fuera de Bélgica y estará orientada al desarrollo, prototipado y escalado de tecnologías de semiconductores sobre obleas de 300 milímetros. El Gobierno ha comprometido 500 millones de euros y ha anunciado el inicio de las obras para el primer trimestre de 2027.

Su importancia va más allá de disponer de una nueva infraestructura. Puede cubrir uno de los huecos que Granados y Cremades identifican: el salto entre laboratorio y fábrica. Una tecnología puede funcionar sobre unas pocas muestras y fracasar cuando intenta fabricarse de forma repetible, fiable y rentable. Las líneas piloto permiten atravesar esa distancia sin obligar a una startup o a un grupo de investigación a construir desde cero una fábrica multimillonaria.

Es una pieza esencial para convertir ciencia en industria.

España no necesita fabricar todos los chips

Durante años, gran parte de la conversación europea giró alrededor de atraer grandes foundries capaces de fabricar chips en los nodos más avanzados. El webinar propone una visión más selectiva.

Una fábrica de vanguardia puede requerir inversiones de decenas de miles de millones y necesita operar con una utilización muy elevada para resultar económicamente viable. Llegar tarde a competir frontalmente con ecosistemas construidos durante décadas en Taiwán o Corea puede convertirse en una estrategia extremadamente costosa.

Granados lo resume de otra manera: el tren que ya está pasando es difícil de alcanzar; hay que pensar en el siguiente.

España puede encontrar ventajas en áreas donde ya cuenta con ciencia, empresas y activos diferenciados. Una de ellas son los materiales avanzados. El futuro de los semiconductores ya no consiste únicamente en reducir el tamaño de los transistores de silicio. Nitruro de galio, carburo de silicio, materiales bidimensionales, diamante, ferroeléctricos y combinaciones heterogéneas amplían la paleta disponible para diseñar dispositivos.

Cremades y Granados ya analizaron esta transición en el Future Trends Forum, como recogimos en Nuevos materiales e innovaciones en nanomateriales: la nueva frontera del chip. La siguiente generación de semiconductores dependerá tanto de nuevas arquitecturas como de la capacidad para integrar materiales distintos en procesos industrializables.

España empieza a construir capacidad también en esta área. En mayo de 2026, la SETT formalizó una inversión de 752 millones de euros en Diamond Foundry, dentro de una operación global de 2.350 millones hasta 2029. El proyecto contempla producción de diamante monocristalino en Trujillo y una planta de acabado de obleas de diamante sintético en Zaragoza para aplicaciones de semiconductores.

Es un buen ejemplo de otra forma de participar en la cadena global: España puede ganar relevancia produciendo materiales críticos que necesiten fabricantes de distintos países.

Fotónica, nuevos materiales y chips híbridos

Otra capacidad que aparece repetidamente en la conversación es la fotónica integrada. Utilizar fotones junto a electrones permite abordar algunos límites de consumo energético, ancho de banda y comunicación entre chips, especialmente relevantes en centros de datos e inteligencia artificial.

También crece la importancia de los chiplets, el empaquetado avanzado y la integración heterogénea. En lugar de confiar todas las funciones a una única pieza de silicio, los sistemas futuros combinarán distintos componentes, tecnologías y materiales dentro de un mismo paquete.

Para Granados, esta evolución abre una ventana. Los chips de las próximas décadas serán cada vez más híbridos y todavía resulta difícil anticipar cuál será la combinación dominante. Las discontinuidades tecnológicas son precisamente los momentos en los que nuevos actores pueden entrar en una industria madura.

España cuenta además con investigación en tecnologías cuánticas, fotónica, materiales de banda ancha y nanodispositivos que puede alimentar esa transición. La oportunidad consiste en conseguir que ese conocimiento cruce el camino hasta la industria.

Europa necesita especialización, pero también escala

Una de las ideas más repetidas por Cremades y Granados es que Europa debe evitar multiplicar la misma infraestructura en cada país. Los semiconductores son demasiado caros y complejos para construir veintisiete ecosistemas autosuficientes.

La alternativa son superclústeres europeos capaces de conectar centros de investigación, líneas piloto, fabricantes, proveedores, empresas tractoras y talento de distintos países.

