Resumen generado por IA
Los semiconductores se han convertido en un pilar estratégico para la economía global, siendo fundamentales en sectores como inteligencia artificial, automoción eléctrica, salud y defensa. La Fundación Innovación Bankinter destaca en su informe que Europa posee activos científicos y tecnológicos valiosos, pero debe concentrar esfuerzos, elegir áreas competitivas y transformar conocimiento en resultados industriales. Para ello, es crucial convertir la demanda en compromiso industrial, formar clústeres con masa crítica y tratar el talento como infraestructura esencial. En webinars divulgativos, expertos como José Bueno, con experiencia en ASML y Samsung, explican la complejidad de la industria, donde la innovación no termina en el laboratorio, sino que debe materializarse en productos industriales fiables y escalables, superando barreras técnicas, económicas y de coordinación entre múltiples actores del ecosistema global.
La fabricación avanzada de semiconductores requiere planificación a largo plazo, con hojas de ruta tecnológicas que guían el desarrollo durante décadas. El ejemplo de ASML ilustra la dificultad de innovar en tecnologías como la litografía ultravioleta extrema (EUV), que demandó décadas de inversión y colaboración. Europa destaca en algunos eslabones críticos, pero depende de Asia en fabricación avanzada y enfrenta retos futuros en coste, energía, agua y talento. España, aunque no cuenta con un clúster consolidado, tiene capacidades emergentes en fotónica y diseño de chips. La estrategia europea debe centrarse en fortalecer áreas donde pueda liderar, fomentando ecosistemas sólidos y talento, para no solo participar sino influir en la nueva geografía mundial de los semiconductores.
En este webinar de la Fundación Innovación Bankinter, José Bueno, exdirector de Product Management en ASML, explica cómo una tecnología de frontera llega a convertirse en un producto industrial fiable y escalable. Una sesión divulgativa sobre semiconductores, innovación, talento, geopolítica y oportunidades para Europa y España.
Los semiconductores han pasado de ser una tecnología casi invisible para el gran público a convertirse en una de las piezas más estratégicas de la economía global. Están detrás de la inteligencia artificial, los centros de datos, el coche eléctrico, la automatización industrial, las telecomunicaciones, la salud, la energía y la defensa. En otras palabras: buena parte de la competitividad futura de empresas, industrias y países dependerá de su capacidad para acceder, diseñar, fabricar o integrar chips cada vez más avanzados.
Por eso, la Fundación Innovación Bankinter ha dedicado uno de sus informes del Future Trends Forum a analizar las capacidades críticas que Europa debe reforzar para competir en semiconductores. El informe parte de una idea central: Europa cuenta con activos científicos, tecnológicos e industriales muy relevantes, pero necesita concentrarlos mejor, elegir dónde quiere competir y transformar conocimiento en resultados industriales verificables. Entre sus prioridades destacan convertir la demanda europea en compromiso industrial, competir donde Europa puede liderar, construir clústeres con masa crítica, cruzar el “valle de la muerte” entre investigación e industria y tratar el talento como una infraestructura crítica.
Como continuación de ese trabajo, la Fundación Innovación Bankinter ha iniciado una serie de webinars divulgativos para acercar esta industria a un público amplio. En la sesión anterior, Antonio Mesquida nos ayudó a entender la cadena global de valor del chip, sus retos geopolíticos y las oportunidades para Europa y España en la nueva geografía de los semiconductores. Ese primer webinar situaba el mapa general: quién diseña, quién fabrica, quién suministra equipos, materiales y software, y por qué la inteligencia artificial está acelerando una nueva etapa de demanda y especialización.
Este nuevo webinar, presentado por Marce Cancho, directora del think tank Future Trends Forum, da un paso más. Si la sesión anterior explicaba el ecosistema global, esta se centra en una pregunta clave: ¿cómo se convierte una tecnología de frontera en un producto industrial capaz de fabricarse con precisión, fiabilidad y escala?
