Qué es el edge computing y en qué consiste

Qué es el edge computing y en qué consiste

procesamiento de los datos se realiza precisamente en el lugar donde se produce o se utiliza esa información. Este tipo de computación se propone sacar lo mejor del cloud computing, como la capacidad de cálculo, de análisis, escalabilidad, etc., pero eliminando algunos de sus inconvenientes, principalmente la latencia. Al tener todo el poder del cloud computing en el mismo […]

procesamiento de los datos se realiza precisamente en el lugar donde se produce o se utiliza esa información. Este tipo de computación se propone sacar lo mejor del cloud computing, como la capacidad de cálculo, de análisis, escalabilidad, etc., pero eliminando algunos de sus inconvenientes, principalmente la latencia. Al tener todo el poder del cloud computing en el mismo lugar donde se recogen los datos, se evita tener que enviarlos hasta la nube para, con posterioridad, tener que devolverlos, en muchas ocasiones, a su punto de origen. Un recorrido de ida y vuelta en el que pueden pasar varios milisegundos que marquen la diferencia entre el éxito o el fracaso de tomar una decisión. 

Edge computing: cómo funciona

 No hace falta decir que las empresas cada vez tienen —y generan— más datos. Muchos de ellos son recopilados, analizados y tenidos en cuenta a la hora de tomar decisiones. En muchas ocasiones, la toma de estos datos se realiza desde lugares dispersos. Incluso, a través de conexiones a internet mejorables. Imaginemos una fábrica o un campo de viñedos. Están plagados de sensores, encargados de proporcionar datos valiosos sobre, por ejemplo, la velocidad de ensamblado de algunas piezas o las condiciones atmosféricas del terreno. Estos datos son enviados a la nube para ser analizados y tomar decisiones en tiempo real, como decidir cambiar la cadena de producción a otro producto si se produce un fallo o suspender un regadío si empieza a llover. En un escenario tradicional, con un centro de datos, todo este caudal de información tiene que viajar hasta el CPD. Las limitaciones de ancho de banda, los problemas de latencia y las interrupciones no previstas en la red suponen un desafío y pueden retrasar, dificultar o incluso impedir algunas operaciones. Es ahí cuando entra en juego el edge computing. En lugar de transmitir todos estos datos por internet a un servidor más o menos lejano, la información se trata muy próxima al origen. Es decir, se mueve una parte de los recursos de almacenamiento y computación fuera del centro de datos central y se sitúan más cerca de la fuente de los datos en sí. Cuanto más cerca esté el análisis de esta información del punto en el que se produce, antes podrá tomarse la decisión, más efectiva será y mejores resultados producirá.  El resultado de todo ese trabajo informático que se ha realizado en el borde (como predicciones de mantenimiento de equipos o alteraciones en el regadío) es lo que se envía al centro de datos principal (a la nube) para su revisión y otras interacciones humanas. En definitiva, los beneficios de mover parte de la infraestructura de datos, las aplicaciones y los recursos de datos al perímetro son:

  • Permitir una respuesta más rápida a las necesidades comerciales.
  • Mayor flexibilidad.
  • Más escalabilidad comercial.
  • Resistencia a largo plazo más eficaz.

Edge computing, IoT y 5G: una tríada inseparable

 El edge computing tiene mucho sentido en escenarios en los que ya se ha implementado el IoT (Internet de las Cosas), puesto que con la combinación de ambos conceptos es con los que las empresas podrán sacar más partido de estas propuestas.  No en vano, la cantidad de dispositivos conectados a internet y el volumen de datos que estos dispositivos producen y utilizan las empresas está creciendo a ritmos acelerados. Las previsiones de Gartner son que, para 2025, el 75% de los datos generados por la empresa se crearán fuera de los centros de datos.  Mover tal cantidad de datos por las redes no solo es costoso, sino que también puede llegar a poner en un aprieto a internet. El edge computing permite aliviar parte de los problemas de mover enormes volúmenes de información. Y, además, permite que se mejoren los tiempos de procesamiento y respuestas de las aplicaciones asociadas. Muchos de los lugares en los que el IoT es una realidad dependen de las comunicaciones inalámbricas móviles, por lo que la disponibilidad de 5G es muy importante para, de nuevo, poder exprimir al máximo el edge computing. Uno de los retos que afronta el IoT es no contar con conexiones cableadas de calidad (como las plantaciones agrícolas anteriormente mencionadas). Las tecnologías de comunicación inalámbrica, con su mayor ancho de banda y menor latencia, vuelven a ser claves para poder mover sin problema toda esa gran cantidad de datos que generan los sensores desplegados.  Teniendo en cuenta que cada vez se generan más datos y que las empresas deben ser capaces de sacar partido de ellos, consultoras como MarketsandMarkets también prevén que las empresas adopten cada vez más soluciones de edge computing. De hecho. El crecimiento es del 34,1% año sobre año hasta 2025.

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