La política europea también se mueve en esa dirección. La Comisión presentó en junio de 2026 su propuesta de Chips Act 2.0, orientada a reforzar la industria europea, reducir dependencias estratégicas, estimular la demanda y apoyar tanto chips avanzados como tecnologías convencionales.

La Fundación ha analizado las implicaciones de esta nueva etapa en Chips Act 2.0: Europa pasa de la ambición a la ejecución en semiconductores. El mensaje encaja con lo que plantean Cremades y Granados: Europa dispone de activos suficientes para ganar peso, pero necesita concentrarlos mejor y sostener sus prioridades.

La demanda también puede construir industria

Europa dispone de otro activo que a menudo pasa desapercibido: un enorme mercado industrial. Automoción, telecomunicaciones, energía, espacio y defensa, salud, fabricación avanzada y centros de datos consumen semiconductores.

Para los expertos, esa demanda puede utilizarse con mucha más intención estratégica. Si las grandes compañías europeas agregan necesidades, anticipan sus roadmaps y se comprometen con determinados proveedores, pueden proporcionar la escala necesaria para que nuevas tecnologías lleguen al mercado.

La experiencia de Japón, comentada durante el webinar, ofrece una referencia. A través de Rapidus, el Gobierno japonés ha impulsado un proyecto común respaldado inicialmente por ocho grandes compañías nacionales para recuperar la fabricación de semiconductores lógicos avanzados. La iniciativa combina financiación pública, inversión privada, colaboración tecnológica internacional y creación de demanda, una fórmula que busca dar escala a un proyecto industrial que difícilmente podría asumir una empresa por separado.

No basta con financiar investigación y esperar que aparezca una industria. Hay que conectar ciencia, producto y cliente. Esta cuestión aparece también en el análisis de la Fundación Semiconductores: entender la cadena de valor para competir en la nueva geografía del chip, que identifica la demanda, la especialización, los clústeres, el salto lab-to-fab y el talento como palancas críticas para Europa.

Talento y continuidad: la infraestructura que no se puede inaugurar

Las fábricas y las salas blancas se ven. El talento tarda mucho más en construirse.

Un ingeniero o investigador especializado en semiconductores necesita años de formación, experiencia práctica y exposición a procesos industriales complejos. La dificultad aumenta porque el sector compite por perfiles que también demandan la inteligencia artificial, la computación cuántica, el software avanzado o la electrónica.

El Future Trends Forum identificó precisamente el talento como una infraestructura crítica para Europa. Como analizamos en Cómo formar y retener talento en semiconductores, el reto consiste tanto en formar como en ofrecer proyectos industriales capaces de retener a esos profesionales.

Por eso continuidad es probablemente la palabra que mejor resume el webinar. Una industria de semiconductores no se crea durante la vigencia de un programa presupuestario. Taiwán, Corea, Japón o los grandes polos europeos llevan décadas construyendo conocimiento, proveedores, talento e infraestructuras. España ha empezado muchas veces. El desafío ahora es evitar otro reinicio.

El próximo chip puede ser una oportunidad para España

La conversación termina con una pregunta de un joven investigador que trabaja en electrónica molecular. La respuesta de Cremades y Granados sirve también como conclusión para el ecosistema español: nadie sabe exactamente cómo será el chip dominante dentro de veinte años. El silicio seguirá siendo fundamental, pero convivirá cada vez más con otros materiales, nuevas arquitecturas, fotónica, tecnologías cuánticas, componentes moleculares y sistemas heterogéneos.

Esa incertidumbre abre una oportunidad. España difícilmente ganará copiando hoy el ecosistema que Taiwán comenzó a construir hace décadas. Puede ganar identificando antes que otros algunas de las tecnologías que definirán la siguiente etapa y conectando su base científica con capacidad de prototipado, capital, clientes industriales y producción.

El PERTE Chip ha contribuido a crear impulso. IMEC Málaga, las inversiones en nuevos materiales y un ecosistema creciente de empresas de diseño y deep tech añaden nuevas piezas. Ahora llega la fase más difícil: convertir esas piezas en capacidades industriales duraderas, elegir dónde podemos ser realmente buenos y sostener la apuesta el tiempo suficiente para que la ciencia se convierta en industria