Para responderla, la Fundación contó con José Bueno, founder y managing partner de Beclarus Partners Group y anteriormente director de Product Management en ASML, una de las compañías más relevantes de la cadena global de semiconductores. José Bueno ha trabajado en Samsung Electronics, en áreas de estrategia, planificación, ventas y marketing dentro del negocio de memoria, y posteriormente en ASML, primero en estrategia corporativa y después en gestión de producto en la unidad de negocio de Deep UV.
La sesión mostró la complejidad que hay detrás de cada chip avanzado: años de planificación, tecnología de frontera, proveedores especializados y una ejecución industrial muy exigente. Y dejó una idea clara: para Europa y España, los semiconductores no son solo ciencia; son industria, talento y competitividad.
Si quieres bajar al detalle técnico, puedes ver el webinar completo en YouTube. En este artículo recogemos sus principales ideas.
Ver el webinar aquí:
Semiconductores: del roadmap tecnológico al producto industrial
Una industria que planifica a décadas vista
En muchas industrias, hablar de una planificación a tres o cinco años ya implica pensar a largo plazo. En semiconductores, ese horizonte puede resultar insuficiente.
José Bueno explicó que el sector trabaja con hojas de ruta tecnológicas -roadmaps- que proyectan la evolución de los chips durante diez, quince o incluso veinte años. Estas hojas de ruta no son simples ejercicios de predicción. Funcionan como instrumentos de coordinación entre fabricantes de chips, proveedores de maquinaria, centros de investigación, empresas de materiales, compañías de software y grandes clientes industriales.
El motivo es sencillo: ninguna empresa puede avanzar sola en esta industria. Cada nueva generación de chips exige que muchos actores evolucionen al mismo tiempo. Si un fabricante quiere producir chips más avanzados, necesita que existan máquinas capaces de fabricarlos, materiales compatibles, software de diseño adecuado, sistemas de medición precisos y proveedores capaces de entregar componentes extremadamente sofisticados.
En el webinar, José Bueno mostró cómo organismos como imec publican roadmaps tecnológicos que ayudan a orientar la evolución de la industria. Estos mapas muestran hacia dónde podrían avanzar los chips en los próximos años, aunque también reflejan la enorme dificultad de cumplir los plazos previstos. En algunos casos, tecnologías inicialmente previstas para una fecha concreta se retrasan varios años porque los desafíos físicos, técnicos y económicos resultan más complejos de lo esperado.
La primera idea clave es clara: los chips avanzados que usamos hoy empezaron a prepararse hace muchos años. Y los chips que serán relevantes dentro de una década ya se están investigando ahora.
Del laboratorio a la fábrica: el salto más difícil
Una de las ideas más importantes del webinar es que en semiconductores la innovación no termina cuando una tecnología funciona en un laboratorio. En realidad, ahí empieza una de las fases más difíciles: convertirla en algo fabricable.
José Bueno lo planteó como el paso “del roadmap tecnológico al producto industrial”. En otras palabras: cómo una visión tecnológica de largo plazo se transforma en una máquina, un proceso o un chip que puede producirse de forma fiable, repetible y económicamente viable.
Para que una tecnología llegue a una fábrica de semiconductores debe superar muchas barreras. No basta con demostrar que algo funciona una vez. Debe funcionar de manera estable, durante miles de horas, dentro de procesos de fabricación extremadamente exigentes y con niveles de precisión muy difíciles de imaginar.
La fabricación de un chip avanzado puede implicar más de mil procesos distintos y varios meses desde que una oblea entra en fábrica hasta que sale convertida en chips funcionales. Además, una fábrica de última generación puede requerir inversiones de decenas de miles de millones de dólares.
En el caso de las memorias, José Bueno explicó que los fabricantes también trabajan con hojas de ruta propias para decidir cómo aumentar la capacidad, mejorar el rendimiento y reducir el consumo. Pero incluso cuando el objetivo parece claro, llevarlo a producción no es sencillo: cada salto tecnológico exige rediseñar procesos, resolver límites físicos y coordinar a múltiples proveedores durante años.
Para cualquier emprendedor, directivo o estudiante interesado en innovación, esta es una lección fundamental: en deep tech, la distancia entre una buena idea y un producto industrial puede ser enorme. Y recorrerla exige método, inversión paciente, talento especializado, clientes dispuestos a validar la tecnología y una gran disciplina de ejecución.
ASML y la complejidad de fabricar lo casi imposible
Buena parte del webinar se apoyó en el ejemplo de ASML, la empresa neerlandesa que fabrica algunas de las máquinas más complejas y críticas para la industria global de semiconductores.
ASML es especialmente conocida por sus máquinas de litografía. Dicho de forma sencilla, la litografía permite “dibujar” estructuras diminutas sobre las obleas de silicio que después se convertirán en chips. Cuanto más avanzados son los chips, mayor precisión se necesita para realizar ese proceso.
José Bueno explicó que el salto hacia la litografía EUV -ultravioleta extrema- exigió resolver problemas físicos y tecnológicos extraordinariamente difíciles. Hubo que generar una luz con características muy específicas, conducirla dentro de un entorno de vacío, utilizar espejos de una planitud extrema y desarrollar nuevos materiales y sistemas de medición. Algunas de estas tecnologías tardaron décadas en llegar a una fase realmente industrial.
El ejemplo de ASML muestra que la innovación industrial no suele ser una historia lineal ni rápida. La tecnología EUV empezó a explorarse hace décadas, requirió inversiones multimillonarias en I+D, colaboración con clientes como Intel, TSMC y Samsung, adquisiciones estratégicas y muchos años de mejora antes de convertirse en una tecnología ampliamente utilizada en producción avanzada.
La “orquesta tecnológica” de los semiconductores
José Bueno utilizó una imagen muy útil para entender esta industria: una orquesta tecnológica.
Un chip avanzado no es el resultado del trabajo de una sola empresa. Es el producto de un ecosistema global en el que participan diseñadores, fabricantes, proveedores de materiales, empresas de software, fabricantes de equipos, centros de investigación, universidades, compañías de medición, integradores y clientes finales.
Cada actor toca una parte de la partitura. Pero para que el resultado funcione, todos deben estar coordinados.
En esa orquesta tienen un papel muy relevante centros de investigación como imec, en Bélgica; CEA-Leti, en Francia; Fraunhofer, en Alemania; o ETRI, en Corea del Sur. Estas organizaciones ayudan a conectar investigación avanzada, empresas industriales y hojas de ruta tecnológicas compartidas.
Esta colaboración no elimina la competencia. Al contrario: los semiconductores son una de las industrias más competitivas, estratégicas y protegidas del mundo. Pero precisamente por su complejidad, incluso los grandes competidores necesitan colaborar con proveedores, clientes y centros tecnológicos para hacer avanzar la frontera común.
Para Europa y España, esta idea es clave. No basta con financiar proyectos aislados. Hay que construir ecosistemas densos, con relaciones estables entre ciencia, industria, capital, talento y demanda.
Europa: fortalezas críticas, pero también dependencias
El webinar conectó directamente con una de las conclusiones del informe del Future Trends Forum: Europa tiene capacidades muy valiosas, pero también importantes dependencias.
Por un lado, Europa cuenta con fortalezas en equipos de fabricación, investigación, fotónica, electrónica de potencia, materiales, automoción, industria y tecnologías aplicadas. ASML es probablemente el ejemplo más visible de una capacidad europea crítica en la cadena global de semiconductores.
Por otro lado, Europa no domina todos los eslabones de la cadena de valor. La fabricación avanzada está muy concentrada en Asia, especialmente en Taiwán y Corea del Sur, y muchas decisiones estratégicas del sector están condicionadas por la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China.
José Bueno explicó que la industria ha pasado de una etapa dominada por la lógica puramente tecnológica y comercial a una fase en la que los semiconductores son una herramienta de poder geopolítico. La inteligencia artificial ha intensificado todavía más esa dimensión estratégica.
La conclusión es pragmática: Europa no puede hacerlo todo, pero tampoco puede quedarse al margen. Debe identificar los eslabones donde puede ser diferencial, reforzarlos y convertirlos en posiciones industriales sólidas.
Coste, energía, agua y talento: los próximos cuellos de botella
La industria de semiconductores está acostumbrada a vivir con cuellos de botella. Durante años, uno de los más visibles ha sido la capacidad de fabricar con precisión cada vez mayor. Pero José Bueno apuntó a otros retos que pueden ganar importancia en los próximos años.
El primero es el coste. Las fábricas avanzadas requieren inversiones gigantescas. Las máquinas son cada vez más complejas, los procesos más largos y la validación más exigente.
El segundo es la energía. La demanda de chips crece impulsada por la inteligencia artificial y los centros de datos, pero tanto la fabricación como el uso intensivo de computación consumen grandes cantidades de energía. La eficiencia será un factor cada vez más estratégico.
El tercero es el agua, un recurso crítico para muchas fábricas de semiconductores.
El cuarto es el talento. La industria necesita ingenieros, físicos, químicos, especialistas en materiales, expertos en software, perfiles industriales, técnicos de fabricación, gestores de producto y profesionales capaces de traducir ciencia en negocio.
En este punto, el mensaje para Europa y España es especialmente relevante. Sin talento suficiente, no hay estrategia de semiconductores creíble. Y el talento no se improvisa: se forma, se atrae, se retiene y se conecta con proyectos industriales reales.
Preguntas y respuestas: dudas clave del público
La sesión terminó con un bloque de preguntas y respuestas que permitió aterrizar algunos de los temas más relevantes para Europa, España y la industria global.
¿Existe un clúster de semiconductores en Iberia?
Su diagnóstico fue realista. España no cuenta todavía con un gran clúster semiconductor comparable a los polos más consolidados de Europa o Asia. Sin embargo, sí existen capacidades emergentes en distintos territorios: iniciativas en Madrid, Cataluña, Galicia, Valencia, Canarias y Málaga, entre otras. Mencionó ámbitos como fotónica, diseño de chips para inteligencia artificial, metrología, nuevas foundries especializadas y proyectos vinculados a colaboración público-privada.
La posible llegada de un gran hub de imec a Málaga fue señalada como un elemento que podría contribuir a articular mejor el ecosistema. También se mencionaron iniciativas como Innofab en Barcelona, capacidades en fotónica en Galicia y Valencia, empresas de diseño de chips como Openchip o Semidynamics, y el papel de la SETT como instrumento público para apoyar el crecimiento de compañías tecnológicas.
La idea de fondo es que España no necesita intentar competir de golpe en todos los segmentos. Puede encontrar oportunidades en áreas emergentes donde ya tiene capacidades y donde la cadena de valor aún se está configurando.
¿Puede surgir un competidor serio de ASML?
Una de las preguntas más interesantes del público fue si existen alternativas a ASML y cuándo podrían aparecer competidores capaces de disputarle su posición en las tecnologías más avanzadas.
José Bueno fue claro: en EUV y High-NA EUV, la distancia tecnológica de ASML frente a potenciales competidores es muy grande. Según su visión, alguien que quisiera alcanzar el punto donde ASML está hoy podría necesitar del orden de 10 a 15 años. Y aun así, ASML no se quedaría quieta durante ese tiempo.
En tecnologías menos avanzadas, como Deep UV, sí existen otros actores, entre ellos Nikon y Canon en Japón, y empresas chinas como SMEE, que trabajan en desarrollar capacidades propias. Pero en las tecnologías más críticas para la fabricación avanzada, competir frontalmente con ASML resulta extremadamente difícil.
José Bueno también mencionó que existen alternativas tecnológicas en investigación, como otros métodos de litografía basados en impresión o haces de partículas. Sin embargo, las situó en horizontes de largo plazo. Su visión personal es que, si alguna de esas tecnologías llegara a madurar, sería más probable que ASML la incorporara a su cartera mediante adquisición o integración que verla convertirse en un competidor directo a gran escala.
La conclusión es sencilla: ASML no es solo líder porque fabrique una máquina concreta, sino porque ha construido durante décadas un ecosistema de conocimiento, proveedores, patentes, clientes y experiencia industrial muy difícil de replicar.
Además de ASML, ¿qué otros cuellos de botella existen?
Otra pregunta del público fue qué otras empresas o tecnologías pueden convertirse en cuellos de botella dentro del ecosistema, dejando aparte a ASML y TSMC.
José Bueno explicó que, dependiendo de cómo evolucionen las arquitecturas de memoria y la fabricación en tres dimensiones, ciertas tecnologías de grabado –etching– podrían volverse tan críticas como la litografía en algunos procesos. También señaló los materiales como posible cuello de botella, especialmente si el silicio empieza a encontrar límites físicos y se necesitan nuevos materiales para reducir consumo o controlar mejor el comportamiento de los electrones dentro del chip.
¿Qué estrategia debería seguir Europa para ganar soberanía tecnológica?
El público también preguntó por la estrategia europea para ganar soberanía tecnológica en semiconductores.
José Bueno insistió en que esta es una carrera de largo plazo. Taiwán, Corea del Sur, Singapur o Malasia no construyeron su posición en pocos años. Lo hicieron con décadas de inversión, especialización, talento y desarrollo industrial.
Para Europa, la recomendación no es intentar dominar toda la cadena de valor, sino construir un ecosistema sólido y elegir áreas donde pueda aportar mucho valor. Entre los elementos clave mencionó la formación de talento, el crecimiento de empresas especializadas, la creación de ecosistemas alrededor de polos tecnológicos y la apuesta por tecnologías emergentes en las que Europa pueda posicionarse pronto.
Marce Cancho conectó esta idea con el informe Draghi y con la necesidad de apostar por pocas tecnologías disruptivas, en lugar de dispersar recursos en demasiados frentes. José Bueno coincidió en que este enfoque puede aplicarse tanto a Europa como a España.
¿Qué oportunidades aparecen en tecnologías emergentes?
En la conversación surgieron áreas como la fotónica integrada, el diseño de chips para inteligencia artificial y otras tecnologías que todavía están en fase de crecimiento.
José Bueno señaló que estos segmentos pueden ofrecer oportunidades porque aún no están completamente cerrados por los grandes actores globales. Para España y Europa, la clave sería entrar pronto, construir capacidades, formar talento y acompañar a las empresas durante su proceso de crecimiento.
La idea no es competir donde otros llevan treinta años de ventaja, sino encontrar las ventanas donde la tecnología está cambiando y donde una especialización inteligente puede convertirse en ventaja.
¿Tendrán relevancia los chips orgánicos flexibles?
Otra pregunta del público se centró en los chips orgánicos flexibles. José Bueno reconoció no tener una experiencia directa específica en esa tecnología, pero apuntó que podrían tener aplicaciones en ámbitos como IoT, RFID, logística, ropa conectada, trazabilidad de productos o dispositivos de bajo coste y uso específico.
Aunque no necesariamente competirían con los grandes segmentos de lógica y memoria avanzada, este tipo de chips puede abrir mercados muy distintos, más vinculados a objetos cotidianos, sensores distribuidos y aplicaciones donde el coste y la flexibilidad sean más importantes que la máxima potencia de cálculo.
La gran lección: la competitividad se construye antes de que el mercado llegue
El webinar con José Bueno deja una idea clara: en semiconductores, la ventaja competitiva no se improvisa.
Cuando una tecnología llega al mercado, muchas decisiones importantes se tomaron años antes: qué materiales usar, qué proveedores incorporar, qué talento formar, qué inversiones asumir y con qué socios colaborar.
Para Europa y España, el reto es conectar mejor las capacidades que ya existen, elegir bien las prioridades y sostenerlas en el tiempo. Hay universidades, centros tecnológicos, empresas emergentes y sectores industriales que pueden jugar un papel relevante, pero hace falta continuidad y foco.
Exdirector de Gestión de Productos en ASML